4/26/2026

La noche de la iguana y otros relatos, T. Williams: una narrativa sin aparente desnudez




Suele ocurrir que un relato se coma casi toda la producción de un autor en el momento que traspasa las fronteras para las que fue creado. Es lo que sucedió con Tennessee Williams, cuyo relato, La noche de la iguana, que da título a este libro, y que copó prácticamente toda la obra del escritor, dejando en segundo plano otros relatos, aunque ya consolidado como dramaturgo.

Publicado por Alba Editorial en 1998, recopila quince relatos por orden cronológico que abarcan desde 1928 hasta 1978. Cincuenta años de producción literaria, lo cual nos acerca a la evolución del escritor, tanto en temática como en su prosa, y que lo confirma como uno de los grandes escritores norteamericanos testigos de los principales acontecimientos del siglo XX.

Su prosa es tímida, es decir quiere contar sin hacer pupa al lector, o advirtiéndole de que todo en la vida no es bonito y debe estar preparado para ello. No obstante, en una primera lectura se intuye una influencia de Tolstói, que introduce al lector en una intertextualidad de forma natural y que el lector no se cuestiona lo que está leyendo, solo se deja llevar por la historia. Pero no es necesario leer mucho para intuir ciertos toques biográficos en los personajes, que a veces me parecen demasiado abiertos, cosa que achaco a su labor teatral, y él lo dejó claro en una entrevista: "Mis obras de teatro largas surgen de obras en un acto y relatos cortos anteriores", lo cual se manifiesta en la forma de usar los personajes y las escenas. Los relatos son perfectamente extrapolables al teatro.

Es una narrativa que va aparejada a su vida y a los momentos que vive el autor, reflejando mediante personajes asentados en una sociedad no exenta de contrariedades: una hermana que abandonó el hogar; las diferencias entre dos hermanos, la cópula entre una menor de edad y un casado, la aristocracia italiana siempre en el recuerdo de los mejores años vividos.

Solo había leído teatro de Tennessee Williams hasta que cayó en mis manos este ejemplar. Es un libro de temporada invernal (ya saben, un relato al día, como máximo dos, por autor) y que, al acabar de leer el relato, me incitó a ver de nuevo la película de John Huston, de 1964, que hizo sobre esta historia, aunque ello no tiene que llevar a juicios erróneos sobre la calidad de la película o del relato. Son dos cosas distintas en dos medios distintos; cada uno tiene su peculiaridad, pero al lector, en este caso, solo le aconsejo que disfrute.

©Miguel Urda Ruiz

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4/20/2026

La historia comienza, Amos Oz: una lógica narrativa inicial



Todo alumno que haya asistido a un taller de escritura creativa sabe que uno de los aprendizajes que más se deben tener en cuenta a la hora de escribir una historia es la importancia del primer párrafo, incluso de la primera línea del relato o de la novela. Yo estoy de acuerdo con ello, pero es algo común a todo y que se conoce como "la primera impresión es la que cuenta". Amos Oz va más allá y analiza una serie de inicios de novela donde, más que despejar dudas, incita al lector a preguntarse por el verdadero inicio del inicio, es decir, por qué comienza el autor el texto en ese punto concreto, qué pasaba antes o si había otro punto de referencia por el que optar y así podría seguir hasta llegar al inicio del todo. Son diez comienzos de novela de diversas temáticas y épocas, pero que te permiten cuestionarte el porqué de ese inicio y si es ahí donde radica el quid de lo que quiere mostrar, cuestión que es trasladable a los recursos in media res, cuando se comienza por el medio.

Bien es verdad que cuando se comienza a leer una historia –seamos conscientes o no– existe el llamado "pacto implícito con el lector", lo cual supone que todo lo que el autor te está contando te lo tienes que creer sí o sí. Esto supone un punto de inflexión en la historia, pues la única salida es aparcar la lectura en el primer momento de confusión, duda o aburrimiento; por eso incide en su importancia para provocar un interés en el lector. Pero Oz es claro y manifiesta sus dudas sobre el narrador —que no es el autor, sino quien crea al narrador—: ¿debe ser honesto? ¿puede mentir? o si lo que pretende es crear lagunas en el lector para que saque conclusiones por sí mismo.

Amos Oz conoce el oficio y la técnica de escribir, y sabe cómo tiene que ir dosificando la narración al lector de su historia, pero en los principios aquí analizados plantea multitud de interrogantes con una lógica muy bien construida. ¿Cansan las descripciones? ¿Qué se le pide al lector? ¿Debe solo leer o debe buscar algo más? ¿Solo es disfrutar de la lectura? ¿Por qué la narración comienza en tal punto y dejas otras aristas de la historia sin desarrollar? ¿Lo que cuenta en el principio es realmente el conflicto de la historia? ¿Se ha perdido el autor bajo el narrador?

