6/01/2024

El buen nombre, Jhumpa Lahiri: la emigración de los sentimientos



Hay escritores que dejan de serlo cuando cesan de escribir en la lengua que los consagró. Jhumpa Lahiri es uno de ellos. Promesa narrativa desde que publicó El intérprete del dolor en el año 2000 al que seguiría la novela que justifica estas líneas El buen nombre en 2003, a partir de que la escritora, de ascendencia bengalí aunque nacida en Inglaterra, decidió hacerlo en italiano ha perdido toda la calidad que contenía sus narraciones. 

Aquí nos encontramos el contraste entre dos culturas, teniendo como punto de desarrollo la vida de una familia de origen indio emigrados a Estados Unidos y el choque cultural que representan. A partir de un accidente en un tren y como homenaje a Gogol, uno de los grandes escritores rusos del siglo XIX, Lahiri narra desde el inicio de un matrimonio concertado las dos vidas: la del matrimonio, dos desconocidos aprendiendo a vivir juntos, y por otro lado, la convivencia que resulta de aprender a vivir en Estados Unidos, país carente de un acervo cultural, sin perder el nexo en la raíz del país de origen. 

Jhumpa Lahiri maneja con minuciosidad los sentimientos y las consecuencias que provoca la emigración y ese intento de querer mantener viva la tradición cultural en el nuevo destino. Es una historia muy equilibrada donde deja al descubierto las carencias y las virtudes de los focos culturales, India y Estados Unidos. Lo fácil que es para uno despegarse de la tradición, ya que no la ha tenido mientras que para otros es un verdadero sacrilegio. Es una historia que avanza junto a la tecnología, factor que hoy hace que la novela haya perdido un poco de vigencia, pues si hay algo que los emigrantes llevan entre sus escasas pertenencias es un teléfono inteligente o smartphone para contar cada momento de su nueva vida o situación. Sin embargo, conserva ese valor arqueológico narrativo cuando se usaba el teléfono de línea y las noticias tardaban en llegar, lo cual a su vez le confiere un poso de estabilidad narrativa para degustar la historia y detallar cada momento que va acompañado con un mosaico de sentimientos, tantos nuevos como tradicionales. 

Algo que permite la novela es disfrutar de esos momentos íntimos de una familia donde se intenta recrear los vínculos que forman su cultura. Es una familia que busca ser una familia. Vemos cómo hay una tradición para nominar al primogénito; las opíparas comidas y su importancia o significado social; el papel de cada uno de los miembros de la familia; Los Beatles; la maternidad; el trabajo entre un nativo y un emigrante; etc. 

Los protagonistas rompen una tradición sin ser consciente de ello para sobrevivir en un país que les acoge con más o menos interrogantes, pero dispuesto a darle un cobijo sin comodidades en primera instancia. La historia desnuda a la tradición ante los miedos que provoca el futuro y sobre todo a los personajes femeninos sometidos al patriarcado y cuya misión ha sido sostener el hogar. El título de la novela hace justicia al accidente ferroviario que pone en marcha la novela y muestra una amalgama de sensaciones culturales que no dejan indiferentes. 

Son cuatro títulos los que intentan consagrar a Jhumpa Lahiri como una de las grandes escritoras del siglo XXI escritos en lengua inglesa. Además de los dos citados antes están La hondonada y Tierra desacostumbrada, sin ningún desperdicio narrativo. Ojalá recapacite y vuelva a escribir en su lengua materna. Describir los sentimientos que provocan la emigración sin caer en tremendismos o banalidades no es fácil y ella sabe narrarlo de forma magistral. 

© Miguel Urda Ruiz

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5/25/2024

Yoga, de Emmanuel Carrére: una opción más de la vida




Apartemos la primera imagen o pensamiento que nos venga a la cabeza al leer la palabra Yoga como título en una novela del escritor francés, Emmanuel Carrére. No es un tratado ni una crítica sobre la práctica de dicha disciplina milenaria, es una historia que narra un momento de la vida de un escritor en la etapa considerada por la sociedad como madura, donde expone sus manías obsesiones, preocupaciones, etc. Es decir, que muestra que en el fondo –o no tanto– un escritor es como usted lector o como yo.

Dividida en tres partes, que pueden leerse de forma individual, están imbricadas entre sí para dar cohesión al momento personal que el escritor parisino quiere reflejar en sus páginas. En la primera, nos cuenta cómo es un retiro de yoga durante diez días y que debido al atentado que sufrió la revista satírica Charlie Hebdo, no pudo completar al ser querido para informar sobre lo allí acontecido. Los horarios, la comida, el alojamiento, como son los otros integrantes, los juicios que uno puede emitir sobre tu compañero de habitación, (¿cómo nos verá nuestro compañero? ¿nos verá cómo yo le veo?) Expone de forma pública lo que ocurre allí dentro, donde no hay una jerarquía de clases ni de privilegios. Eres tú, con tu esterilla, tu zafu, tu flexibilidad, con las instrucciones del monitor en voz baja para no distraer al silencio, con las preguntas sobre qué hago aquí, e incluso cuestionarse si debo de irme o no. En la segunda parte nos habla de su experiencia en un psiquiátrico dado su intento de suicido y el trastorno bipolar que padece; en la tercera la convivencia con unos niños exiliados de su patria, Afganistán, en Leros, en el archipiélago Egeo, donde muestra su vida acomodada contra los que no tienen nada, y único motivo para sobrevivir es tener un móvil de última generación para comunicarse con la matriz familiar en su país. 

Sin ser una novela al uso ni una autobiografía, el escritor francés conjuga a la perfección esa mezcla de géneros bajo la denominación de autoficción que capta al lector desde sus primeras páginas. Le permite ver su desnudez interna, cómo baja a los infiernos en un psiquiátrico y cuestiona que es tener todo cuando sobra y falta un motivo para vivir, incluso nos da una lección de cómo se hace el amor. Todos estos elementos forman parte de una narración que no defrauda y que él sabe manejar muy bien. Bajo esa denominación de realidad/ficción deja abierta las puertas a la duda de lo que sí está contando es verdad o no, pero sin apartarse de la connotación de que la vida es real, haciendo constar que hoy en día, en una sociedad copada por los avances tecnológicos, nos olvidamos de los sentimientos más básicos y que el verdadero fin del hombre es sobrevivir, sea un escritor, un lector, o un refugiado.

© Miguel Urda Ruiz

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5/19/2024

Los senderos del mar, María Belmonte: el despertar de la curiosidad




Suele suceder que lo más cercano a nosotros sea lo más desconocido. Esto es lo que plantea María Belmonte en Los senderos del mar realizar un viaje a pie por la zona de donde ella es originaria para conocerla con más detalle. Plasma este recorrido haciendo uso de un género literario que está muy en boga en nuestro país, aunque no es algo nuevo, el nature writing, dónde compagina el libro de viajes, la autobiografía y algo de ensayo, por lo que se puede decir que es una guía de viajes sin serlo, pero escrita por las manos de una escritora en este caso.

