8/12/2026

El regreso de los exiliados, Elisabeth de Waal: cuando todo es igual, pero diferente




Exilio es probablemente una de las palabras con connotaciones más duras que contiene cualquier idioma y quien lo ha vivido sabe que no digo ninguna banalidad, y ahí radica el eje de El regreso de los exiliados, donde los protagonistas intentan retomar la vida que tenían antes de la masacre judía que trajo consigo la llegada de los nazis al poder.La prosa de Elisabeth de Waal no es baladí y nos muestra que posee unos conocimientos de primera mano sobre los hechos que cuenta y la época en que le tocó vivir; sin embargo, no la considero una novela desgarradora o cruda, todo lo contrario, sino que utiliza una prosa suave y firme para contar la dureza de unos hechos provocados por los caprichos del ser humano.

Dentro del elenco de personajes de la historia, son tres sobre quienes recae el peso: un profesor de química judío que vuelve para recobrar su antiguo puesto; una joven adolescente que no consigue encontrar su lugar, y un oportunista-vividor que intenta triunfar en la ciudad; y que representan la sociedad vienesa y su división para mostrar los detalles de la reconstrucción de la antigua capítal del imperio austrohúngaro y la forma que tienen cada uno de enfrentarse a ello. En la narración hay muchas cuestiones intrínsecas desgajadas con una sutileza impoluta y que no tienen que pasar desapercibidas para el lector. ¿Qué ocurre cuando se vuelve a la patria y todo es diferente? El individuo que tuvo que exiliarse ¿es el mismo que vuelve? ¿Y sus compatriotas, compañeros, ciudadanos? ¿Cómo se ve al exiliado desde dentro? o ¿qué ocurre cuando un judío tiene que volver a compartir puesto de trabajo con un verdugo?

La novela transcurre en un año, desde marzo de 1954 a la primavera de 1955, y deja claro que volver a tomar las riendas de la ciudad, de la vida y ser partícipe de la sociedad no es tan fácil. Narra un presente que intenta sobreponerse a un pasado reciente donde las heridas de la identidad no estaban curadas. De Wall refleja un mundo que desapareció y que la sociedad intenta reconstruir a semejanza de los recuerdos o de los mejores tiempos, pero ya se sabe que no todo lo pasado fue mejor y cuando se vuelve del exilio, la llaga del pasado es imposible de curar; en todo caso, aceptar que existe, vivir con ella y aceptar lo ocurrido. La novela está dividida en dos partes, muy bien diferenciadas, pero hay momentos donde siento que en la segunda parte deriva hacia una novela de folletín, aunque que no se aparta de la realidad, pues muchas veces se construyen relaciones sociales para sobrevivir y más en una ciudad que intenta reconstruir una identidad.

En España, la editorial Acantilado publicó, de Elisabeth de Waal, en el año 2012 La liebre con ojos de ámbar y en 2013 vio fue publicada por primera vez la novela aquí reseñada en Viena y aquí ha sido publicada bajo el sello editorial de Asteroide, con un prólogo del nieto de la autora, Edmund de Waal, y con la exquisita traducción de Celia Filipetto. En la solapa del libro, dice que escribió cinco novelas, pero que nunca llegó a publicarlas, y no es cuestión de entrar a dirimir el porqué no las publicó, sino el hecho de ver cómo una mujer era capaz de reflejar las consecuencias o repercusiones de lo acontecido al finalizar la Segunda Guerra Mundial y dejar patente qué resquemores, la convivencia entre los perdedores, los benefactores, pero sobre todo se percibe la búsqueda de una identidad nacional perdida mucho tiempo atrás, aunque el punto de eclosión fue el exterminio judío.

© Miguel Urda Ruiz

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8/06/2026

Como una novela, Daniel Pennac: el calzador de la literatura



La letra con sangre entra era lo más utilizado cuando alguien no quería estudiar o leer y se le obligaba a ello, y que, sin estar en un modo omnipresente, planea sobre la escritura del ensayo de Daniel Pennac y que, lejos de ser una obra didáctica propiamente dicha, intenta ofrecer las causas y las soluciones ante la falta de atención e interés de los adolescentes por la literatura.

Como una novela fue publicado por primera vez en Francia en 1993, cuando la tecnología –¿inteligente?– comenzaba a despuntar, pero todavía le quedaba un camino por recorrer hasta llegar al día de hoy, donde impera en cada momento de nuestras vidas. Pennac, profesor de literatura en un instituto de Francia, y viviendo en sus propias carnes la falta de interés de los jóvenes por leer, aborda elementos para promoverla e incide en los elementos donde falla el sistema educativo (en este caso es el francés, pero extrapolable al español), que hace todo lo contrario, dejar de incitar atención en el estudiante para que lea.

Escrito de un tono muy cercano, rozando por momentos el monólogo interior o "como una novela", nos hace ver que los llamados "enemigos" de la literatura pueden convivir con ella, como es la televisión o el cine, solo que es cuestión del profesor saber encauzar los gustos o empezar por algo que les provoque atención, lo cual testimonia con el inicio de una de las mejores novelas del siglo XX, El perfume. Esto incita a mirar en los comienzos de la novela y cómo deben ser, porque bastan solo unos segundos de lectura para asegurarse o no, de que el lector se quede o se vaya. También focaliza la labor de los padres y la educación que proporcionan a sus vástagos. Pero sobre todo Pennac recurre a la imaginación, para que sea el propio alumno quien la haga funcionar y vea a la historia que está leyendo como un compañero de aventuras.

Para mí la cuestión es: ¿a quién está destinado el libro? A cualquier lector puede ser la respuesta básica, pero Pennac toca en la llaga de la pedagogía literaria, en por qué leer ciertos "clásicos" si el alumno no está preparado para ello, o por qué los planes educativos no permiten licencias a los docentes, o incluso por qué hay docentes que están incapacitados para enseñar. No obstante, el autor sabe de lo que habla y queda de manifiesto en el decálogo de los derechos del lector, porque lanza cuestiones muy básicas que cualquier persona que la lea en algún momento se las ha formulado: ¿puede un lector abandonar la lectura de un libro? ¿Puede subrayarlo? ¿Puede...? Una vez que el libro está en manos de su dueño, este puede hacer con él lo que quiera, ya sea escribir, subrayar, doblar páginas o incluso prenderle fuego; todo tiene su detractor y su oponente, pero la cuestión es leer. Pennac no pide más, solo que se lea, ni siquiera que le aporte algo extra o le haga reflexionar, porque una vez que el lector esté imbuido en su obra, poco a poco se irá volviendo más exigente y sabrá qué obras escoger y cuáles no.

Es evidente que hoy en día la atención requerida para leer una novela –incluso para ver una película, ya sea en el cine o en televisión– ha decaído en pos de la tecnología, pero el papel tiene consolidada su hegemonía, mientras que el libro electrónico está pertrechado en su búsqueda de lectores. Sea el soporte que sea, la cuestión es que el adolescente debe leer, pero sobre todo necesita un mentor que le acerque a las primeras obras, que serán lo que marque su futuro como lector. Es algo simple y cercano, pero lejano y utópico para los poderes públicos o educativos. El ensayo de Daniel Pennac no ha caducado; en todo caso, lanza nuevos interrogantes para los tiempos donde la tecnología nos apremia cada instante.