Escribir una novela no es fácil, ya no digo ni buena ni mala, sino el hecho de escribirla. Hoy en día es frecuente recurrir a la inteligencia artificial como recurso creativo e incluso se le exige sensibilidad, emoción y que vierta emociones como lo hace un escritor, pero es otra cuestión como se aplican las nuevas tecnologías a la escritura creativa y si esto conseguirá atrapar al lector. Aquí Amos Oz refleja, con gran sabiduría y detenimiento, que no todo inicio sirve para dar un comienzo a una novela, y que si el coronel Aureliano Buendia recordó aquella frente al pelotón de fusilamiento; que si anoche soñé volví a Manderley; o tengo dudas si mamá ha muerto hoy o ayer... es porque la historia necesita ese inicio, dejando fuera otras opciones, pero dejando claro que el escritor cuenta eso porque sabe lo que quiere narrar.

Sea lector, escritor o aprendiz (de lector y de escritor) hay que leer a Amos Oz para aprender y asumir que una historia es una historia y únicamente si alguien sabe contarla (o escribirla) despertará tu interés. 

© Miguel Urda Ruiz

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4/14/2026

Ensayo general, Milena Busquets: el escenario de una vida



Es difícil mirar al pasado sin perder de vista el presente, y a su vez ser consciente de qué el pasado construye el presente, y es lo que Milena Busquets consigue a la perfección en su última novela, Ensayo general Una simbiosis sin grietas que conjuga ambos tiempos, donde muestra que la vida no es otra cosa que un ensayo permanente y no siempre está el director de escena idóneo, que el protagonista y los personajes sean los adecuados o que la función tome iniciativa propia y vaya por unos derroteros muy lejanos a lo que uno quisiera.

La protagonista de la historia es la autora, un personaje que también nos encontramos en su primera novelaTambién esto pasará (2015), donde nos incita a jugar —como recalca el catedrático de Literatura Española, Manuel Alberca, en El pacto ambiguo de la novela— si todo lo que cuenta es realidad o es ficción, pero cuya dicotomía es más sencilla que entrar a resolver; solo hay que entrar en su historia y disfrutar de ello.

El libro está compuesto por treinta y una escenas hiladas que pasan por los recuerdos que los veranos de la infancia y adolescencia producen en la madurez, por los amigos, por los amantes, por las librerías, por la maternidad, por los hijos, el oficio de escribir y el trabajar en una editorial y la relación con otros escritores, entre otros, aunque se detiene y se explaya en la relación con la madre. Ella es consciente de que las relaciones materno-filiales sufren metamorfosis dependiendo del ciclo de vida que está asumiendo y, sobre todo, que dicha relación puede causar unas heridas que el tiempo nunca cicatrizará en firme, solo camuflará.

Escribir una "novela" en plano secuencial no es fácil; hay que manejar muy bien la técnica, tener una bibliografía lectora y, sobre todo, saber lo que quieres contar. Sin embargo, me falta una proximidad a los personajes; pero, siento como si hubiese un miedo a no saber narrar o ser capaz de construir una historia larga donde los personajes se definan por sí mismos con sus hechos, sus costumbres y sus deseos. Milena lanza en cada escena, con un planteamiento-nudo y desenlace, unas líneas muy primarias de cada hecho, vida o acontecimiento para que el lector sepa algo más de ella o de su vida, pero que podría desarrollarse como un relato independiente. 

Ensayo general es una novela sin más aspiraciones que entretener de forma fugaz, para leer sin importar dónde estés, si te pierdes o no en sus páginas y vuelves a ella, y además se puede leer en poco tiempo. Pero yo confío en Milena Busquets y que rompa ese miedo a escribir una novela donde existan personajes con un peso específico, con nombres y apellidos, defectos, virtudes, costumbres, manías y que no sean personajes de paso de una historia y, por qué no... de una vida.

© Miguel Urda Ruiz

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4/08/2026

Una mujer a quien amar, Theodor Kallifatides: el vértice de un emigrante




Theodor Kallafitides, que comenzó a ser conocido en España en 2017 a través de la editorial Galaxia Gutenberg, es un escritor nacido en Grecia, aunque emigrado a Suecia desde 1964, y cuya producción novelística tiene todos los elementos para ser merecedor del Premio Nobel, pero nunca lo conseguirá –ojalá me equivoque–, dado que sus historias hacen pupa y cuestiona la sociedad sueca, y que como se sabe es el país que concede los mencionados premios, aunque siempre le quedará una espinita a la Academia.