La autora hace un viaje, de forma intermitente, por la zona vasco-francesa, que inicia en Bayona y acaba en la playa de Zumarraga. Se acompaña de una mochila y ninguna responsabilidad que le obligue a hacer tal o cual itinerario. Nos va mostrando su recorrido estructurado en una serie de etapas programadas, de una forma somera, permitiéndo el capricho –improvisar en los viajes organizados es toda una osadía– de modificarlo o apartarse de lo planificado cuando lo requiera la ocasión.

Nos descubre lugares con una mirada a veces nostálgica, a veces curiosa y a veces intelectual. Transita por zonas que no están recogidas en las guías de viajes y que merece la pena visitar. La autora bilbaína hace referencias a la mitología, la pesca de la ballena, asentamiento de la zona como lugar de vacaciones de la burguesía, las mareas, personajes, etc. No obstante, hay momentos dónde el libro se hace demasiado geológico y a veces se excede con la minuciosidad de los datos históricos que va enumerando, que apartan la mirada del viaje inicial y con ello no quiero decir que no esté bien ampliado el conocimiento sobre el terreno, pero lo bueno ya se sabe que siempre debe ser breve.

Aunque Belmonte viaja sola, se acompañada de un equipo logístico puntual, ya sea a través de amigos, o amigos de sus amigos, que cumplen la misión informativa del momento y que le permiten visitar playas antes de que las mareas las invadan; de ver atardeceres en lugares estratégicos sin estar ocupados por turistas. Hace un repaso histórico sobre la zona que deja ver, el porqué de la importancia de la zona en el pasado y del que hoy casi que vive de espaldas a ello. Solo las personas curiosas e inquietas infieren lo mucho que el tiempo del ayer, puede repercutir en el presente. Es por ello, que todo esto, acompañado de pensamientos, reflexiones, de querer profundizar en sus raíces sin caer en la niñería que a veces trae consigo la nostalgia sirve para consolidar su pasión viajera y sobre todo el querer compartirla.

El libro publicado por la editorial Acantilado no defrauda, sino que incita a programar ese viaje para tus próximas vacaciones o para un futuro no muy lejano, ya sea recorriendo el mismo itinerario o diseccionando por zonas.

© Miguel Urda Ruiz

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5/13/2024

Canción dulce, Leila Slimani: una oportunidad perdida



De aquellas aguas quedarán estos lodos y esto es, lo que le viene ocurriendo a cierta literatura francesa, de que sobrevive gracias a base de unos ingredientes que en su día fueron elementos esenciales. El bebé ha muerto, así comienza la novela Canción dulce de Leila Slimani. ¿A qué me remite está frase? lo cual ya hace plantearse si la narración estará impregnada de Camus o se tratará de una simple coincidencia.

La autora, de origen magrebí, comienza la historia en alto –que bien usado es algo muy lícito–, destripando el final por lo que ya podemos hacernos una idea de lo que puede ocurrir a continuación y que, en mi opinión, elimina cualquier atisbo de asombro, lo que provoca una caída vertiginosa en la tensión de la historia, y por lo tanto, en su atractivo para un lector consumado o no. La pericia del escritor radica en los ingredientes que emplea para la creación de una historia y cómo los utiliza.  Que una persona –una niñera en este caso– entre en la vida de un joven matrimonio –los Massé– y ello trastoque los cimientos de lo establecido no es nuevo, es necesario saber, qué dientes se manejan para resquebrajar o que pegamento usar para fortalecer relación.

Slimani, aborda temas muy en boga, y en cierta medida, espinosos para la actual sociedad parisina –y la no tan parisina–, pero considero que hay que ser valiente a la hora de escribir y no quedarse en la superficie. ¡Qué no sabemos de lo que se cuenta allí! Desaprovecha las relaciones sociales que se establecen a través del eje matrimonial y de los protagonistas, la infancia, la huida -consciente o inconsciente–, los problemas de conciliación familiar, las dificultades en los mundos laborales. Deja bastante patente que hay un trueque social, y no por ello desprovisto de cierto racismo a la hora de contratar niñeras o personal de segunda categoría como lo consideran ya que no son franceses. Aspectos como las relaciones que se establecen en el mercado de sirvientas o niñeras y que tiene su epicentro en un parque cercano; como el hecho de ver como en la escuela tan solo haya un niño de origen francés, es decir, blanco y los demás sean todos emigrantes; mostrar el escaparate cultural de París desde la mirada que tendría turista avezado que lo observa todo.  Son aristas presente en la novela, pero sin mojarse en nada.

Al acabar la novela queda la sensación de que la autora ha querido reflejar que tiene un bagaje literario, el ya citado Camus y Carreré (El adversario, idéntico inicio) y tal vez haya una influencia directa a Magda Szabo y a Emerenc, la criada de La puerta. Leila Slimani, se queda en el intento de que sabe escribir, pero la cuestión es cómo traspasar al papel lo que sabe sin que se note.

Punto y aparte sería la cuestión de si es merecedora del Premio Goncourt en el año 2016, pues desde mi punto de vista, su calidad narrativa parece una ofensa a autores consagrados como Proust, Duras, Maalouf e incluso el cuestionado Houllebecq, pero si un jurado de tanto prestigio la ha otorgado dicho premio por algo será, que mi yo lector no ha logrado descifrar.

© Miguel Urda Ruiz

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5/07/2024

Isla: todos los cuentos, Alistair MacLeod; la necesidad de tener una vida





Alistair MacLeod es un autor prácticamente desconocido en nuestro país. Nacido en North Battleford, Canadá, en 1936, tiene una obra narrativa breve, pero que está a la altura de otros autores canadienses como puede ser Margaret Atwood o Michael Ondatjee, solamente le falta una buena campaña de difusión. De origen humilde y autodidacta, trabajó como minero, leñador, pescador y granjero. Estas profesiones tendrán un valor añadido muy destacado en su narrativa. Tenía la costumbre de escribir a mano y pasar sus veranos en una cabaña, en lo alto de un acantilado y sin electricidad ni agua corriente. 

Isla: todos los cuentos, publicado por RBA, es un libro recopilatorio de dieciséis relatos que abarca desde 1968 hasta 1999. Una crónica que nos aparta de la imagen idílica del Canadá, de los folletos turísticos o programas de viaje y que aún no había sido invadida por el turismo masificado. En él encontramos una narrativa desnuda que, de forma hipnótica, nos introduce en historias simples, con las que nos podríamos identificar fácilmente aunque ello conlleve una carga de nostalgia inconformista.

