Escribir sobre Roberto Bolaño significa hablar sobre el arte de narrar y, por lo tanto, de buena literatura. Llamadas telefónicas para quien no haya leído nada del escritor; puede ser el epígono que le entre en el mundo de su literatura, que no es complejo, sino con personalidad propia y calidad narrativa. El libro aquí reseñado es el primer libro de relatos publicado por el autor chileno, y donde nos encontramos con su prosa más primigenia y que no permite distracciones alguna, pues como escritor sabe diseminar los ingredientes de un relato para que el lector se sienta cómodo dentro de su lectura.
A pesar de su título, no es un libro que verse sobre el teléfono, sino que trata sobre el vínculo por el cual se transmite un mensaje y, por lo tanto, recurrente para que las historias tengan su propio hilo conductor. Está compuesto por catorce relatos y dividido en tres partes independientes. En la primera parte, y que hace honor al título del libro, nos encontramos con un Bolaño metaliterario, hablando de escritores con mayor o menor fama y cuya finalidad es vivir, a ser posible, del oficio de escritor; en la segunda parte, Detectives, las historias se apartan del primer grupo para contar historias que parecen escenas desechadas de alguna novela, pero con un sentido propio a nivel individual; y en el tercer grupo (Vida de Anne Moore), el escritor recurre a la autoficción de personajes variopintos, recalcitrantes y que también parecen ser bosquejos o notas que quedaron rezagadas para formar parte de una novela.
Roberto Bolaño se nutre de la propia literatura para construir historias, y es generoso con ella; por citar alguno, dentro de los relatos nos encontramos una mirada a Kafka, con un escritor llamado B; Sensini (primer relato), un escritor que intenta vivir de los premios literarios. No son relatos con un punto y final, aunque tampoco quedan abiertos, sino que consigue el punto intermedio para que sea el lector quien ponga fin a la cuestión, aunque los relatos tengan un planteamiento, un nudo y un desenlace.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
No hay comentarios:
Publicar un comentario