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7/31/2026

El nadador como héroe, Chales Sprawson: el agua como un testimonio social




Quién practica o haya practicado la natación sabe que es el deporte más completo que existe, pero no está exento de una dificultad intrínseca, que no es solo flotar en el agua, de ahí que la figura del nadador, desde el mundo del deporte y fuera de él siempre despierta curiosidad. Y ese es el núcleo del libro de Charles Sprawson, El nadador como héroe, mostrar su figura y hechos como algo más que un disfrute y la repercusión que ha tenido, desde los albores de la humanidad.

Sprawson, fue nadador profesional y buceador por lo que sabe bien de lo que habla a través de ocho capítulos que comprenden desde la antigüedad clásica hasta algo más de mitad del siglo XX, pero teniendo siempre como epígono la figura del nadador, sin llegar a ser un libro de viajes o un ensayo, es una híbrido entre historia, anécdotas y curiosidades. En sus páginas pasa desde la época clásica, reflejando el simbolismo e importancia que tenía el nadador y el agua, (piscinas –término del siglo XX, sería más apropiado "pileta"– al silgo XIX, desde el romanticismo alemán y explayándose con el siglo XX y una mirada al nadador inglés y japonés. Pero también se centra en nadadores que marcaron un hito en la historia de la natación sin llegar a ser competiciones deportivas; como Matthew Webb que cruzó el Canal de la Mancha y el porqué; así todo el libro está plagado de curiosidades que lo ayudan o apartan del sopor de los datos históricos en el que a veces parece perderse el autor, sobre todo en la época clásica: como por ejemplo, cómo Hollywood supo aprovechar el tirón de los nadadores, con Jonny Wismuller a la cabeza, de Esther Williams quien se negó a usar bikini, o la referencia al relato de Chever El nadador y la metáfora de la sociedad que representa. O como en 1952 la selección australiana de natación fue la primera en depilarse el cuerpo para que el agua deslizase mejor, y en el último apartado destaca la importancia del agua en la narrativa japonesa y la figura del nadador y que en occidente pasa casi desapercibida.

Al terminar de leerlo el lector percibe que no hay un héroe concreto, sino que cada persona que da una brazada tras otra y que consigue avanzar metro tras metro es un héroe, porque cada carrera es un logro ya sea en metros o estilos. El libro está profusamente documentado y por eso echo en falta una bibliografía complementaria que lo respalde para que el lector pueda acudir a ella en caso de querer profundizar. Publicado en la editorial Siruela no defrauda, solo hay que leerlo despacio, respirar y soltar aire, como si fuese una brazada más, y así página tras página hasta llegar al final. No hay mejor meta posible que poder completar la lectura de un libro y disfrutarla.


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7/25/2026

Trayecto, Ignacio Echavarría: el yugo de una opinión




Quince años de crítica literaria reflejada en setenta reseñas, seis artículos (calas) y un destacable prólogo. Esta es la línea que sintetiza Trayecto, de Ignacio Echevarría, y, como dice en la cubierta, es "un recorrido por la reciente narrativa española". Guste o no la crítica literaria, este es un libro que debería tener en cuenta toda persona que se dedique a escribir narrativa, pues a través de sus páginas muestra el panorama de la literatura española en una etapa de España donde los estertores de la dictadura no estaban de forma expresa, pero se dejaban notar ante la incertidumbre o desvarío cultural que intentaba definir y orientar los gustos culturales de un país, cuya democracia estaba en la búsqueda de unos pilares a los que anclarse.

Por sus páginas desfilan un nutrido grupo de escritores, que en mayor o menor medida han escrito una parte de la historia reciente de la literatura española; algunos eran incipientes narradores y se les calificaba como "sabía nueva", que han caído en el olvido en su segunda novela, o incluso en la única que publicaron; y también otros que siguen escribiendo o tuvieron una prolífica carrera , como son el caso de Eloy Tizón, Belén Gopeguí, Rafael Chirbes, Antonio Soler, entre otros, pero Echevarría deja patente que para ser escritor se necesita algo más que juntar palabras o crear una historia bonita.

Sin embargo, el crítico literario es alguien que está bajo el yugo de su opinión y no hay mejor juez para dar un veredicto que el tiempo. Al crítico literario (y más cuando pertenece a un grupo editorial o periodístico) le llegan los ejemplares de las novelas nada más salir de la imprenta, sin estar todavía en los anaqueles de las librerías, y a partir de ese momento tiene el tiempo contado para leerlo y escribir sobre él, por lo cual, la premura a veces lleva a cometer errores, y cito a Martín Gaite y su recién publicada Nubosidad Variable en 1992, dice de ella: "La novela entera, de hecho, zozobra por un exceso de elocuencia, que repercute incluso en su desarrollo argumental, saturado de casualidades. Que esa elocuencia, y que su respectiva locuacidad, aparezca como inequívocamente femenina quizá constituya para alguien un aliciente, pero no atenúa su desproporción", el tiempo (y el público) ha dictaminado a favor de la autora y la obra. Y con esto no quiero decir que estoy en contra de su crítica, sino que el apremio en la lectura, no le permitía conocer la magnitud de la obra en su totalidad. 

Pero ¿qué ocurre cuando un crítico se equivoca? ¿Rectifica? ¿Vuelve a escribir otra reseña en otro medio? En el prólogo, insisto, para mí, es casi lo más interesante del libro, habla sobre la función de crítico y en qué consiste, si es un híbrido o si es un informador, o si su opinión debe ser mesurada, o puede decir todo lo que piense, porque cualquier frase o palabra puede condicionar al lector en ambos sentidos. Y de que hoy en día, se considera que el mejor autor es el que más libros vende, ¿acaso no importa la calidad?

Son tres lustros sobre escritura de libros y que cronológicamente atienden a tres etapas: una primera donde escribe sobre novelas contrarias al régimen franquista; una segunda que abarca los años ochenta y ese despuntar cultural citado al inicio de estas letras; y la última parte, donde a partir del año 1992 la cultura se aproxima al poder y pierde su frescura y calidez temática.

Ignacio Echavarría publicaba en El País, pero a raíz de una crítica no apta para los gustos de la directiva respecto a una novela de Bernardo Atxaga, comenzaron una serie de desacuerdos con el periódico, dando por finalizada su labor a través de una carta abierta en el año 2004. Y esto es uno de los puntos que más llama la atención e, incita al lector a cuestionarse ¿qué es un crítico?, ¿qué debe criticar? y ¿si tiene límites su opinión? Toda opinión es libre; lo difícil es mantenerla en el tiempo y ser consecuente con ella, aunque lo que importa es el valor testimonial que representa en la literatura española de una etapa convulsa.

© Miguel Urda Ruiz

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7/19/2026

La hondonada, Jhumpa Lahiri: el sabor agridulce de la nostalgia herida





Pocas autoras, que yo haya leído, recogen el sentimiento de la emigración de una forma tan natural y cercana como lo hace Jhumpa Lahiri. Con una obra literaria sucinta en su haber, en el año 2000 consiguió el Premio Pulitzer por su libro de relatos El intérprete del dolor (también está publicado como Intérprete de las emociones) y siendo catalogada como una promesa en ciernes dentro del mundo de la nueva narrativa del siglo XX a la altura de Paul Auster, Zaddie Smith o Hanif Kureishi.