Cabo Bretón, es el eje territorial de la acción de sus protagonistas, un lugar que en la época estival alcanza una temperatura máxima de 20º. En estos parajes con una naturaleza virgen, abrupta, agresiva, bella, maldita y rencorosa nos muestra a través de sus personajes –casi todos inmigrantes– que aceptan las profesiones que les otorga el territorio, sin cuestionarse si son adecuados para su desempeño o no: pescadores de langosta, madereros, mineros, fareros... Todos llegados para comenzar a construir una nueva vida, que camufla una identidad perdida. Esto provoca una huida hacia su encuentro incierto de no saber que dejando al descubierto los sentimientos o emociones que conforman la condición humana están implícitos en cualquier lugar donde se encuentre el hombre.

Adentrarse en la prosa del autor canadiense supone destacar la supervivencia del ser humano en una tierra donde las condiciones de vida son extremas "Nadie dijo que la vida tuviera que ser fácil. Sólo hay que vivirla" y auscultar la parte escondida del alma. Hay que volver a respirar cuando se acaba de leer cada uno de los relatos, porque recoge la enseñanza cuando el camino no está trazado, cuando se busca un motivo para vivir y para saber quién es y cuando la naturaleza es el rival más mortífero, pero a la vez el aliado más inesperado. Lo que conlleva a cuestionar si esa lucha entre la naturaleza y el hombre o viceversa habrá un ganador o existe una posibilidad de quedar en tablas, porque no hay que olvidar que el hombre es  homo homini lupus.

© Miguel Urda Ruiz

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5/02/2024

El lugar, Annie Ernaux: un contrapunto social




Algo que está haciendo últimamente la concesión del Premio Nobel de Literatura es dar a conocer nuevos autores al gran público lector (Abdulrazak Gurnah 2021, Louise E. Glück, 2020, Jon Fosse 2023). Asumo mi culpa e ignorancia: Annie Ernaux era una gran desconocida para mí hasta que la Academia Sueca la elevó a la categoría de escritoras consagradas. Tras devorar El lugar y tal vez siendo muy precipitado opinar con haber leído solo esta novela, considero que el premio es acertado. 

Ernaux, es una autora consolidada en Francia con una larga trayectoria profesional, basada en escribir novelas breves con toque autobiográfico, pero con una prosa afilada, lacerante que va al grano de lo que quiere contar y no se anda con adornos superficiales narrativos

La novela aquí reseñada, escrita de forma secuencial, abarca un periodo desde la Primera Guerra Mundial hasta los años sesenta, donde ya está asentada la clase media francesa, que tuvo su auge después de la Segunda Guerra Mundial. A través de la mirada de una profesora narra cómo fue la vida de su padre, que era analfabeto y considerado una persona inferior, la relación con él y los diferentes puntos de vista que otorgan los cambios generacionales. Acude a la esencia de la vida (y de la narración) sin dar rodeos o palabras huecas, y como a veces el dolor personal tiene que ser relegado porque hay obligaciones que atender. Es el reflejo de la sociedad o estado del bienestar, y que poco a poco fue apartando esa mirada de culpabilidad sobre el analfabeto, solo que se obvia algo tan importante como que este sepa leer en su propio argot, idioma o medio de trabajo y de ahí que la protagonista quiera optar por dedicarse a la enseñanza. Para ajustar cuentas con la sociedad y con su padre. 

La autora establece los límites que marcan un estatus social para sobrevivir a las miradas ajenas y cómo Francia se lamió las heridas provocadas por la Segunda Guerra Mundial. Deja al descubierto la condición femenina y muestra cómo la hija consigue mucho de lo que el padre no pudo conseguir. Lo que desemboca en un ascenso social en su familia y que tiene un lugar para definir a la persona, para crecer y para ser alguien en la sociedad. 

Las editoriales Tusquets y Cabaret Voltaire tienen mucho trabajo pendiente para ponernos al día de toda la narración de Ernaux. El cuchillo para cercenar la sociedad siempre tiene que estar muy bien afilado. 

© Miguel Urda Ruiz

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4/27/2024

De mar a mar, R. Chacel- A. María Moix: el sentimiento de una admiración



La distancia, a veces, es el refugio de la soledad, en este caso compartida a través de la escritura. Bajo el título De mar a mar, la editorial Comba recoge una nutrida correspondencia entre Rosa Chacel y Ana María Moix, comenzada por esta última en 1965 dada la admiración que sentía por la autora vallisoletana. 

A través de las sucesivas cartas descubrimos dos personalidades muy distintas: Moix, una joven estudiante en los primeros años de Universidad, mientras que Chacel es ya una mujer curtida en la vida y víctima del exilio. Sin ningún tipo de reparos cuentan lo que quieren contar, aunque a veces, confiadas en la intimidad que les confiere esta relación epistolar, tal vez abusen de cierto tono empalagoso que les provoca la nostalgia, la distancia y la admiración recíproca. Sin embargo, la calidad y extensión de la prosa de ambas, difiere mucho. Nos encontramos con una Rosa Chacel que parece ejercer de madre (confesora, preguntona...) y por otra parte de la joven catalana, que busca un referente a seguir. 

Dos contrapuntos entre dos mujeres que a su vez muestran el vivir de cada día, así como la cotidianidad de dos países: España y Brasil. Por un lado nos encontramos con la represión estudiantil; la dificultad para publicar dada la censura existente, y que se encontraba en su mayor apogeo; los miedos que provocaba la juventud; el grupo de amigos –y que se consolidarán como una generación de grandes literatos en la España postfranquista–. Mientras que por otro está la poca repercusión de una autora consolidada en su país; el miedo a escribir o mejor dicho el miedo afrontar la escritura de una novela y como se debe abordar su escritura; la situación del exiliado, el cine, la quebradiza salud de A. Moix; los consejos de la vida, el cine, París, el mar... Temas que pueden parecer simples o comunes, pero que no son ajenos a la vida cotidiana. Y sobre todo cuando la distancia provoca ansias de noticias.

Es un libro que permite reflexionar sobre la amistad. ¿hay que conocerse en persona para ser amigos? ¿Cuándo se acaba una amistad? ¿Se vuelve a ser amigos después de un silencio o una ruptura? La correspondencia acaba de forma abrupta en 1975 quedando más dilatado el intercambio de epístolas conforme transcurren los años y que deja en el aire si las dos mujeres llegaron a conocerse en persona o no. Quedan las ganas de saber más de cada autora e incluso de adentrarse por separado en el mundo narrativo de cada una de ellas. 

© Miguel Urda Ruiz

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4/21/2024

La casa de las bellas durmientes, Y. Kawabata: una tradición al descubierto



En el argumento de la novela La casa de las bellas durmientes, del Premio Nobel, Yasunari Kawabata, nos encontramos que hombres en edad madura acuden a una casa para tener encuentros con chicas a las que previamente sedan o duermen. En esta historia, el protagonista, es el anciano Eguchi, quién a través de las cinco visitas que realiza a esta casa, escudriñamos cómo desviste toda su sexualidad hasta llegar al seno materno, pero unido a los sentimientos que le provoca contemplar a la chica dormida. 

