7/31/2026

El nadador como héroe, Chales Sprawson: el agua como un testimonio social




Quién practica o haya practicado la natación sabe que es el deporte más completo que existe, pero no está exento de una dificultad intrínseca, que no es solo flotar en el agua, de ahí que la figura del nadador, desde el mundo del deporte y fuera de él siempre despierta curiosidad. Y ese es el núcleo del libro de Charles Sprawson, El nadador como héroe, mostrar su figura y hechos como algo más que un disfrute y la repercusión que ha tenido, desde los albores de la humanidad.

Sprawson, fue nadador profesional y buceador por lo que sabe bien de lo que habla a través de ocho capítulos que comprenden desde la antigüedad clásica hasta algo más de mitad del siglo XX, pero teniendo siempre como epígono la figura del nadador, sin llegar a ser un libro de viajes o un ensayo, es una híbrido entre historia, anécdotas y curiosidades. En sus páginas pasa desde la época clásica, reflejando el simbolismo e importancia que tenía el nadador y el agua, (piscinas –término del siglo XX, sería más apropiado "pileta"– al silgo XIX, desde el romanticismo alemán y explayándose con el siglo XX y una mirada al nadador inglés y japonés. Pero también se centra en nadadores que marcaron un hito en la historia de la natación sin llegar a ser competiciones deportivas; como Matthew Webb que cruzó el Canal de la Mancha y el porqué; así todo el libro está plagado de curiosidades que lo ayudan o apartan del sopor de los datos históricos en el que a veces parece perderse el autor, sobre todo en la época clásica: como por ejemplo, cómo Hollywood supo aprovechar el tirón de los nadadores, con Jonny Wismuller a la cabeza, de Esther Williams quien se negó a usar bikini, o la referencia al relato de Chever El nadador y la metáfora de la sociedad que representa. O como en 1952 la selección australiana de natación fue la primera en depilarse el cuerpo para que el agua deslizase mejor, y en el último apartado destaca la importancia del agua en la narrativa japonesa y la figura del nadador y que en occidente pasa casi desapercibida.

Al terminar de leerlo el lector percibe que no hay un héroe concreto, sino que cada persona que da una brazada tras otra y que consigue avanzar metro tras metro es un héroe, porque cada carrera es un logro ya sea en metros o estilos. El libro está profusamente documentado y por eso echo en falta una bibliografía complementaria que lo respalde para que el lector pueda acudir a ella en caso de querer profundizar. Publicado en la editorial Siruela no defrauda, solo hay que leerlo despacio, respirar y soltar aire, como si fuese una brazada más, y así página tras página hasta llegar al final. No hay mejor meta posible que poder completar la lectura de un libro y disfrutarla.


© Miguel Urda Ruiz

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7/25/2026

Trayecto, Ignacio Echavarría: el yugo de una opinión




Quince años de crítica literaria reflejada en setenta reseñas, seis artículos (calas) y un destacable prólogo. Esta es la línea que sintetiza Trayecto, de Ignacio Echevarría, y, como dice en la cubierta, es "un recorrido por la reciente narrativa española". Guste o no la crítica literaria, este es un libro que debería tener en cuenta toda persona que se dedique a escribir narrativa, pues a través de sus páginas muestra el panorama de la literatura española en una etapa de España donde los estertores de la dictadura no estaban de forma expresa, pero se dejaban notar ante la incertidumbre o desvarío cultural que intentaba definir y orientar los gustos culturales de un país, cuya democracia estaba en la búsqueda de unos pilares a los que anclarse.

Por sus páginas desfilan un nutrido grupo de escritores, que en mayor o menor medida han escrito una parte de la historia reciente de la literatura española; algunos eran incipientes narradores y se les calificaba como "sabía nueva", que han caído en el olvido en su segunda novela, o incluso en la única que publicaron; y también otros que siguen escribiendo o tuvieron una prolífica carrera , como son el caso de Eloy Tizón, Belén Gopeguí, Rafael Chirbes, Antonio Soler, entre otros, pero Echevarría deja patente que para ser escritor se necesita algo más que juntar palabras o crear una historia bonita.