Jhumpa Lahiri es una escritora que hace un trabajo muy pormenorizado; en sus dos novelas se intuye un trabajo de planificación muy exhaustivo para conseguir una novela ambiciosa. Es algo que se percibe nada más entrar a leer en sus páginas. En La hondonada nos encontramos con la temática de la primera etapa como escritora: la emigración y las causas y sentimientos que produce en ambas partes, receptora y emisora. Desgajando la vida de los hermanos Subhash y Udayan, que nacidos en Calcuta, en un barrio humilde y en época del monzón, cerca de donde viven, hay un terreno seco entre dos lagunas se llena de agua y es en ese espacio donde transcurre su infancia, y que la autora toma como reflejo para mostrar sus vidas: la tradicional a través de Subhash, en la India, en su ciudad de origen, y el mundo americano, el progreso a través de Udayan. Dos mundos que van paralelos a la historia de ambos países: el nacimiento del movimiento naxalita (Partido Comunista de la India), los cambios sociopolíticos en la India y la hegemonía como potencia política en Estados Unidos. La polaridad de los dos mundos: la tradición y el progreso hacen que ambos hermanos tomen caminos muy diferentes, pero a su vez estarán unidos para siempre, pero no en la forma tradicional, sino al estilo de Lahiri, que dejó bien marcado en su novela "El buen nombre"; que sabe cómo encadenar hechos causales para que incidan de por vida en los protagonistas. Todo está muy bien hilado en la novela, y vemos la progresión de los personajes de forma natural en el desarrollo de una vida y con todo lo que ello conlleva: nacimientos, muertes, enfados, desengaños... pero siempre de la mano de la dicotomía: tradición/progreso.

La narrativa de Lahiri es ambiciosa y al entrar en su lectura, uno está cómodo porque la historia fluye por sí misma, cosa que no es fácil de conseguir, pero a su vez te hace sentir incómodo porque piensas en por qué el personaje actúa así y no de otra forma o, como a uno le hubiese gustado,dado que uno actuaría de forma diferente ante los hechos que ocurren. Y es por lo mismo, porque es una historia de dos vidas, donde se actúa conforme van sucediendo las vivencias en ese momento; al lector no le corresponde ser juez de los personajes, solo tiene que entender que la vida no permite cambiar de ruta o detenerse a pensar en lo que está ocurriendo, es cuestión de vivir. Que en cierta medida no es poco.

Desde el año 2012, Lahiri vive en Roma y su producción literaria comenzó una segunda etapa que ha ido por otros derroteros, incluso con pérdida de calidad y, de hecho, parece ir a la deriva. Quizás uno sea egoísta al pedirle a una escritora que escriba algo sobre lo que ya se sabe que no va a fallar, porque la última prosa y argumento bajo el baremo de la calidad no van siempre coordinados en todos los autores de la man y hubo momento en que Jhumpa Lahiri supo hacerlo,en La hondonada está la esencia pura de su primer estilo. Se disfruta, se vive y se emociona; es injusto pedir más a una novela.

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7/13/2026

La piel fría, Albert Sánchez Pitol: el rescoldo de una aventura



Escribir una novela de aventuras al estilo de la época del mayor esplendor del género, que fue el siglo XIX, es lo que intenta Albert Sánchez Pitol con La piel fría,revivir una aventura en los albores del siglo XX, concretamente en el 2003, fecha de publicación del libro.

Partimos de la base de una lectura amena y fácil y sin ninguna complejidad estilística. Se intuye que Pitol es aficionado del género aventurero, tal y como está escrita la novela, teniendo forma circular con su inicio y fin, así como que contiene todos los elementos necesarios en una historia para tal fin: un faro, un alienígena o ser extraño, una isla pequeña y apartada de toda ruta comercial en el Atlántico Sur, un protagonista huido o perseguido por la justicia y la permanencia obligada de un año en dicho lugar.

A una novela de aventuras no se le puede pedir otra cosa, sino que distraiga al lector, requisito que cumple La piel fría,aunque se intuye que el autor ha querido decir algo más, pero no consigue transmitirlo al lector, porque el doble sentido se pierde ante la sucesión de acontecimientos continuados. El hecho de convivir dos personas ajenas entre sí, los efectos que produce la mente del ser humano ante la incomunicación y los monstruos que le hace ver, el paso del tiempo y su medida, saber cómo actúa el ser humano ante el aislamiento, o quién es el monstruo ante la invasión de un terreno.

Los trama están plagados de reminiscencias a Verne, Crusoe, Lovecraft e incluso se atisba en el protagonista rasgos de Kurtz, persona arista de Conrad, ante la perplejidad de todo lo que está viviendo, aunque Piñol no consigue profundizar en nada. Intenta jugar con el lector, pero solo ha leído las instrucciones del juego y no sabe cómo aplicarlas. Las citas para emular a filósofos, el juego de nombres (escritos al revés), la escasez de personajes o la creación de un ambiente claustrofóbico. Presiento que Pitol intenta mostrar la complejidad humana en su vertiente de la convivencia entre dos personas (¿el hombre es un ser solitario? ¿necesita de la sociedad?) y en un mundo ajeno, pero se queda ahí, no consigue calar con ningún pensamiento en profundidad y los personajes se disuelven en su propia construcción.

Todo en la historia es demasiado evidente para dotarla de una calidad que perviva en el tiempo y más cuando el lector actual exige inmediatez y, casi que todo sea novedad. En el año 2017 el libro fue llevado al cine, pero pasó sin pena ni gloriaLa piel fría se lee sin más exigencia que una novela de aventuras, para una tarde de playa (o dos) o de campo. Cuando se sabe lo que estás consumiendo, no hay que exigirle más.

© Miguel Urda Ruiz

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7/07/2026

Nostalgia de otro mundo, Ottessa Moshfegh: cuando no queda otro remedio que vivir





Todo llama la atención desde que se observa el libro por primera vez y lo tienes en tus manos: el título, el nombre –complicado, no hay que negarlo– de la autora y hasta la cubierta (en la edición española que corresponde a la editorial Alfaguara), lo cual provoca una curiosidad que hay que satisfacer, ante lo cual solo queda una cosa: ponerse a leer a la escritora estadounidense, aunque de padre croata y madre iraní.

Son catorce relatos, publicados originalmente en medios como The Paris ReviewThe New Yorker o la revista Grantay que manifiestan que la autora ha venido para quedarse; lo primero que se intuye en sus páginas es un pedigrí lector, se nota que ha leído a los grandes y no tan grandes, lo cual queda reflejado en una narrativa coherente con unos personajes que habitan en un mundo propio, algo extraño a veces, pero que es necesario darle este toque de propiedad personal. Son personajes que buscan una alternativa a sobrevivir donde la vida no es tal y como se había soñado o algo tan simple como no saber manejar las cartas de la baraja. Alcoholismo, soledad, autoengaño, amor de conveniencia; personajes solitarios, raros, bordes, pero caracterizados de menos a más, donde sin una justificación plena el lector comprende por qué están en ese momento de la narración.