Una historia que nos puede parecer original, pero que sobre todo muestra un valor antropológico. Kawabata pone al descubierto una costumbre y una práctica en su esencia y arraigada durante siglos. Esto lleva al lector a lanzar preguntas subliminales y lo hace cómplice de la historia, como por ejemplo ¿cómo duermen a la chica? ¿es con su consentimiento o con el de la familia? ¿pervive en la actualidad esa tradición? Dentro de la narración, el escritor Nobel muestra que, desde los albores de las sociedades, el individuo siente interés –y continúa sin perder un ápice de vigencia– por el paso del tiempo, la dicotomía entre belleza y decadencia, el cuerpo como objeto de deseo, por citar algunos temas que son el hilo conductor de esta historia. También hay un atisbo de romper lo establecido, con la tradición cultural. Eguchi quiere saber más sobre estas muchachas e intenta traspasar la frontera de lo pactado con la dueña de la casa. 

El protagonista, llegado un momento, nos da lástima y queremos entrar en las páginas de la novela para estar a su lado, consolarle y hacerle partícipe de que, lo que le ocurre, no es tan ajeno a cualquier hombre (persona). Todos tenemos miedo –o por lo menos es una emoción que nos atrapa alguna que otra vez. Temas que nos pueden inquietar tales como el paso del tiempo; el punto de vista de la sexualidad desde cada etapa de la vida; la contemplación de un cuerpo femenino en edad casi núbil; como es usada a la mujer en determinadas situaciones…, por citar algunos temas que toca el autor japonés.

Es una novela breve, ideal para leer en una tarde donde no se sabe qué hacer o qué leer, porque no defraudará –las joyas literarias difícilmente defraudan–. Todo lo contrario, deja una arista de inconformismo en el lector, al hacerlo conocedor de una cara peculiar más del país del sol naciente, pero con una narrativa que al acabar termina arrancando una sonrisa y sin cámara de fotos. 

© Miguel Urda Ruiz

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4/14/2024

Los extravíos del colegial Törles, Robert Musil: la finalidad de una educación

 



Novela con toque autobiográfico que cuenta la estancia del joven Törless en un internado  considerada como novela de formación dentro de la tradición literaria.. Musil acude a ello para despojar de cualquier elemento superfluo sobre la educación, dado que son los valores que se le impregnan al individuo para convertirlo como tal.

La historia comienza con la despedida de la madre del alumno en la puerta del colegio. A partir de ahí el lector es testigo como el protagonista debe de enfrentarse a un mundo nuevo y para nada idílico. Motivado por un robo por parte de otro alumno Törless es testigo de la humillación perpetrada por otros dos alumnos a un tercero al que chantajean para evitar ser castigado por las autoridades del colegio. Esta situación, causada por las pretensiones de expiar la culpa por parte del alumno infractor, provoca una serie de reacciones que transmiten al lector y comparten con él cuestiones que el escritor camufla en su narrativa bajo la premisa ideología de Kant. Interrogantes sobre si el ser humano tiene límites, hasta dónde puede llegar o dejarse someter circulan por la novela. Así como si el conocimiento del hombre es un aprendizaje para poder pensar por sí mismo, reflejados en aspectos tales como las diatribas de voluntad/deber; sumisión/gozo; violencia/paz, o la aceptación o no, de cada elemento para condicionar al ser humano y formarlo como persona, que es el quid del asunto y que lleva aparejado el sintagma de la educación y por lo tanto cuestiona si el hombre es el resultado de la educación recibida.

El título de la novela, Los extravíos del colegial Törless, tiene dificultades para su traducción encontrándose dos opciones: extravíos o tribulaciones, en ambos casos da igual la palabra que se use pues remite a algo que la sociedad no permite y que rompe sus reglas, lo cual se recoge en la simbiosis de la novela. Al mostrar al público lo que ocurre tras las cortinas de un escenario llamado educación y cuyo espectador es la sociedad. Robert Musil deja al descubierto que el ser humano no es lo que parece y que puede verse con más exactitud en su inacabada obra El hombre sin atributos.

© Miguel Urda Ruiz

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4/04/2024

La sibila, Agustina Bessa-Luís: una oposición a la costumbre


La editorial sevillana Athenaica está reeditando la trilogía El principio de la incertidumbre de la autora Agustina Bessa-Luís, dama por excelencia de las letras portuguesas. Ha comenzado esta reedición por Joya de familia. Aunque la autora pueda parecer nueva en nuestro país, no lo es dado que la editorial Alfaguara publicó en 1981 su novela La sibila, que cayó en un prolongado olvido demasiado pronto.

¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente cuando leemos la palabra sibila? Mundo clásico, astucia e intuición, podría ser la respuesta, pero, en cierta medida, la obra de Agustina Bessa Luís, nos despoja de esa mirada clásica para reinterpretarla sin apartarse del concepto que tenemos de dicha palabra. Una mujer que es capaz de ver más allá de la tradición y las convenciones sin permanecer estática ante los acontecimientos.

La sibila cuenta la historia de una familia burguesa, los Teixeira, durante tres generaciones, desde el segundo tercio del siglo XIX a la segunda década del siglo XX. Deja al descubierto la condición de la mujer en el mundo rural y la falta de expectativas de futuro que tienen. Sometida al universo masculino, intenta sobrevivir, tener vida propia y luchar contra lo establecido; abrir una grieta en la tradición mantenida por el intocable patriarcado durante siglos y hacerse un hueco en la sociedad. No es una novela que muestre una conciencia feminista plena, sino que quiere dar visibilidad a unas mujeres cansadas de desempeñar un papel secundario en la sociedad, la familia y todo lo que respecta a su posición respecto al hombre, pero bajo el cual subyace el deseo de vivir con dignidad, o mejor dicho, con la categoría de ser humano. 

Una obra con referencias a la Biblia –sin abusar de ella–, al porvenir, incluso hay atisbos de que la felicidad se puede conseguir y adentrarse en sus páginas supone conocer un mundo nuevo íntimo femenino y a la vez diferente, pero que está lleno de recovecos  que postulan su calidad narrativa. A través de su prosa  intenta renovar o incitar a la sociedad al cambio.

Es una novela que no deja indiferente al lector y que tras una lectura ávida, ya que la narración o las ansias de querer saber lo exigen induce a dejar un hueco en la estantería de libros pendientes para una segunda lectura, para disfrutarla, aprenderla y degustar.

Así es Agustina Bessa- Luis. 

Así es La sibila.

Así es la buena literatura. 

© Miguel Urda Ruiz

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3/26/2024

Pabellón de reposo, Camilo José Cela: la vida solo es tiempo




Una cosa está clara, Camilo José Cela es un autor que fue reconocido, odiado, a la vez que admirado y puede decirse que hoy en día está olvidado e infravalorado. Acabó sus días convertido en un personaje de las revistas del corazón que desvalorizó su obra a favor de la crónica rosa, pero cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio por algo sería. Esto esclarece gran parte de las posibles conjeturas sobre su trayectoria literaria. Prueba de ello, es la novela aquí referida:Pabellón de reposo.