Sin embargo, el crítico literario es alguien que está bajo el yugo de su opinión y no hay mejor juez para dar un veredicto que el tiempo. Al crítico literario (y más cuando pertenece a un grupo editorial o periodístico) le llegan los ejemplares de las novelas nada más salir de la imprenta, sin estar todavía en los anaqueles de las librerías, y a partir de ese momento tiene el tiempo contado para leerlo y escribir sobre él, por lo cual, la premura a veces lleva a cometer errores, y cito a Martín Gaite y su recién publicada Nubosidad Variable en 1992, dice de ella: "La novela entera, de hecho, zozobra por un exceso de elocuencia, que repercute incluso en su desarrollo argumental, saturado de casualidades. Que esa elocuencia, y que su respectiva locuacidad, aparezca como inequívocamente femenina quizá constituya para alguien un aliciente, pero no atenúa su desproporción", el tiempo (y el público) ha dictaminado a favor de la autora y la obra. Y con esto no quiero decir que estoy en contra de su crítica, sino que el apremio en la lectura, no le permitía conocer la magnitud de la obra en su totalidad. 

Pero ¿qué ocurre cuando un crítico se equivoca? ¿Rectifica? ¿Vuelve a escribir otra reseña en otro medio? En el prólogo, insisto, para mí, es casi lo más interesante del libro, habla sobre la función de crítico y en qué consiste, si es un híbrido o si es un informador, o si su opinión debe ser mesurada, o puede decir todo lo que piense, porque cualquier frase o palabra puede condicionar al lector en ambos sentidos. Y de que hoy en día, se considera que el mejor autor es el que más libros vende, ¿acaso no importa la calidad?

Son tres lustros sobre escritura de libros y que cronológicamente atienden a tres etapas: una primera donde escribe sobre novelas contrarias al régimen franquista; una segunda que abarca los años ochenta y ese despuntar cultural citado al inicio de estas letras; y la última parte, donde a partir del año 1992 la cultura se aproxima al poder y pierde su frescura y calidez temática.

Ignacio Echavarría publicaba en El País, pero a raíz de una crítica no apta para los gustos de la directiva respecto a una novela de Bernardo Atxaga, comenzaron una serie de desacuerdos con el periódico, dando por finalizada su labor a través de una carta abierta en el año 2004. Y esto es uno de los puntos que más llama la atención e, incita al lector a cuestionarse ¿qué es un crítico?, ¿qué debe criticar? y ¿si tiene límites su opinión? Toda opinión es libre; lo difícil es mantenerla en el tiempo y ser consecuente con ella, aunque lo que importa es el valor testimonial que representa en la literatura española de una etapa convulsa.

© Miguel Urda Ruiz

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7/19/2026

La hondonada, Jhumpa Lahiri: el sabor agridulce de la nostalgia herida





Pocas autoras, que yo haya leído, recogen el sentimiento de la emigración de una forma tan natural y cercana como lo hace Jhumpa Lahiri. Con una obra literaria sucinta en su haber, en el año 2000 consiguió el Premio Pulitzer por su libro de relatos El intérprete del dolor (también está publicado como Intérprete de las emociones) y siendo catalogada como una promesa en ciernes dentro del mundo de la nueva narrativa del siglo XX a la altura de Paul Auster, Zaddie Smith o Hanif Kureishi.

Jhumpa Lahiri es una escritora que hace un trabajo muy pormenorizado; en sus dos novelas se intuye un trabajo de planificación muy exhaustivo para conseguir una novela ambiciosa. Es algo que se percibe nada más entrar a leer en sus páginas. En La hondonada nos encontramos con la temática de la primera etapa como escritora: la emigración y las causas y sentimientos que produce en ambas partes, receptora y emisora. Desgajando la vida de los hermanos Subhash y Udayan, que nacidos en Calcuta, en un barrio humilde y en época del monzón, cerca de donde viven, hay un terreno seco entre dos lagunas se llena de agua y es en ese espacio donde transcurre su infancia, y que la autora toma como reflejo para mostrar sus vidas: la tradicional a través de Subhash, en la India, en su ciudad de origen, y el mundo americano, el progreso a través de Udayan. Dos mundos que van paralelos a la historia de ambos países: el nacimiento del movimiento naxalita (Partido Comunista de la India), los cambios sociopolíticos en la India y la hegemonía como potencia política en Estados Unidos. La polaridad de los dos mundos: la tradición y el progreso hacen que ambos hermanos tomen caminos muy diferentes, pero a su vez estarán unidos para siempre, pero no en la forma tradicional, sino al estilo de Lahiri, que dejó bien marcado en su novela "El buen nombre"; que sabe cómo encadenar hechos causales para que incidan de por vida en los protagonistas. Todo está muy bien hilado en la novela, y vemos la progresión de los personajes de forma natural en el desarrollo de una vida y con todo lo que ello conlleva: nacimientos, muertes, enfados, desengaños... pero siempre de la mano de la dicotomía: tradición/progreso.