Excepto el último relato, que transcurre en un lugar indeterminado, todos están ambientados en Estados Unidos, país formado por inmigrantes y, en cierta medida, con un lastre de culpabilidad al serle recalcado constantemente su origen y recordarle que está de prestado, lo que lleva a pensar siempre en la "nostalgia" o en qué hubiese pasado si el mundo donde me hubiera tocado vivir fuese otro.

La crítica literaria la ha definido como una continuadora del realismo sucio, pero yo no estoy de acuerdo. Para mí, y lo vuelvo a repetir, es una autora que tiene una narrativa propia y consolidada. A Ottessa Moshfegh la considero un híbrido entre Lucía Berlin, pero sin su bisturí lacerante sobre la sociedad norteamericana, y Jhumpa Lahíri aunque sin ese tono empalagoso que impregna, a veces, a sus relatos con la nostalgia migratoria; de hecho, estos relatos pueden tomarse como una introducción a sus dos novelas publicadas hasta la fecha actual: Mi nombre era EileenMi año de descanso y relajación). No hay que perder de vista a Moshfegh. Yo no lo haré.

© Miguel Urda Ruiz

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7/01/2026

Los etruscos: Una breve introducción. Ch. Smith. Una civilización sin rodeos



Christopher Smith hace una aproximación al mundo de los etruscos donde ofrece, a grandes rasgos, una información sobre todos los aspectos –o los considerados más básicos– que comprende una civilización: cómo fue su origen, lengua, religión, organización social, muerte... para poder tener una idea sobre ellos y además focalizada en un contexto histórico muy concreto.

Desde el siglo XVIII, momento que recobró importancia al rescatar el pasado histórico de la civilización etrusca, se la ha calificado, entre otras cosas, de misteriosa, avanzada, enigmática, es decir, de adjetivos que afianzan una curiosidad, dado que existe un halo de misterio que difícilmente tendrá respuesta, aunque los vestigios que quedan sobre ellos son lo que son y corresponden al mundo antropológico y arqueológico, que son quienes dictan sentencia sobre la reconstrucción y veracidad de la historia. Los sitúa en una etapa de la historia, donde las civilizaciones limítrofes y el Mediterráneo occidental luchaban por una hegemonía política (Roma y, en cierta medida, Grecia), y una de las mejores formas de conseguirlo es mediante la asimilación de sus costumbres e imponer las suyas, pero de forma paulatina. Todos son independientes, pero todos se necesitan para hacer un poco de historia. Una vez más, la principal fuente de datos para su investigación son las tumbas, ricas en ornamentos y pinturas, pues para los etruscos la muerte era un viaje, el paso de una vida a otra, lo que nos hace pensar en lo lejos que estamos de ellos, cuando hoy en día en nuestra sociedad la muerte es un tabú. Así también llama la atención que era un pueblo deportista y que uno de los principales deportes fuera algo similar al actual boxeo.

La escasez de vestigios de la civilización etrusca favorece que no sufra el ensañamiento sobre la desvirtualización en las bellas artes y la literatura que sí lo padecen otras civilizaciones; pero esa carencia hace a su vez que sea un reclamo para los turistas con todas las elucubraciones posibles sobre su pasado, su desaparición y cómo fueron.

Publicada en Alianza Editorial, el libro de Cristopher Smith es una aproximación muy básica pero certera al mundo etrusco que incluye una bibliografía muy a tener en cuenta por si se quiere profundizar en ello; aunque el mayor logro es mostrar que fue una civilización hegemónica y que la historia y la cotidianidad están más influenciadas por sus costumbres de lo que pensamos.

© Miguel Urda Ruiz

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6/25/2026

Clandestina, Marie Jalowicz Simon: la casualidad para sobrevivir





Está claro que cuando al individuo se le pone en una situación límite, no todo el mundo reacciona igual. Hay quien opta por no luchar, hay quien opta por dejarse llevar y hay quien opta por no aceptar el destino que otros le tienen previsto, como es el caso de Marie Jalowics, la protagonista de Clandestina, que, sin ser un libro de memorias como tal, es una narración continuada desde 1940 a 1945 sobre sus vivencias, con la única finalidad de no ser una víctima más del exterminio judío en Alemania. Este libro es el producto de una serie de grabaciones que la protagonista decidió contar cincuenta años después de haber acontecido y pocos meses antes de morir, y que su hijo transcribió junto a la escritora Irene Stratenwert. En España ha sido publicada por Periferica & Errata naturae y traducida por Ibon Zubiaur, en una edición muy cuidada.

Teniendo presente que la asfixia a la etnia judía era cada vez más apabullante, y en todos los aspectos de la sociedad, Marie Jalowicz, con tan solo diecinueve años, dado que no tiene ningún bien material, pues todo le ha sido requisado, y solo le queda su vida para vivir, decide huir; desde un principio no son pocos los obstáculos con los que se encuentra, pero utiliza el leitmotiv"en una situación anormal no hay que hacer lo normal, y decide adaptarse al medio para sobrevivir", lo que la salvará en muchas ocasiones, comenzara una vida nómada, que las circunstancias harán que sea en la clandestinidad.

A través de su narración, pasamos a ver cómo huye de sitios donde puede ser encontrada por la policía alemana, usa la norma o la ley a su favor, dado el desconocimiento de los oficiales para aplicarla, no acude a citas formales de requerimientos, como es el trabajo de la mujer judía en las fábricas Siemens, la prohibición de usar el transporte público a no ser que fuese por motivo de trabajo, siempre y cuando la distancia fuese superior a siete kilómetros, entre otros aspectos, hasta arrancarse la estrella que delataba su condición de judía nos demuestra la vida diaria de una ciudad, Berlín —traspolable a todo el país y gran parte de Europa y Rusia—, de unos ciudadanos cuyo único propósito en vida era escapar de una persecución ante un final previsible. Incluso huyó a Palestina desde Turquía, pero tuvo que regresar a Berlín vía Budapest. Con Todo ello ensambla una rleato donde cuenta la dificultad para vivir dentro del horror, dentro de una persecución, pero a su vez es un alegato a no seguir las normas, a saber, que cuando algo no es, no hay que seguir lo que te dicen, sino mirar por ti mismo.

No obstante, y a pesar de todas las vicisitudes que le ocurren a la protagonista, y estando muy conseguida la narración, se me hizo pesada la lectura. Es una novela más de testimonios, donde ya sabemos que hará tal o cual cosa para salir de aquello. Es posible que el hecho de que sea una publicación más no me proporcione mayor interés. Novelas testimoniales o de memorias sobre el Holocausto nazi o el sufrimiento que pasaron los judíos en la Segunda Guerra Mundial, las hay a mansalva publicadas, pero lo difícil es superar el listón que dejaron Primo Levi, Sofia Nalkowsca o incluso Vasil Grossman, donde con una hilada prosa cuentan las durezas de lo vivido sin un ápice de duda. Sin embargo, no hay que menospreciar el testimonio de Marie Jaopwicz Simon; tan solo saber que es otro testimonio más de la hecatombe judía, y no olvidarnos de que todo lo que cuenta es algo que el ser humano, el hombre o el individuo ha creado por una cuestión de interés y siempre pueden volver a reproducirse los hechos.