"Es un libro difícil de clasificar" y no le falta razón. Lo advierte el propio autor en una nota al comienzo de la novela que a veces parece que no lo es, y uno no puede  dejar de asombrarse de lo que cuenta y cómo lo cuenta. La historia toca dos temas que hacen pupa al lector: el tiempo y los manicomios o sanatorios de enfermos –término más eufemístico o elegante para la sociedad del momento de su publicación– que lleva implícito la cuestión de ¿qué hacer con los desechos humanos de la sociedad? Sin tener un argumento clásico que lleve implícita la evolución de un personaje a través del conflicto. Cela, recurre a la novela de sanatorios (Solzhenitsyn, Blai Bonet, Mann) para hablar del tiempo, dónde este será el mayor aliado, pero a la vez el mayor enemigo. El tiempo, que agota una vida; el tiempo, para quién espera recuperar la vida.

No existe una preocupación estética por la novela o por lo menos no lo demuestra, sino que se lanza a un abismo narrativo y casi inconexo entre un capítulo y otro; personajes sin nombres y referidos siempre por el número de habitación; hay momentos en que cuesta seguir el hilo narrativo, pero sin optar nunca por la opción de dejar su lectura. Los enfermos/habitantes hablan del amor, de la poesía, de la belleza, de la familia, la nostalgia, la muerte, en definitiva, de la vida.

Publicada por entregas semanales en el diario El Español en 1943, el autor interrumpe su escritura para hacer una aclaración, sobre la forma de encarar la historia y las enfermedades que en ella se cuentan. Tuvo quejas sobre la manera de narrar las enfermedades y mostrar a los enfermos y en la posible repercusión sobre la sociedad por describir una realidad tan dura. Tras lo que consideró una necesaria justificación, retomó la novela y su publicación.

Pabellón de reposo no es una de las novelas más reconocidas del autor coruñés, sino todo lo contrario, queda relegada para lectores reductos o acólitos del autor, o que busquen leer obras que la crítica –que suele ser caprichosa y temporal– desecha. Cela es más que una colmena, una familia o un viaje. Es parte de la historia de la literatura española. La novela aquí reseñada lo constata. No es apta para todos lectores, pero muestra una realidad social que sirve como ejemplo de referencia para aprender a escribir y a ver que el tiempo no es otra cosa que tiempo.

Llegará un momento en que la obra de Camilo José Cela sea recuperada de su hibernación por una editorial osada, curiosa y atrevida y vuelva a ocupar el lugar o sitio que le corresponde dentro de la literatura española.

© Miguel Urda Ruiz

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3/23/2024

La vida material, Marguerite Duras: una vida, a pesar de todo


¿Qué aspectos definen a un escritor? ¿Es un escritor una persona atípica? ¿Cómo vive un escritor? Estas preguntas podrían sintetizar el argumento del libro La vida material de Marguerite Duras y que más de una vez el lector se ha podido formular de forma directa o indirecta.

La autora, de agrio y fuerte carácter así como de difícil accesibilidad, confirmado ella misma, nos presenta un libro abierto que recoge una serie de conversaciones mantenidas con Jerôme Beaujour que tal y como refleja en el prólogo no tiene principio ni fin, pero sí consta de un hilo narrativo: la vida y los pensamientos de una escritora definida por sus propias palabras. En sus páginas Marguerite Duras habla sin miedo, sin rodeos y de forma precisa a su interlocutor –que en el fondo es el lector– sobre los temas que han vertebrado su vida y que contextualizan su narrativa: la soledad, el alcohol, la homosexualidad, el amor/desamor, del conflicto materno, del desarraigo, del cine, de las novelas...Temas que permiten comprender el foso que ella misma abrió entre su carácter público y privado para mantener alejadas a miradas curiosas y que consolidan su forma de escribir.

Es un libro extraño y peculiar, pero a la vez sugerente a pesar de que la escritura de la autora no siempre es de fácil lectura, –cosa que ella misma tampoco quiere que lo sea– en ciento cincuenta y cinco páginas mantiene el mismo tono que toda su prosa, es decir, escueta, incisiva y cautivadora lo que deja de manifiesto que su calidad literaria va más allá de escribir historias.

Salir de las novelas de Duras para entrar en su vida personal supone arriesgarse a saltar el abismo que sobre ella existe y que puede provocar muchos más interrogantes de los que ya hay sobre ella, lo cual se traduce en el atractivo de conocer las entrañas de un sentimiento y por lo tanto de una persona. En definitiva, no es un libro que falla al lector ni que pasa de puntillas o desapercibido en su lectura, sino que permite acercarse a la protagonista de una vida cuya eje principal fue escribir, escribir y escribir, característica que define a un escritor. Y a pesar de todo, tuvo una vida.

© Miguel Urda Ruiz

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3/18/2024

Ante el dolor de los demás, Susan Sontag: la fotografía como espectáculo

 




¿Qué se siente ante el dolor? ¿Qué se siente ante un dolor ajeno reflejado en una fotografía? ¿Qué se siente cuando nos habituamos a contemplar el dolor? Estos interrogantes pueden ser la premisa bajo la cual Susan Sontag escribe el ensayo Ante el dolor de los demás. Mostrar el sentir del dolor humano a través de la imagen y su significado o repercusión en la sociedad.

Escrito en el año 2003, bajo el rescoldo que supuso a nivel informativo el atentado de las Torres Gemelas en New York, Susan Sontag aborda sin ningún tipo de pudor lo que supone el hecho de que estemos acostumbrados a ver el sufrimiento en los medios de comunicación. Internet no tenía el alcance avasallador y opresivo que tiene hoy en día, pero el avance de las tecnologías y la asistencia como espectador abducido por cualquier red social hace replantearse o quizás escudriñar de nuevo, todos los enfoques que supuso dicha publicación y Sontag lo constata aportando su visión sobre lo que supone el mostrar sin pudor de los demás en los medios de comunicación, que en el fondo son grandes empresas económicas, para conseguir y ofrecer la mayor tajada del espectáculo y tener la sociedad "adormilada".

La autora apela al lenguaje de la fotografía desde su origen y que debe ser uno solo. Una imagen cuenta la historia con su propia idiosincrasia sin tener que agregarle un título o un pie. Habla de la guerra y lo que supone para las diferentes partes el uso de la fotografía. Para vencedores y vencidos. Todos usan como arma arrojadiza o comunicativa. Cómo ella lo deja entrever para que sea el lector quién lo responda. A su vez habla de su manipulación, de si es ético o no; de cómo veríamos una guerra sin fotografías o si la veríamos más cruenta de lo que ya es por sí misma. ¿Debe de educar la fotografía? ¿Tiene que mostrar la realidad como es o solo una parte? ¿Qué parte mostrar? Los buenos enseñan a los malos para que vean como son los malos y viceversa, los malos enseñan a los buenos para que miren lo que hacen. Todo ello bajo la exposición continua del dolor, es decir, habituar al lector/espectador a ver el dolor de forma continua.

