Los Papeles Olvidados es un espacio que recoge los excedentes de producción creativa de mi imaginación y que muestro como proceso final en relato, comentarios o recomendaciones. Es una forma de reflejar mi vida y mis pasiones: la literatura y la escritura, y que decido compartir con usted, contigo, con vosotros respetables y apreciables lectores. Blog abierto a la opinión, a la sugerencia, a la critica, a la creatividad.


viernes, 6 de febrero de 2009

Moraga de juventud -1ª parte-

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Para Baldur, arquitecto de una amistad en pleno desarrollo.



MORAGA DE JUVENTUD


-Parte I-
Anoche soñé que volvía al pasado, a esos años de juventud donde todavía no se es consciente de lo que depara la vida, donde lo sueños permanecen impolutos y la ganas de comerse el futuro están intactas. Contábamos los días que faltaban para que llegase el sábado, pues por la noche se celebraban fiestas en la playa, con un nombre ya atractivo de por sí: “Moraga”, palabra extraña, con sabor marinero, pero habitual entre la gente del pueblo. Estas fiestas daban comienzo al atardecer, cuando el sol pierde su fuerza para ir dejando paso a los rayos de luna que intentaban dar brillo a una noche de verano diferente. La esencia principal era asar al calor del rescoldo de un fuego hecho en la arena, sardinas que se empalan de una forma artesanal en una caña de madera que se hinca en la arena y que recibe el calor que desprende del fuego. Había fiesta para dos tipos de personas diferentes: primero estaban los padres y personas mayores que iban solo a comer las sardinas, y los más atrevidos a darse un baño en el mar al anochecer; y después estaba la juventud, que nos quedábamos hasta la madrugada e incluso hasta despuntar el alba. Una vez que la oscuridad de la noche era plena y los adultos ya no estaban, es cuando comenzaba la fiesta en sí, que tampoco era de grandes comilonas, bebidas ni nada por el estilo. Algunos litros de cerveza, algo de calimocho -la primera vez que probé esa mezcla tan diferente de líquidos me sorprendió su sabor- y cosas para picar. En un principio no éramos muchos los que íbamos a la moraga, quizás cinco o seis, aunque después iba agregándose gente conocida o de otros fuegos, pues se acercaban con cualquier excusa: bien porque les hacía falta sal, por si teníamos algo de hielo, o simplemente se acercaban al ver que había alguien tocando la guitarra. Eran noches entrañables, y más cuando recuerdo que en una noche de sábado, sin luna, con el fuego casi apagado y todos algo borrachos a causa del calimocho di mi primer beso. Nos conocíamos de ese verano y varias veces habíamos coincidido en la playa mejor dicho, en el chiringuito, a la hora de comer. Nuestras miradas se cruzaron varias veces y también se rehuyeron con algo de sonrojo. Creo que era la tercera moraga a la que yo iba, y ya sabía cómo se desarrollaban más o menos esas noches: cenar, bañarse en la playa (los más atrevidos, desnudos), beber cerveza o calimocho – bebidas que eran baratas y provocaban el efecto deseado- y, después, sentarse en la arena alrededor del fuego donde algunas veces se contaban historias, otras se seguían las canciones que se tocaban con un guitarra… Aquí dieron muchas parejas sus primeros abrazos, sus primeros besos. Cuando había alguien que se sentía atraído por la otra persona, intentaba sentarse a su lado o enfrente. Eso me ocurrió con mi primer amor, un amor de verano.
Me puse algo nervioso cuando comprobé que..
Continuará
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