© Miguel Urda Ruiz

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6/19/2026

Muerte de un apicultor, Lars Gustafsson: el anverso de la sociedad



El escritor sueco Lars Gustafsson deja patente en esta novela, Muerte de un apicultor, que morir y muerte son dos palabras con significado diferente, pero les rige el mismo denominador común: su llegada. Escrito con un estilo directo, sencillo, que no pobre, nos acerca de una forma digna a los últimos momentos de una vida que no ha sido ni fácil ni compleja, sino una vida donde la única finalidad fue vivir. Algo tan simple, pero que a veces se nos olvida.

El protagonista puede definirse como el arquetipo de personaje sueco, donde el frío instalado en su país permea al individuo y lo manifiesta en su relación con los demás. A través del recorrido de tres cuadernos de colores diversos y escritos por él, y en los que en ningún momento se dice que sea el autor, nos muestra cómo es conocedor de una enfermedad con un final cercano. Con extensión irregular y dependiendo del hecho que quiere contar: la llegada de una carta que no abre, el perro, las abejas... no son un diario, ni una cronología exacta de los hechos de su vida, sino anotaciones que va escribiendo conforme le va aconteciendo la vida. Recogen gestos cotidianos, sin pasar la línea autobiográfica; escribe porque quiere recoger ese pensamiento momentáneo, el dolor que le provoca la enfermedad o el sentimiento que le produce tener que tomar una decisión respecto al perro, por ejemplo. Y aunque al lector, al tener el libro en las manos y ojearlo, pueda darle la sensación de que sea algo deshilachado, no lo es; ya que tiene un sentido compacto y acorde con la finalidad que quiere contar.

Lars Gustafsson, además de novelista, es poeta y filósofo, cosa que queda patente en esta novela (es la única que he leído de él, por el momento), pues consigue transmitir al lector una serie de inquietudes que abren en el lector una serie de interrogantes sobre la novela y, por lo tanto, sobre la vida: ¿hay que estar preparado para la muerte? ¿Por qué llega cuando llega? ¿Por qué suele ir acompañada de una enfermedad? ¿Qué sucede con los vestigios que deja cuando parte? ¿La muerte deja atrás un cuerpo o una vida? ¿O la vida es un cuerpo? Todo ello transitado por los recuerdos de su vida. No obstante, y a pesar de que trata un tema que parece ser el anverso de la sociedad que no quiere afrontar, considero que es una novela que transmite una mirada cálida de lo que es, o ha sido su vida y del ¿inesperado? final. Este volumen corresponde a la última parte de una pentalogía, aunque con lecturas independientes y, como dice el autor en su contracubierta, "las luces se van apagando una a una".

Publicado en Nórdica Libros, en el año 2006 por primera vez, cuenta con la traducción de Jesús Pardo. Editorial que, con éxito, ha conseguido dar a conocer y acercar la literatura nórdica a nuestro país. Algo por lo que siempre habrá que estar agradecido. Así como a Lars Gustafsson por mostrar que la vida no solo tiene una cara.

© Miguel Urda Ruiz

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6/13/2026

El uso de la foto, A. Ernaux/M. Marie: los vestigios de una intimidad






Lo primero que surge a la hora de tener El uso de la foto en las manos es: ¿de qué se trata? Y aunque puede parecer una pregunta carente de sentido, no lo es. El ser humano tiende a la clasificación y más en el mundo de la literatura. ¿Es un diario fotográfico? ¿Es una foto acompañada de una descripción? ¿Es una novela fotografiada? ¿Es un fotolibro No es nada de eso, a pesar de que Annie Ernaux sabe cómo usar la fotografía y, de hecho, es un elemento que está en la narrativa de sus novelas, donde, sin ser el eje principal, muestra la historia que está contando a un ritmo fotográfico. El libro versa sobre un pacto tácito entre dos amantes, que deciden fotografiar la intimidad de la relación, pero en un momento preciso y ambos por separado, y luego escribir sobre ello, pero sin que ninguno interfiera en el otro, y un día concreto se intercambian los textos.

Y todo puede parecer superficial, simple o fácil de escribir-fotografiar, pero es todo lo contrario; desde el primer momento surgen preguntas sobre muchos puntos de ambos personajes, porque en este caso sí puede decirse que son dos personajes; dos personajes que comparten una intimidad y la dejan al descubierto. ¿Cuánto tiempo dura la pasión amorosa? ¿Es necesario que exista un orden en el amor? ¿Da igual si primero se folla y después se preguntan qué se siente o es al contrario? ¿Hay que sentir amor para follar? Existen los datos justos para que el lector se imagine la relación y su duración, pero sí que fue recíproca y sentida por ambas partes. Ernaux está pasando por un tratamiento de cáncer de pecho con quimioterapia y teme que le afecte en su relación; él acaba de terminar un matrimonio. Hechos que forman a la persona en su momento y que puede afectar al otro; aquí no se intuye ese miedo, en todo caso respecto hacia el hecho de construir algo más, pero queda reflejado en el libro. Los instantes fotografiados son hechos únicos, sin repetición, y habrá otro momento igual, pero será diferente, porque todo lo sentido tiene otro cariz. Poner palabras a un sentimiento compartido es complicado, pero a su vez emocionante porque consiste en compartir lo mismo desde dos prismas diferentes.

Ver o mirar lo mismo, pero desde dos puntos de vista diferentes, algo que puede parecer fácil, pero solo hay que leer las primeras páginas para comprender que no es así. En la introducción del libro, la escritora nos cuenta el germen del proyecto. Primero fue la fotografía tomada en formato analógico y meses después surgió la idea de escribir un texto. Pero lo básico de las fotografías es que coge el momento como tal, sin modificación alguna de prenda, lugar o situación. Es el momento congelado en el hábitat de la pasión, el tiempo de la pasión. Pero Annie Ernaux no cuenta su vida, ya lo hace en las otras novelas; aquí es donde refleja el momento de una pasión mutua, como si de un juego se tratase (¿acaso el amor no es juego?). Nos proporciona imágenes que incitan a algo más, a saber cómo fue el momento de sexo, cómo fue el intercambio de fluidos o cómo respondían los cuerpos a ese momento. Entre sus fotografías encontramos: ropa interior de los amantes, folios, enchufes, flores, colcha... Todo tal y como quedó tras el momento de la cópula.

El uso de la foto fue publicado por la editorial francesa Gallimard en 2004 y en 2018 por Cabaret Voltaire en España, con las fotos en su versión original en blanco y negro, aunque se le añade un anexo con las instantáneas en color. Marc Marie apenas es conocido en España, y Annie Ernaux consagró su fama con la concesión del Premio Nobel en 2022.