En su forma estilística está escrito como si fuese un diafragma fotográfico, comienza hablando de las primeras cámaras y fotografías a finales del siglo XIX hasta llegar al cierre del objetivo que lo deposita en una foto cuando es convertida en arte por un museo en las postrimerías del siglo XX

Susan Sontag dejó mil heridas abiertas en forma de preguntas para la sociedad. ¿Cómo debe ser el espectador ante el dolor? ¿Es pasivo? ¿Debe consternarse? ¿Debe pasar de largo? ¿Debe actuar? No hay respuestas certeras. Cada sociedad tiene su propio espectáculo, solo que llega un momento donde todo se convierte en tan habitual que ni el dolor propio, ni el dolor de los demás aporta nada nuevo a la historia de la fotografía, ni por lo tanto a la sociedad. Queda preguntarse qué diría la autora hoy en día, cuando estamos acabando el primer cuarto del siglo XXI e Internet rige por completo nuestras vidas.

© Miguel Urda Ruiz

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3/01/2023

El vértigo, Evgenia Ginzburg: el tejido de un régimen



La iconografía de la literatura ha mostrado que el infierno es de color rojo y cálido, pero Evgenia Ginzburg, en su novela El vértigo, se encarga de demostrar todo lo contrario: que es blanco y gélido, demasiado gélido. En algo más de ochocientas cincuenta páginas, cuenta sus vicisitudes al ser declarada culpable de traición por los miembros de su partido, el comunista.

Existía la idea de que el estar afiliado al partido te exime de cualquier atisbo de sospecha y culpabilidad de atentar contra el poder. Ella es una persona ejemplar con todos los requisitos que exige el régimen para considerarla como tal: profesora especializada en el marxismo, periodista, madre de dos hijos, esposa y ama de casa. El hecho de ser amiga y tener como compañero de profesión a un periodista algo "supuestamente" incómodo para el poder político la pone en la mira de los ojos del aparato represor y la declaran culpable de traición. Da igual el papel que desempeñes o crees desempeñar para "ellos", para el poder, siempre "puedes" ser culpable. Narra con total exquisitez todos los pasos que acarrea el proceso desde el momento en que la detienen hasta el juicio dejando al descubierto el elenco de personajes que mueve los hilos del régimen estalinista. Víctimas, verdugos, inocentes, culpables, sospechosos, jueces, fiscales, funcionarios. Todos al servicio de un capricho político. Una vez que acepta o, mejor dicho, asume que es culpable de algo que no ha hecho impregna la novela de un sentimiento de culpabilidad del cual no se desprende de él en ningún momento. Subyace en toda ella la vergüenza de conocer las armas de represión y tortura del partido al que está afiliada en lugar de sentir el deseo de venganza al vivir las leyes injustas del propio poder en carne propia.A través de sus páginas sabemos cómo son las celdas de castigo, los barracones donde viven hacinados, el traslado hasta Siberia, cómo sobrevivir a temperaturas infrahumanas, la nostalgia por la familia, la casi resignación de que la única salida será la muerte y la picaresca existente para conseguir cualquier cosa. 

Y hasta aquí bien, porque la novela más que que parecer un novela de testimonio o de aventuras –para sobrevivir–, de suerte o desgracia tiene más validez como valor antropológico o sociológico, al dejar al descubierto los interiores de la maquinaria ideológica del régimen estalinista y sus medios de represión, de tortura así como la forma de vivir de los presos y como se las ingenian para poder sobrevivir. La voz de Ginzburg cansa y en cierta medida uno desea acabarla. Un buen comienzo de novela mostrando la sociedad rusa de 1937 y tiene –o cree tener– el respaldo del enemigo, al ser un miembro del partido comunista. La autora recurre a la pena, una pena justificada y que no hay que alejarse de ella pues es perfectamente entendible, pero narra cómo sobrevive a todas las vicisitudes gracias a la poesía y cómo tiene un fragmento o un poema para cada desdicha que le ocurre. Lo cual está muy bien para un momento corto de tiempo, pero estar recurriendo a ello durante dieciocho años, viviendo en condiciones infrahumanas y a una temperatura de -30 º de promedio anual parece excesivo. Otro factor al que recurre es la suerte y que levanta sospechas al lector respecto a su credibilidad o veracidad de los hechos. Alude a diversos hechos o que se libra de ciertos castigos por mor de la suerte. 

Es una novela que se coge con ganas, sin tener en cuenta el número de página, pero queda muy lejos de Ribakov, Solzhenitsyn o Grossman que mostraron los hechos con su dureza y naturalidad sin caer en el sentimiento fácil de la pena o compasión. Insisto, sírvase la historia de Evgenia Ginzburg como valor antropológico para tener presente que los hechos del pasado pueden volver a repetirse y todo puede volver a ser real en cualquier momento produciendo un vértigo insostenible.


     ©  Miguel Urda Ruiz

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1/26/2023

La biblioteca de la piscina, Alan Hollinghurst: una narración elitista



La biblioteca de la piscina es una novela que, sin tener una relevancia destacada en los anaqueles de las librerías o en prensa, siempre ha obtenido el beneplácito por parte de los lectores que no se dejan llevar por las listas de los más vendidos (o comerciales) desde el año de su publicación en 1988. Es la primera novela publicada del autor inglés, que narra la vida de un joven homosexual promiscuo y adinerado, de veinticinco años donde su vida cambia al encontrarse con el anciano Lord Nantwich en modo flirteo en unos urinarios públicos. Un lugar poco recomendable para un miembro de la aristocracia.

Hollinghurst hace un extenso recorrido por el siglo XX, desde la sociedad del Imperio Británico y deteniéndose especialmente en las colonias donde estaba destinado Lord Natwich, hasta los años ochenta, un periodo en que el SIDA comenzaba a causar sus estragos entre la población homosexual. El autor deja al descubierto la excesiva opulencia de la aristocracia: sus clubs, su forma de ver la vida, como vive un homosexual dentro de ellos, así como el cargo que ostenta le permite usarlo para conseguir privilegios.

La prosa de Hollinghurst es detallada, minimalista, salvaje, brutal, elegante, sexual y hasta elitista me atrevería a decir, lo cual enlaza con la tradicional narrativa más exquisita de la novela inglesa, es decir, está a la altura de Austen, Wolf, Forster e incluso Wilde, icono de la cultura gay por excelencia. Y por lo tanto tiene el requisito esencial que el tiempo exige para calificar una obra maestra en mayúsculas: calidad.