La narrativa de Lahiri es ambiciosa y al entrar en su lectura, uno está cómodo porque la historia fluye por sí misma, cosa que no es fácil de conseguir, pero a su vez te hace sentir incómodo porque piensas en por qué el personaje actúa así y no de otra forma o, como a uno le hubiese gustado,dado que uno actuaría de forma diferente ante los hechos que ocurren. Y es por lo mismo, porque es una historia de dos vidas, donde se actúa conforme van sucediendo las vivencias en ese momento; al lector no le corresponde ser juez de los personajes, solo tiene que entender que la vida no permite cambiar de ruta o detenerse a pensar en lo que está ocurriendo, es cuestión de vivir. Que en cierta medida no es poco.

Desde el año 2012, Lahiri vive en Roma y su producción literaria comenzó una segunda etapa que ha ido por otros derroteros, incluso con pérdida de calidad y, de hecho, parece ir a la deriva. Quizás uno sea egoísta al pedirle a una escritora que escriba algo sobre lo que ya se sabe que no va a fallar, porque la última prosa y argumento bajo el baremo de la calidad no van siempre coordinados en todos los autores de la man y hubo momento en que Jhumpa Lahiri supo hacerlo,en La hondonada está la esencia pura de su primer estilo. Se disfruta, se vive y se emociona; es injusto pedir más a una novela.

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7/13/2026

La piel fría, Albert Sánchez Pitol: el rescoldo de una aventura



Escribir una novela de aventuras al estilo de la época del mayor esplendor del género, que fue el siglo XIX, es lo que intenta Albert Sánchez Pitol con La piel fría,revivir una aventura en los albores del siglo XX, concretamente en el 2003, fecha de publicación del libro.

Partimos de la base de una lectura amena y fácil y sin ninguna complejidad estilística. Se intuye que Pitol es aficionado del género aventurero, tal y como está escrita la novela, teniendo forma circular con su inicio y fin, así como que contiene todos los elementos necesarios en una historia para tal fin: un faro, un alienígena o ser extraño, una isla pequeña y apartada de toda ruta comercial en el Atlántico Sur, un protagonista huido o perseguido por la justicia y la permanencia obligada de un año en dicho lugar.

A una novela de aventuras no se le puede pedir otra cosa, sino que distraiga al lector, requisito que cumple La piel fría,aunque se intuye que el autor ha querido decir algo más, pero no consigue transmitirlo al lector, porque el doble sentido se pierde ante la sucesión de acontecimientos continuados. El hecho de convivir dos personas ajenas entre sí, los efectos que produce la mente del ser humano ante la incomunicación y los monstruos que le hace ver, el paso del tiempo y su medida, saber cómo actúa el ser humano ante el aislamiento, o quién es el monstruo ante la invasión de un terreno.

Los trama están plagados de reminiscencias a Verne, Crusoe, Lovecraft e incluso se atisba en el protagonista rasgos de Kurtz, persona arista de Conrad, ante la perplejidad de todo lo que está viviendo, aunque Piñol no consigue profundizar en nada. Intenta jugar con el lector, pero solo ha leído las instrucciones del juego y no sabe cómo aplicarlas. Las citas para emular a filósofos, el juego de nombres (escritos al revés), la escasez de personajes o la creación de un ambiente claustrofóbico. Presiento que Pitol intenta mostrar la complejidad humana en su vertiente de la convivencia entre dos personas (¿el hombre es un ser solitario? ¿necesita de la sociedad?) y en un mundo ajeno, pero se queda ahí, no consigue calar con ningún pensamiento en profundidad y los personajes se disuelven en su propia construcción.

Todo en la historia es demasiado evidente para dotarla de una calidad que perviva en el tiempo y más cuando el lector actual exige inmediatez y, casi que todo sea novedad. En el año 2017 el libro fue llevado al cine, pero pasó sin pena ni gloriaLa piel fría se lee sin más exigencia que una novela de aventuras, para una tarde de playa (o dos) o de campo. Cuando se sabe lo que estás consumiendo, no hay que exigirle más.

© Miguel Urda Ruiz

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7/07/2026

Nostalgia de otro mundo, Ottessa Moshfegh: cuando no queda otro remedio que vivir





Todo llama la atención desde que se observa el libro por primera vez y lo tienes en tus manos: el título, el nombre –complicado, no hay que negarlo– de la autora y hasta la cubierta (en la edición española que corresponde a la editorial Alfaguara), lo cual provoca una curiosidad que hay que satisfacer, ante lo cual solo queda una cosa: ponerse a leer a la escritora estadounidense, aunque de padre croata y madre iraní.