Tras terminar el libro, queda esa incomodidad como lector y espectador sobre lo púdico e impúdico, pero que cuando está muy bien conseguido, la línea que demarca la frontera entre ambos estados no importa. Tan solo es disfrutar, que si nos ponemos filosóficos, también es una vertiente del amor.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía


6/07/2026

Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal: la belleza del inframundo





Simple, bonito e incluso podría decirse, increíble el argumento de la novela Una soledad demasiado ruidosade Bohumil Hrabal, pero quedarse en esos tres adjetivos es afrontar la reseña con miedo, y no porque haya que temerle a lo que cuenta, sino a todo lo que existe en el inframundo del protagonista, que es un reflejo opaco del mundo que le ha tocado vivir. Desde hace treinta y cinco años, Hanta se dedica a destruir papel y empaquetarlo en balas en el sótano de su empresa, lo que directamente te lleva a pensar si es un homenaje a Dostoyevski, o incluso a Dante y ese purgatorio, y un interrogante perpetuo que en sí mismo el hombre no quiere o no es capaz de responder. ¿Por qué es tan cruel con la cultura?

Una historia de apenas cien páginas, pero donde el autor, con una técnica narrativa magistral, pone en manos del personaje pensamientos que enlazan con los primeros filósofos hasta el momento de su publicación, en el año 1971 en Suiza, ya que el escritor, por cuestiones políticas, estaba exiliado, pero sí que existen pensamientos que llevan a cuestionarse la calidad del ser y más cuando debe destruir la cultura, pues ya no tiene ningún valor por el momento político actual.

El autor deja patente que el silencio provoca mucho ruido, pero sobre todo hace daño en la mente y es lo que incitaal individuo a cuestionarse. Bajo su narrativa se refleja una crítica a la decadencia cultural, y más cuando llega el progreso y el trabajo que él realiza en un mes, las máquinas lo hacen en un solo día, por lo cual las alternativas posibles a la salida son pocas. El autor cobija su respuesta en el pasado, pensando en el individuo y cómo puede expurgar sus penas, y solo existe una salida: la cultura. Sin embargo, su prosa es monótona, con una escasez notoria de puntos y aparte que ayude a su lectura, pero es eso mismo lo que quiere el autor: manifestar el vaivén continuo de los pensamientos de las personas, que es algo incesante. A pesar de ello, la novela está plagada de toques humorísticos, y no exentos de una doble lectura: el amor y la escatología, Jesucristo y Lao Tse; el colorismo lo aporta la etnia gitana.

Preguntas. Preguntas. Y más preguntas surgen bajo esa primera lectura de belleza, solo queda volver a leerla. Anotar cada referencia pictórica, cada libro, cada pensamiento y buscarlo (no hay excusas posibles con la nueva tecnología). Conforme vayamos avanzando en los descubrimientos, iremos comprobando cómo el inframundo no es tan cruel como la historiografía lo ha contado. Solo hay que buscarle el punto de vista que a nosotros nos interese y, más que ruido o soledad, producirá una satisfacción enorme saber que la cultura es el alimento del alma.

A pesar de que la historia no te permite dejar de leerla, se hace densa y da la sensación de que es un relato alargado, y ya se sabe que los relatos, cuando les falta o les sobra, se nota enseguida. Pero la novela cumple uno de los cometidos que la teoría narrativa exige, el de entretener, pero si le añadimos que no deja indiferente al lector y le obliga a reaccionar, está todo servido y no se puede pedir más o, en todo caso, una cerveza más, como diría Hanta, porque el ruido del silencio es persistente y en ocasiones dañino, por lo que se necesitan alicientes externos para sobrellevarlo.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía





6/01/2026

Los placeres de la literatura japonesa, Donald Keene: cuando lo sublime es efímero





Solamente con ver y tocar el libro ya se sabe que su interior no va a defraudar. Publicado por Siruela, Los placeres de la literatura japonesa de Donald Keene recoge cinco conferencias impartidas entre 1986-87 en instituciones de Nueva York y Los Ángeles sobre la poesía, el teatro y la narrativa, destinadas a un público en general; a pesar de que trataba sobre géneros de carácter tradicional, es decir, anteriores a la Restauración Meiji, donde todavía la huella europea no había ejercido influencia. Es un libro necesario para entender el gusto japonés por lo sencillo y el arte efímero, dado que busca la emoción, algo que solo se consigue una vez, cuando se contempla.

En la actualidad, Japón está de moda y a todo lo que viene de allí se le presta una atención especial, pero es difícil entender el gusto actual nipón sin tener algunas nociones de la estética tradicional. Keene, autor reconocido en literatura japonesa, toma como valores para construir sus disertaciones la obra Ensayo de la pereza de Kenko (h. 1330), donde define los cuatro parámetros incuestionables con los que debe contar una obra, siendo estos: irregularidad, sencillez, impermanencia y sugestión. Hace un trazado por las obras más significativas de la poesía, pero deja claro que el sentido que tienen hoy en día ha cambiado del que tenían en la época feudal; los teatros de máscaras parecen obsoletos cuando se representan, quedando solo para entendidos, pero sí que toman prestados elementos para el teatro de hoy en día, o, como viene siendo habitual, el presente no sería nada sin el pasado. En la narrativa, el autor norteamericano hace un recorrido breve, pero primordial, desde las primeras obras de Ki no Tsurayuki en el año 906, pasando por la obra cúspide de la narrativa japonesa, como es La historia de Genji de Murasaki Shikibu. Es decir, Keene no se adentra en analizar las obras con una minuciosidad de detalles, sino que deja patente el porqué y la causa que motivó que floreciera cierto género en cuestión y la repercusión que ha llegado a tener hoy en día. A pesar de que ha pasado tiempo desde estas conferencias, Japón no se ha quedado rezagado en el arte de crear; sí que su forma de hacer arte (literatura incluida) sigue teniendo presente las fuentes (imaginarias o no) del pasado.

El libro aporta una profusa bibliografía de todos los géneros que aporta el autor, pero el traductor, Julio Baquero Cruz, hace una compilación para el mundo hispánico, muy a tener en cuenta. No es un libro para mayorías, pero tampoco para minorías, sino para todo aquel que sienta curiosidad por la literatura nipona y para aquellos que quieran ampliar su bagaje literario en cultura oriental. Pero permítanme una recomendación: antes de entrar en leerlo, cójanlo en sus manos, miren las páginas, la textura, las palabras; disfruten de la estética japonesa en Siruela y verán que se cumplen las palabras iniciales.

©Miguel Urda Ruiz

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5/26/2026

La puerta de la luna, Ana María Matute: una espectadora de la sociedad



Las últimas imágenes que tenemos de Ana María Matute desprenden un halo de ternura, y que más o menos puede asociarsea esa abuela con el pelo blanco y los bolsillos llenos de chocolatinas para repartirlas entre los chiquillos, pero es una imagen que nos aleja de lo que realmente esconde su figura: una de las mejores cuentistas de la literatura española del siglo XX y, sin su narrativa, España estaría carente de un pilar fundamental del conocimiento social. En su obra, Matute extiende la sociedad española de posguerra ante el ojo del lector sin ningún titubeo. No engaña ni defrauda. Es una espectadora de la sociedad real, enfocada en las injusticias; no hay mejor juez que un escritor en defensa de los derechos de los indefensos.