El título extraña a primera vista, pero tiene diferentes lecturas y cometidos en la acción: el nombre con que los alumnos de la escuela privada llaman a los prefectos, bibliotecarios; como la piscina alude a los vestuarios tan visitados por los homosexuales, así como a los restos de una piscina romana situada en el sótano de la casa del aristócrata Natwich y que cobra sentido cuando se llega al final de la novela, pues sorprende que existe una conjugación exquisita entre narración, argumento y título.

Esta obra derrocha una calidad narrativa por los cuatro costados y a pesar, de que la editorial Anagrama prescinde de la etiqueta de novela gay u homosexual y apuesta por una calidad continuada (toda la obra del autor se ha publicado en ella) se sigue manteniendo esa barrera estereotipada sobre novelas de este colectivo y cierto reparo para adentrarse en sus páginas. En el mundo homosexual es una novela de cabecera, pero fuera de ese ámbito son muy pocos los lectores que se atreven con ella y no la toman como opción para una compra o lectura directa, si no que tiene que llegar por parte de alguien esa recomendación. Sin embargo, saben rendirse a ella cuando la acaban.

Allan Hollinghurst no es un autor muy prolífico, es de narrativa lenta y en toda su obra hay aspectos de la hierática e intocable aristocracia británica que no dejan indiferente. No extrañaría que algún día sonará su nombre como Premio Nobel. Sería algo completamente acertado y dejaría constatado que una buena prosa no es cuestión de géneros o temáticas si no de saber escribir.

© Miguel Urda Ruiz

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5/23/2022

Diario de un gueto, Janusz Korczak: sin la fórmula tradicional




Si hay algo que la literatura, o en concreto, los estudios de género literario exigen es la forma del texto, es decir, qué requisitos debe tener y contener para que sea considerada como tal. En este caso la pregunta a realizar es pertinente ¿qué debe contener un diario? Diario del gueto es un diario atípico, sin seguir de la fórmula tradicional establecida de querido diario y la fecha a continuación, sino que es un desarrollo argumentativo del mundo de la infancia, de los orfanatos, de la sociedad, de una ciudad –Varsovia– que vive momentos difíciles ante el avance imparable de la ideología nazi, sin seguir la línea establecida por la tradición canónica de los diarios y sin estar exento de una calidad narrativa.

Janusz Korczak, seudónimo literario del médico y educador judío Henryk Goldszmit, nacido en 1878 en Varsovia y muerto en 1942 en el campo de concentración de Treblinka. Su diario comprende desde mayo hasta el 4 de agosto de 1942. Nos encontramos con las vicisitudes que pasa un director de un orfanato para sobrevivir. Sobrevivir en todos los aspectos como ente o institución cultural así como los integrantes: niños (huérfanos, desvalidos, enfermos) y personal laboral. A través de sus páginas muestra cómo el dolor, el desaire racial, la falta de dinero, las injusticias, etc., de una sociedad cuyo eje vertebral es la imposición de una ideología política. Una prosa cargada de dureza y de temas a los que la sociedad no está acostumbrada a escuchar o en este caso leer: personas contratadas para dejar morir a los niños de hambre y conocidas como Las fabricantes de angelitos; condiciones de vida del orfanato y sobre todo de los niños: congelaciones, llagas, frío, desnutrición; el habituarse a encontrar cadáveres en la calle En un momento dado, miran el cadáver y reculan unos pasos sin interrumpir su juego. Sin embargo, Korczak confía en el ser humano, lo demuestra a través de dos hechos nimios: como es el pago de un billete de autobús de un niño mientras todos los demás viajeros no habían pagado su correspondiente billete; y como un párvulo puso su ración de comida diaria a un niño recién fallecido. La única justificación que tuvo es que es su ración.

El libro además de mostrar los infortunios de un colectivo, nos muestra la estructura social a través de notas a pie de página que complementan o explican la narrativa del autor por medio de los traductores. Pasamos por diferentes orfanatos, miembros de la sociedad con poder y sin él, por personas que de forma directa o indirecta afectan a la dirección del orfanato de Janus, para así tener una idea concreta de la formación de los estamentos sociales de la ciudad.

Traducido del polaco al español por Jerzy Sławomirski y Anna Rubió Rodon la edición de Seix Barral (2018) es la primera que se publica en España, y además de los textos de Korczak incluye una serie de fotos y un epílogo, del historiador y profesor experto en literatura polaca, Jacek Leociak, que profundiza en la semblante de Janusz Korczak lo cual permite construirse una imagen más firme del médico/escritor, que a pesar de su trágico final (junto a sus doscientos niños, tuvo al viajar en dirección a Treblinka) fue coherente con su ideología y la benevolencia que sostiene el mundo infantil.

Diario de un gueto es una obra que aporta detalles mínimos, de forma independientes pero que a su vez unidos aportan el sostén de una gran capa social y de los grandes acontecimientos que se viven para lograr un entendiendo más conexo del difícil momento histórico que les tocó vivir.


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Miguel Urda Ruiz






5/08/2022

El lunes nos querrán, Najat El Hachmi: una libertad apresurada

 





Dejar atrás un mundo anclado en la tradición cultural vertebrada por la religión, para encontrar la felicidad. Así podría resumirse el argumento de la novela El lunes nos querrán de Najat El Hachmi ganadora del premio del año Nadal en el año 2021. Una historia que permite al lector imbuirse en lo que significa vivir bajo los estigmas del patriarcado al ser hijo de inmigrantes, cuando se está disconforme con ese estilo de vida y se quiere ser libre.

Con la intención de mostrar un amor, y bajo el paradigma de confesión/carta la autora recorre la vida cotidiana de los magrebíes que han trasladado sus costumbres a un país, supuestamente, más avanzado social y culturalmente. Aspectos como la sumisión de la madre (mujer), la veneración (el obedecer y silencio) hacia el hombre, las comidas, las relaciones familiares, los vecinos, el que dirán, el salvaguardar la apariencia, los matrimonios concertados, el uso del velo, etc., queda patente en la novela. Bajo el punto de vista de la protagonista se refleja la dureza de la vida del inmigrante y el intento de seguir con el arraigo de su cultura en el extrarradio de una ciudad como es Barcelona. Es hacer un viaje continuo al interior de sí mismo y al exterior de las costumbres que refleja dos mundos, dos culturas, dos micro vidas que se delimitan a raíz de las vías de un tren que delimitan el extrarradio con la ciudad y la ciudad con el extrarradio y dónde el deseo de pertenecer a la matriz urbana mayor es esencial para seguir viviendo y donde los ojos de la gran urbe hacen la vista por no mirar las postillas de la sociedad arrojadas al extrarradio.

