Los Papeles Olvidados es un espacio que recoge los excedentes de producción creativa de mi imaginación y que muestro como proceso final en relato, comentarios o recomendaciones. Es una forma de reflejar mi vida y mis pasiones: la literatura y la escritura, y que decido compartir con usted, contigo, con vosotros respetables y apreciables lectores. Blog abierto a la opinión, a la sugerencia, a la critica, a la creatividad.


jueves, 14 de enero de 2010

Desconfianza

Si hay algo de lo que Don Esteban, profesor de literatura a punto de jubilarse y cascarrabias de por vida, se siente orgulloso es de ser desconfiado por naturaleza de todo cuanto sea posible, y él bien que se jacta de ello proclamándolo a los cuatro vientos al menor atisbo posible: “desconfío de la gente que dice tener muchos amigos, porque realmente no conocen a ninguno; desconfío de la televisión, pues intenta despistar al ser humano quien atónito, en su sofá, la mira horas y horas sin darle derecho a opinar; desconfío de la publicidad que emiten radio, prensa y demás medios de comunicación sobre rebajas, descuentos, ofertas,… todo es una conspiración encubierta para hacer gastar más dinero al ciudadano; desconfío de las películas que bajo una labor promocional con crítica incluida las catalogaban de éxito seguro. Desconfío de los bancos pues son unos ladrones consentidos por el gobierno;…“.

Desconfiaba de tantas cosas que… ni él mismo sabía.

Pero en las Navidades que días atrás finalizaron, su nuera, -cuya relación no era todo lo agradable que podía ser- llevada más por las obligaciones diplomáticas que conlleva el intercambio de regalos por Reyes, le obsequió con un libro de mucho éxito en esta temporada y con un grosor considerable, y que a ella le habían regalado previamente y no pensaba leer.

Para Don Esteban, la literatura era lo único que merecía un margen benévolo respecto a crítica y desconfianza, aunque no estaba exenta del todo. Con el libro en las manos que su odiada nuera le había regalo, criticó que era literatura barata, la cual no merecía atención alguna por su parte, por mucho que el título fuese raro o llamativo “los hombres que no amaban a las mujeres” de un autor de nombre impronunciable Stieg Larson. La muchacha famélica de la portada no le provocaba curiosidad para coger el libro sino todo lo contrario, por lo que optó por dejarlo en un estante de la librería de su despacho, con la esperanza de que cayese pronto en el olvido.

Al llegar a casa hoy procedente de la Universidad, Don Esteban venía dándole vueltas a la cabeza, pues se ha encontrado a cantidad de gente leyendo en el transporte público el libro de la muchacha anoréxica roja en la portada. Fue hacia su despacho para echarle un vistazo, ya que realmente no lo había mirado detenidamente, porque viniendo de la arpía de su nuera nada bueno podía esperarse. Comenzó a leer la primera página de pie, pues solamente iba a hojearlo, pero quedó atrapado en ella. Con la vista fija en el libro anduvo unos cuantos pasos para poder sentarse y así leer algo más cómodo. El capitulo primero le produjo curiosidad, el segundo tuvo que dejarlo casi al final, por que su esposa vino a reclamarle para la cena, a la cual accedió ir, previa discusión con ella al sacarle de la lectura.

Don Esteban se llevó el libro a la cama, que tuvo que dejar por que doña Frasquita, su mujer, le obligó a apagar la luz. Cuando quiso darse cuenta, llevaba la mitad del libro leído. Le habían engañado, el jamás hubiese comenzado a leer un libro así, con una trama elaborada de antemano, con los detalles medidos y personajes creados milimétricamente para dar suspense al lector. Desarrollada en un país nordico del cual solamente se conocen los muebles de IKEA, la ceremonia de los premios Nobel y por las mujeres de pelo rubio que Alfredo Landa tan famosas hizo en su momento en las películas de los años 60. Se sentía estafado por su nuera, que era muy astuta pues se había llevado a su hijo de forma engañosa y ahora la había tomado con él obligándole a leer literatura barata. No obstante, a la vez que despotricaba sobre ella seguía consumiendo páginas del libro. Cuando quiso darse cuenta estaba en las últimas páginas de la novela. La había acabado en dos días. Maldita mujer, mira que hacerle perder el tiempo de esa forma, con esta clase de libros. Con esta manera de escribir la juventud no aprendía, deben de fijarse en los clásicos para saber escribir y saber lo que era buena literatura.

Hoy, Don Esteban, probablemente, llegue algo más tarde a casa por que al salir del trabajo se ha desviado un poco del camino habitual. Se ha parado en El Corte Inglés para comprar, de forma casi escondida, la segunda parte de la Trilogía Millenium.
Miguel

3 comentarios:

Salva Marín dijo...

... me suena. Diría que es una forma de "cómo pasar una opinión personal a estilo novelado".
No creía yo que fueras un cascarrabias. :-p

Loli dijo...

Buen relato Miguel.

Abrazos
L;)

Miguel dijo...

No hay que confundir protágonistas con autor, Salvi. Aunque... Tan cascarrabias me ves? Ja,ja,ja

Ya sabía yo, Loli, que te gustaba este relato.