El libro que aquí nos ocupa, titulado La puerta de la luna, compila una serie de textos publicados por la autora entre 1947 y 1998, en los que se ha intentado clasificar por cuentos y artículos, pero es que recoge la esencia de toda su obra. Nos adentramos en él a través de unas historias escritas en los albores de su profesión y que podrían ser microrelatos, de apenas unas líneas como es El niño que era amigo del demonio El niño de los hornospara finalizar en relatos con una narrativa más construida, como puede ser Toda la brutalidad del mundodonde su narrativa adquiere una firmeza con sello propio y que la consagrara como uno de los pilares fundamentales de la literatura española.

La infancia ocupa gran parte de las narraciones y en ello puede apreciarse una advertencia hacia el futuro: no te creas que todo va a ser idílico; el ser humano no es lo que parece. Nos encontramos con que los niños tienen maldad, algunos de ellos intrínseca y otros la adquieren al ver actuar al adulto, tanto en la ciudad como en el campo; el abuso del rico sobre el pobre; el hambre, la religión, la dureza del campo, la frialdad social de la ciudad.

Matute, de una forma dulce, casi elegante, puede decirse, no duda en utilizar la crueldad en todas sus manifestaciones o formas, ya sea física o psicológica, lo cual muestra su firmeza a la hora de escribir. Sus historias abarcan todas las aristas del ser humano; no obstante, llega un momento donde sabes en qué desembocará el relato y que los hechos darán un giro, lo cual puede provocar un cansancio, pues sabes que de una forma u otra usará la crueldad con alguno de los personajes. 

El volumen hay que leerlo por partes o por etapas. Dejar que las narraciones reposen en la mente y, cuando la digestión esté hecha, volver a otra serie de cuentos. Ana María Matute es un binomio social y cultural que no admite duda o error alguno. Es una apuesta segura.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía











5/20/2026

El señor Fox, Joyce Carol Oates: la exigencia de una condición



Fue Hannah Arendt quien dejó claro que el concepto de condición humana puede ser maleable. Joyce Carol Oates es conocedora del ser humano y no tiene miedo ni le tiembla el pulso al teclear escenas duras, pero a su vez realistas que habitan dentro del individuo. El señor Fox es prueba de ello, donde nos encontramos una prosa blanda y blanca, aunque esto no quiere decir que esté exenta de dureza.

La escritora norteamericana recurre a un joven profesor de literatura de instituto ávido de éxito y prestigio, el señor Fox, para entrar en su cabeza y mostrar cómo actúa un pedófilo, ante sus alumnas y ante la sociedad; cómo funciona su mecanismo de manipulación, de elección de la víctima, cómo dominarla y a su vez dejando al descubierto sus vulnerabilidades; y  cómo es un depredador humano. Es tal la maestría de Joyce Oates, que a los pocos capítulos nos olvidamos de que el tema principal de la novela es el de un asesinato, porque va desmenuzando todos los segmentos posibles de una sociedad, la estadounidense, donde uno de los elementos que la constituyen es el reconocimiento de un triunfo. A través de sus personajes va desnudando las aristas de la sociedad norteamericana: una familia desestructurada, la autoestima y el universo adolescente, la doble moral en un instituto privado, la soledad de los padres divorciados ante un injusto divorcio, la forma de actuar de la policía, la cara oculta de Internet, entre otros.

Escribir una novela de setecientas páginas y mantener el ritmo narrativo no se consigue de manera fácil y gratuita para el lector y en sus páginas no hay nada gratis o que sobre. En sus últimas novelas, la escritora recurre a los párrafos cortos, que la ayudan a mantener el tono incómodo que exige lo que está contando. Todas las cartas de la historia están expuestas desde los primeros capítulos, para que el lector tenga claros todos los puntos de vista del narrador y no permanezca indiferente. Sabe lanzarle preguntas incómodas para que las revuelva desde su sillón de lectura. ¿Qué ocurre cuando existe un amor no reglado a ojos de la sociedad? ¿Quién es el malo en un caso así? Temas que no son nuevos para la literatura y los refleja en la novela, mediante las menciones del señor Fox de la novela de Kawata La casa de las bellas durmientes Lolita de Nabokov.

Esta historia podría calificarse como una novela poliédrica que comienza con un asesinato como excusa para dejar en entredicho la condición del individuo. Oates sabe manejar los hilos de la narrativa, dejando la opinión abierta, para que el sabio lector juzgue si el profesor Fox puede ser también una víctima más de la sociedad. Es una novela de fácil lectura, pero jamás serás un lector pasivo ante una novela de Carol Joyce Oates.

© Miguel Urda Ruiz

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5/14/2026

Historia del yoga, Alistair Shearer: una tradición supeditada al mercantilismo




La palabra "yoga" en Occidente, se asocia a posturas raras del cuerpo y silencio, lo cual no es cuestión de dirimir, aunque sí de profundizar en ello dado que es una disciplina arraigada en el tiempo.  En Historia del yoga. Desde la India antigua hasta el occidente moderno, nos encontramos una detallada cronología histórica, sin caer en datos engorrosos sobre el origen del ritual yóguico, hasta hoy en día, cuando se ha convertido en un fenómeno de masas.

El prólogo enfoca el contenido del libro para que el lector sepa a qué atenerse desde el principio: "Este no es un manual de instrucciones [...], sino que se plantea el porqué de las cosas". Dividido en dos partes: ayer y hoy. En la primera nos hace un recorrido por lo que se entendió por yoga desde la primera datación histórica (350 d. C.), y también el cambio de significado y sentido que tuvo a partir del siglo XV, con la colonización de la India por parte de los británicos; y en la segunda parte trata de desgranar lo que significa hoy la palabra yoga, cuando se ha convertido en algo tan manido y que se aleja de su motivación inicial. Pero hace especial hincapié en el afán de lo exótico que tuvo su auge a finales del siglo XIX, que promovió un cambio de paradigmas en la cultura tradicional, a lo que se sumó la invención de la fotografía, produciendo un contagio masivo por la curiosidad que muestran las fotografías por los yoguis en la India. Sin embargo, refleja cómo a partir de 1950 el yoga llega a Estados Unidos y pasa a controvertirse en un deporte de masas, teniendo en los años 80 a Jane Fonda como maestra de ceremonias de esta disciplina.

Es un libro que, a pesar de ser divulgativo, lo hace de forma amena, enfocado a mostrar curiosidades del arte milenario. A través de sus capítulos hace un recorrido por la relación que existe entre el yoga tradicional y el actual, la escasez de textos originarios que hablan sobre esta disciplina, cómo resultó ser algo exótico desde el descubrimiento de la fotografía y su transpolación a Occidente, en sus diversas modalidades (hot yoga, naked yoga...), y las desviaciones que existen bajo el nombre de yoga, la relación entre Freud y el yoga... es decir, un conglomerado de temas que nos proporcionan un conocimiento sobre el porqué de una tradición milenaria que tiene tanto auge en la vorágine que vive el siglo XXI.