Bien estructurada con capítulos cortos y una narrativa ágil, nos encontramos con dos partes bien diferenciadas en la novela. En la primera construye el presente a través de la ilusión de una chica de diecisiete años. Su deseo de salir de una sociedad anquilosada, de ser una chica normal -léase una chica sin tener tabúes culturales arcaicos– donde puede ir al instituto e incluso a la universidad, enamorarse y ser feliz. Elementos que en la cultura musulmana están al margen o prohibidos para una mujer. Una segunda parte donde la realidad ya ha pasado por el filtro de la ilusión y el resultado es lo que hay y no queda más remedio que vivirlo o aceptarlo. Luchar contra el destino no siempre se puede o no siempre hay un resultado óptimo. A pesar de ello, esos capítulos breves y ágiles son el mayor obstáculo de la novela. La acción transcurre tan deprisa que la autora no se detiene en escenas que requieren más atención para así entrar un poco más en el palpitar de los sentimientos que perviven bajo una consigna religiosa. Incluso hay personajes como La parabólica, por ejemplo, que pide una historia propia; o Javier, construido superficialmente con la intención de reflejar un amor no permitido y que en la historia es desaprovechado.

No es hasta el final cuando queda patente la intención de la autora al dejar al descubierto la idealización de la protagonista del amor. No todo el amor reflejado en la literatura es idílico ni en la vida real lo es. No obstante, los esquejes de conocer la literatura que suelta por toda la novela son innecesarios y parece que quiere decir que ha leído a Bovary, Becquer o Karenina.. Hay muchas formas de utilizar la literatura, para no transmitir la sensación de querer decir que la conoce.

Najat nos aproxima al centro de dos micromundos dentro de dos culturas tan distintas, pero a la vez tan cercanas y que están obligadas a entenderse por la necesidad recíproca de cada una. La novela permite identificarse con la claustrofobia social de una religión, la ansia por tener una vida propia y la ilusión por traspasar las vías de un tren para buscar una libertad, solo que a veces no siempre tiene las características que se había soñado.


© Miguel Urda Ruiz

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7/02/2021

Medallones, Zofia Nalkowska: la realidad del dolor




En la literatura del Holocausto hay eje referencial que es Primo Levi y su trilogía Si es esto es un hombre, pero es precisamente una mujer Zofia Nalkowska, (1884-1954) nacida en Varsovia, quién muestra el dolor de la barbarie cuando se acopla a la rutina del día a día. Apenas hay información sobre la autora en nuestro país. Con una obra literaria considerable sólo hay dos narraciones publicadas en español: el libro de relato Medallones y la novela Invierno en los alpes, que recoge una perspectiva de la sociedad europea en 1925 mediante los huéspedes de un hotel en los Alpes suizos.

¿Qué ocurre cuando el dolor y horror social se convierte en algo cotidiano? Cuando incluso los causantes de ello se asombran, Hasta un alemán se espantó al verlo. Esta frase pertenece al libro aquí reseñado y recoge la síntesis de lo que hay dentro de él. Un dolor que viene promovido y acompañado por ideas políticas y religiosas.

Medallones fue publicado por primera vez en 1946 y traducido al español en el año 2009 por la editorial minúscula.Contiene ocho relatos cortos, de no más de cinco páginas cada uno, pero que no por ello están ausente de intensidad narrativa. La escritora participó en la comisión encargada de investigar los crímenes nazis en Polonia, lo cual sirvió como base documental para los relatos. Con un estilo, en apariencia simple, la autora va desgranando el engranaje del terror y su aplicación a los miembros de la sociedad que consideran no válidos. Por sus páginas pasamos por una fábrica de jabón, por un cementerio donde lo más atípico es que alguien muera de forma natural, por una rotura de rodilla, por las ruinas de un palacio.

Son relatos que parecen inocentes y que consiguen hacernos partícipes de ese dolor cotidiano que impregna el miedo político y todo ello sin cuestionarnos nada, porque en el momento que nos ponemos a leer, sabemos que aquello ocurrió. Que la realidad está impregnada de barbarie. Qué el hombre y su ideología es posible de eso y más y por mucho tiempo que pase quedará una huella imposible de borrar.

La guerra es un enemigo ideológico promovida por el hombre; la literatura de Zofia Nalkowska recoge la injustificación de porqué una guerra. Medallones es un libro de relatos breves, que no pueden leerse de un tirón. Hay que reposarlo, sentirlo, vivirlo y si es necesario llorar. 

El gran peligro de la literatura es que a veces nos olvidamos que es verdad.


                                                                                                    ©Imagen y texto, Miguel Urda Ruiz




2/22/2021

El señor Ventura, Miguel Torga: la construcción de un héroe

 



La literatura portuguesa es una joya sepultada o desconocida para el mundo occidental. ¿Quién conoce a Miguel Torga? ¿Es conocida para el gran público alguna obra suya? ¿Acaso nos suena su nombre?  El señor Ventura, publicada en 2008 por la editorial Punto de Lectura, es una novela que sorprende y que hace cuestionarse al lector cosas relativas al por qué son relegadas u olvidadas de la primera línea de recomendaciones del canon literario.

Bajo el seudónimo de Miguel Torga se esconde el escritor Adolfo Correia da Rocha, quien tuvo una vida que perfectamente podía ser representada por el personaje de su novela o viceversa, planteando el interrogante de si esta novela fue escrita a modo de autobiografía. En su prólogo que está  Escrita de una sentada en 1943, pero no por ello esta exenta de calidad, y en ella nos encontramos a la esencia del alma portugués: viajera, sentimental, enraizada a la tierra. Concretamente, dicha novela narra las vivencias del Sr. Ventura que ansioso por descubrir (¿la vida?) recorre el mundo con todo lo que ello conlleva, viviendo momentos de fortuna y de sin sabores amargos o dulces.

Con capítulos cortos, secuenciales y con un narrador en tercera persona hace que sea una novela de fácil lectura, y que exista una permanente ebullición de acontecimientos que no deja reposar al lector y lo adentra dentro de las aventuras del protagonista. Miguel Torga utiliza un lenguaje simple, directo y lleno de pinceladas de humor, para agilizar a la prosa. Sin ser una novela de aventuras se vive como tal. Nos encontramos viajes en barco; la curiosidad que provoca el mundo asiático; los bajos fondos; el amor correspondido y no correspondido; la infancia. El escritor portugués no va a la búsqueda de un Ulises ni a un Quijote, sino al alma portuguesa que ya de por sí es un propio héroe, al tener que subsistir para intentar sobrevivir en un mundo lleno de lagunas que abocan al olvido. Es una historia de construcción del héroe, del alma portugués, de un milagro.

El autor refleja que toda persona tiene sueños en la primera etapa de su vida pero conforme esta va transcurriendo estos se olvidan e incluso si se cumplen hay que buscar en el recuerdo que una vez se tuvo. En el fondo la novela es un viaje, un viaje de un alma portugués que no se contenta con su destino y quiere desafiar a la Diosa Fortuna. Queda en manos el lector decidir si lo ha conseguido o no, o si el regresar a casa (en todo viaje hay un regreso aunque sea imaginario) te convierte en perdedor. 

Una novela curiosa, diferente y atractiva, sorprendiendo sobre todo al lector.

© Miguel Urda Ruiz

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