Son catorce relatos, publicados originalmente en medios como The Paris ReviewThe New Yorker o la revista Grantay que manifiestan que la autora ha venido para quedarse; lo primero que se intuye en sus páginas es un pedigrí lector, se nota que ha leído a los grandes y no tan grandes, lo cual queda reflejado en una narrativa coherente con unos personajes que habitan en un mundo propio, algo extraño a veces, pero que es necesario darle este toque de propiedad personal. Son personajes que buscan una alternativa a sobrevivir donde la vida no es tal y como se había soñado o algo tan simple como no saber manejar las cartas de la baraja. Alcoholismo, soledad, autoengaño, amor de conveniencia; personajes solitarios, raros, bordes, pero caracterizados de menos a más, donde sin una justificación plena el lector comprende por qué están en ese momento de la narración.

Excepto el último relato, que transcurre en un lugar indeterminado, todos están ambientados en Estados Unidos, país formado por inmigrantes y, en cierta medida, con un lastre de culpabilidad al serle recalcado constantemente su origen y recordarle que está de prestado, lo que lleva a pensar siempre en la "nostalgia" o en qué hubiese pasado si el mundo donde me hubiera tocado vivir fuese otro.

La crítica literaria la ha definido como una continuadora del realismo sucio, pero yo no estoy de acuerdo. Para mí, y lo vuelvo a repetir, es una autora que tiene una narrativa propia y consolidada. A Ottessa Moshfegh la considero un híbrido entre Lucía Berlin, pero sin su bisturí lacerante sobre la sociedad norteamericana, y Jhumpa Lahíri aunque sin ese tono empalagoso que impregna, a veces, a sus relatos con la nostalgia migratoria; de hecho, estos relatos pueden tomarse como una introducción a sus dos novelas publicadas hasta la fecha actual: Mi nombre era EileenMi año de descanso y relajación). No hay que perder de vista a Moshfegh. Yo no lo haré.

© Miguel Urda Ruiz

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7/01/2026

Los etruscos: Una breve introducción. Ch. Smith. Una civilización sin rodeos



Christopher Smith hace una aproximación al mundo de los etruscos donde ofrece, a grandes rasgos, una información sobre todos los aspectos –o los considerados más básicos– que comprende una civilización: cómo fue su origen, lengua, religión, organización social, muerte... para poder tener una idea sobre ellos y además focalizada en un contexto histórico muy concreto.

Desde el siglo XVIII, momento que recobró importancia al rescatar el pasado histórico de la civilización etrusca, se la ha calificado, entre otras cosas, de misteriosa, avanzada, enigmática, es decir, de adjetivos que afianzan una curiosidad, dado que existe un halo de misterio que difícilmente tendrá respuesta, aunque los vestigios que quedan sobre ellos son lo que son y corresponden al mundo antropológico y arqueológico, que son quienes dictan sentencia sobre la reconstrucción y veracidad de la historia. Los sitúa en una etapa de la historia, donde las civilizaciones limítrofes y el Mediterráneo occidental luchaban por una hegemonía política (Roma y, en cierta medida, Grecia), y una de las mejores formas de conseguirlo es mediante la asimilación de sus costumbres e imponer las suyas, pero de forma paulatina. Todos son independientes, pero todos se necesitan para hacer un poco de historia. Una vez más, la principal fuente de datos para su investigación son las tumbas, ricas en ornamentos y pinturas, pues para los etruscos la muerte era un viaje, el paso de una vida a otra, lo que nos hace pensar en lo lejos que estamos de ellos, cuando hoy en día en nuestra sociedad la muerte es un tabú. Así también llama la atención que era un pueblo deportista y que uno de los principales deportes fuera algo similar al actual boxeo.

La escasez de vestigios de la civilización etrusca favorece que no sufra el ensañamiento sobre la desvirtualización en las bellas artes y la literatura que sí lo padecen otras civilizaciones; pero esa carencia hace a su vez que sea un reclamo para los turistas con todas las elucubraciones posibles sobre su pasado, su desaparición y cómo fueron.

Publicada en Alianza Editorial, el libro de Cristopher Smith es una aproximación muy básica pero certera al mundo etrusco que incluye una bibliografía muy a tener en cuenta por si se quiere profundizar en ello; aunque el mayor logro es mostrar que fue una civilización hegemónica y que la historia y la cotidianidad están más influenciadas por sus costumbres de lo que pensamos.

© Miguel Urda Ruiz

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