Sin embargo, este despliegue argumentativo no responde a ninguna pregunta, ni apuesta nada, solo manifiesta al lector lo que significa la palabra yoga desde sus albores hasta el día de hoy, pero sí que puede entreverse una serie de reflexiones que no dejan indiferente al interlocutor, quien se supone debe practicar esta tradición o por lo menos tener curiosidad. ¿Es un deporte? ¿Por qué son del género femenino su mayoría de practicantes? ¿Es mental el yoga? ¿Qué quieren decir las posturas y bajo qué finalidad se constituyen? ¿Qué es el yoga en el siglo XXI?

Publicado por la editorial Trotta en la colección Pliegos de papel, con una traducción de María Dolores Ábalos, a la que acompaña un glosario y un apéndice a la edición española realizado por Javier Ruiz Calderón, quien aporta una documentada bibliografía orientada a los lectores de habla hispana con la finalidad de acercar el estudio de la disciplina aquí reseñada. Al acabar de leer el libro cuando se vea en parques, jardines o la playa a practicantes de esta tradición los vera de forma diferentes, pero sobre todo se preguntarán ¿que están haciendo?

© Miguel Urda Ruiz

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5/08/2026

El jardinero y la muerte, Gueorgui Gospodínov: un eslabón más de la vida




Está claro que el ser humano (el individuo) ante la llegada de la muerte no tiene derecho a réplica, sobre todo cuando el ciclo de vida se ha cumplido y solo queda administrar medicamentos y cuidados paliativos que alivian la llegada del momento final; Gospodínov, en El jardinero y la muertedespeja ciertas dudas sobre el momento final y deja entrever que uno, por mucho que sea consciente de ello, no está preparado para ver morir, en este caso, a su padre.

A través de una narrativa fragmentada, el autor, ya un hombre maduro, será el encargado mostrar los cuidados a su progenitor enfermo durante sus últimos días. Aunque pueda parecer un tema simple para una novela subyace una contrariedad de emociones ante algo para lo que la sociedad no nos prepara, más bien nos hace volver la cara. Recursos que el Gospodínov utiliza de forma honesta, directa y con sentido social para transpolar al lector sus sentimientos sobre la muerte de un progenitor desde el momento inicial de la historia. No obstante, deja en el aire preguntas que forman el binomio vida-muerte al saber que el avance de la enfermedad lleva a construir de forma apresurada e imprevista una nueva rutina familiar sin ser consciente de ello. ¿Qué se siente cuando tienes que ponerle los pañales a tu padre? –incluso está la paradoja del ciclo vital: nada más llegar al mundo te colocan unos pañales y te vas con ellos al final–, ¿siente el enfermo humillación al verse atrapado por la enfermedad? ¿Qué se hace con las medicinas de papá cuando ya no está? ¿Qué se hace al final de una vida?; ¿es necesario sentirlo?

Pero no todo es enfermedad, Gueorgui Gospodínov juega con los recuerdos para construir la historia de la familia. El socialismo, el colegio, los viajes, los sueños que se tienen en la juventud, el jardín de su padre, las flores y frutas plantadas. El final, justificado o no, queriendo o no, llega y solo queda aceptarlo, y es ahí donde pone el énfasis: ¿se debe vivir del recuerdo? ¿Es bueno o es malo recordar al padre? ¿Se mitifica al fallecido? ¿Hay una intención justificativa al visitar la tumba? Y que  es necesario saber soltar la mano del fallecido, dando paso al relevo generacional.

Es el autor mismo quien confiesa que no sabe qué novela ha escrito con El Jardinero y la muerte. Si de memorias o elegíaca. Lo importante es que la prosa de Gospodínov es uno de los descubrimientos más impactantes que desde hace tiempo. Es una novela que será más comprensible o cercana para quienes han pedido o han pasado por la pérdida de un ser querido en su vida. Para quienes la lean sin el requisito de esa pérdida, tal vez podría resultar incompleta.

© Miguel Urda Ruiz

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5/02/2026

Los enanos, Concha Alós: las miserias de una dictadura



La literatura española tiene deudas con muy buenos escritores, bien por ser relegados a un segundo plano o al olvido, como ha ocurrido con la escritora valenciana Concha Alós. Mi primer acercamiento a su obra fue con Las hogueraspremio Planeta en 1964, comprada en una tienda de segunda mano donde el lote de cinco libros costaba tres euros. Lo leí y me gustó su prosa, pero a su vez había algo que no me convenció, aunque por los avatares del momento no pude detenerme a pensar en ello; sin embargo, al entrar en esta novela volvieron todas aquellas dudas que han ido respondiéndose por sí solas.

En Los enanos asistimos a un mundo familiar para los lectores: una pensión. Hablar de una pensión en nuestra literatura es mirar a Camilo José Cela, con su Colmena, pero me atrevo a ir más allá y mirar al cómic, a la obra de Francisco Ibáñez, 13 Rue del Percebecuyos protagonistas son los vecinos que conocemos todos. La obra de Alós está ambientada en la Barcelona de posguerra; con un trasiego de personajes continuo, nos cuenta la vida de cada uno sin apuros o concesiones y sin dejar ningún tema al aire. Por sus páginas pasamos por el maltrato a la mujer, las cucharas en la cocina, la virginidad, el ser madre soltera, cuestiones raciales, incluso por tabúes sexuales con la proposición de un trío.

Concha Alós fue una escritora culta, ajena al mundo argumental doméstico que la narrativa de la época imponía, cosa que se percibe en sus obras, donde nos lleva de primera mano a conocer las miserias que vivía la clase trabajadora e intentó ocultar. Pero a su vez tocó temas que dejaban en ridículo a la censura, pues habla de Eichmann con total libertad, dejando entrever que no  tenían conocimiento de él ni de lo que hizo; o del cuento japonés sobre el abuso infantil, cuyo sentido tampoco tuvieron que entenderlo, pero el hecho de tratar temas directos como la prostitución, el ser madre soltera, la lucha de clases o las injusticias sociales no gustó nada al régimen y su obra fue relegada a un cajón. No fue hasta el año 2016 que la editorial Recalcitrantes rescató Las hogueras, aunque la actividad de la editorial cesó, siendo en la actualidad la editorial La Navaja Suiza la encargada de publicar su obra.

Escribo esta reseña en pleno 2026 y han pasado más de sesenta años desde la publicación de Los Enanos, y es con la que ganó por primera vez el premio Planeta, cuando se otorgaba a la calidad narrativa, pero no pudo aceptarlo al tener un contrato con la editorial Plaza & Janes, quien hizo valer sus derechos. Y en este tiempo el lenguaje ha cambiado, se percibe nada más entrar en sus páginas, y no es que ahora se escriba o hable diferente, sino que repite la misma técnica expresiva en frecuentes ocasiones; el uso de adverbios no está controlado, por ejemplo, pero ello no quita que la novela sea un fiel reflejo de la época y cuente la realidad social de un país donde las secuelas de una guerra civil estaban muy presentes y el verdadero intento del individuo era "vivir".

No me ha defraudado la escritora valenciana; es más, reivindico la difusión de su obra, dado que refleja una mirada moderna, real e incisiva de unos personajes que, sin pretenderlo, fueron los pilares en los que se asentó una sociedad extinta de libertades. Sería una buena forma de redimir el injustificado olvido que padeció Concha Alós.

© Miguel Urda Ruiz

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