El amor y la muerte. Amar y además a una mujer, así de simple es el argumento de esta novela, Una mujer a quien amar, donde a través de una serie de fogonazos de recuerdos el autor nos cuenta su vida, pero teniendo desde las primeras líneas presente la muerte de Olga, cuya relación no es algo nuevo (ante la muerte no somos nada originales).

Por sus páginas asistimos a una disección de la vida del protagonista de forma hilvanada. Enlaza un personaje con otro, sin perder en ningún momento el sentido de lo que está narrado. Todo es coherente, no sobra ni falta nada. Una narrativa visual, con una prosa sencilla, cercana y directa, pero no exenta de sensaciones. El amor, la muerte, la emigración, la profesión de escritor, la infancia, la familia son algunos de los temas a los que asistimos con un profundo deleite sin apenas darnos cuenta. Porque uno de los aspectos que definen a este autor es la parte freática de sus historias; es más lo que noe muestra, pero que el lector sabe que está y tiene que verlo por sí mismo. No es necesario escribir muchas páginas para escribir grandes historias. Sin embargo, deja cuestiones por resolver teñidas de filosofía. ¿Es más importante el amor de pareja o la amistad? ¿Hay siempre una equidad en el amor? ¿La diferencia de edad influye en las relaciones?

Que sea una novela de autoficción lleva implícito el hecho de que se considere que todo es realidad y que impregne con su mirada los acontecimientos que va narrando. Es un libro para disfrutar (de la historia, de los personajes, de la forma narrada), para vivirlo y para sentirlo. El desgarro del protagonista/autor ante la muerte, el paso del tiempo y ver cómo emigrantes de su generación que llegaron a la par que él, van dejando atrás la vida. Esta no tiene consideración y no permite ninguna excusa. Tan solo pensar que todos vamos en el mismo sentido, aunque uno no es consciente de quién pone las directrices del momento o del día a día y Kallifatides es consciente de ello.

© Miguel Urda Ruiz

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4/02/2026

El libro de los amores ridículos, Milan Kundera: la idiosincrasia de un autor en estado puro




Milan Kundera no es fácil; es un autor cuya obra se debate constantemente en un debate sobre si aplica la filosofía en su narrativa o viceversa. El libro de los amores ridículos son relatos que bien podrían catalogarse con cada uno de los pecados capitales, pero es algo que siempre quedará condenado en el ostracismo, pues nunca refirió, si quería hacer un juego con ello o simplemente los escribió como parte de una obra o por encargo y la editorial los agrupó bajo un mismo título, y que vio la luz por primera vez en 1968. Sin embargo, llama la atención que el libro esté dividido en siete partes y, una vez que los lees, descubres que cada una de las historias es autónoma y no existe una relación entre ellas.

A pesar de que Kundera no es uno de mis autores favoritos, sí que lo disfruto más en una novela; considero que en sus relatos tiene algo que no todo novelista sabe hacer: contar una historia con pocas palabras o páginas, sin perder un ápice su idiosincrasia. Va a lo concreto de la realidad que compone el ser humano: sus miserias, el autoengaño, la virtuosidad, una búsqueda/pérdida interior con el fin de conseguir algo, pero ese algo va dentro del juego filosófico que el autor propone. Aquí los personajes principales son hombres, pero los muestra decadentes, con una comicidad que deriva en lo burlesco, un afán de demostrar la hombría y que, a pesar de la edad, pueden jugar con el amor o las mujeres, porque para el autor checo ambos temas van unidos y todo ello conjugado en temas que forjan al ser humano: el sexo sin amor, la complicidad de unas miradas, la infidelidad, la mentira, el amor correspondido o no.

Sin embargo, he notado cómo el tiempo ha pasado por las narraciones y los cambios políticos que ha sufrido Europa del Este lo dejan patente; ya no existe ese miedo a ser delatado, a ser perseguido por la policía del régimen, a enamorarte de quien quieras y a poder consolidarte un perdedor si es necesario. No obstante, el libro muestra otro cariz que nunca pasa de moda, la forma de ver el amor, las miserias del hombre, la conciencia y las eternas preguntas que, según la intensidad de ese instante, tienen un cariz u otro. 

Estos relatos reflejan el mundo de Milan Kundera sin otra perspectiva que el disfrutar de su lectura, a pesar de que subyacen preguntas que, a veces sin quererlo, se les busca una respuesta. 

© Miguel Urda Ruiz 

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