3/09/2026

Hombres sin mujeres, Haruki Murakami: la soledad como refugio del alma



No hay engaño posible al hablar de Haruki Murakami, el escritor japonés que ha conseguido democratizar la literatura nipona y trasladarla a Occidente manteniendo un universo propio. Lo cual conlleva una disparidad de criterios sobre su ficción y el ámbito popular que le da amparo, postulándolo –crítica y público– desde hace años como eterno candidato al Premio Nobel de Literatura. (Una vez más lo digo: a dichos premios no se postula, se conceden por la envergadura totalitaria de su obra y algo de política también subyace en ello).

Hombre sin mujereses un libro compuesto de siete relatos, desde una perspectiva sencilla, sin la doblez de mundos que suele otorgarnos en sus novelas, pero sin perder el sello característico de su particular cosmos. Son protagonistas abocados a la soledad, a enfrentarse a una realidad, a la cual no parecían pertenecer, incluso a sentir el ruido que el alma produce ante la vida. Siete hombres de diferentes calados, diferentes personalidades y diferentes formas de ver la vida, y que, obligados por los acontecimientos que les van sucediendo, tienen la necesidad de mostrar su versión más sincera, cuya causa siempre la provoca una mujer. 

Los títulos de los relatos hablan por sí solos y te sumergen en diferentes ambientes; son la realidad urbana, personajes con el alma herida y que, sin ser conscientes de ello, buscan una cura a esa cicatriz. El libro lo abre Drive my car, donde el protagonista conversa con una joven que es contratada como conductora y plantea ciertas interrogantes sobre el amor y la muerte; Yesterday, la búsqueda de la identidad en el amor desde diferentes perspectivas; en Un órgano independienteasistimos cómo un cirujano huye del compromiso a pesar de tener relaciones muy diversas y frecuentes con mujeres; Sherezadejuega con una intertextualidad y coloca el punto de vista en los relatos que le va contado al protagonista la mujer que cada semana limpia su casa; Kino, nos muestra a un marido que como salida a la ruptura de su matrimonio alquila un bar, y el mayor atractivo es la música de jazzSamsa enamorado, nos encontramos con una visita inesperada en un sitio ajeno a la vida del protagonista, lo que nos lleva directamente a Kafka, donde nos muestra el doble juego de quién tiene la llave del amor; Y en el relato que cierra el libro Hombre sin mujeres, está la narrativa más pura y que define el microcosmos del autor nipones, con una llamada en mitad de la noche donde le dicen que alguien que formó parte de su vida se ha suicidado.

Cuando hablo de relatos, aconsejo leerlos de forma desordenada y aquí no es menos, porque siempre está el orden de prioridad de la editorial y no como el escritor, posiblemente, querría que el lector los hiciese suyos. Este libro permite el orden aleatorio y, como mucho, uno por día con el fin de sostener la esencia de que está contando una historia corta. Quien no conozca el mundo de Haruki Murakami o tenga reparos cuando vea alguna de sus novelas, este es un buen libro para comenzar a leer al autor. Seguro que agradecerá entrar en otro mundo tan distinto, pero a su vez tan fascinante.

©Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía




3/03/2026

Hiroshima, John Hersey: la realidad de un dolor injustificado




Que las guerras son injustas, estúpidas e innecesarias y que siempre sale perjudicada la población más débil es algo ya conocido por todos; aun así, el ser humano sigue cayendo en el mismo error desde los albores de la literatura occidental. Hiroshima lo recalca una vez más a través de cinco sobrevivientes de la bomba atómica, lanzada en la mañana del 5 de agosto de 1945, donde lo único que consiguió fue provocar tanto dolor injustificado. —¿Se puede justificar alguna guerra?–

Contado de forma cercana, casi con una hilaridad tan próxima al lector que parece estar viviendo los hechos y en un estilo indirecto, limpio, simple, sin adornos y con una ausencia notoria de diálogos, para evitar distracciones al lector y que se centre en la verosimilitud de los hechos. Hersey parte de la rutina de los ciudadanos y el desconcierto que sienten ante lo que sucede. Pero llama la atención que ninguno se pregunta por qué sucede, sino que aceptan el hecho, porque todo el mundo estaba en la misma situación. ¿Qué había pasado? ¿Qué era aquello? ¿Dónde estaban mis allegados? ¿Mi casa?

Hiroshima trazó una línea en la narrativa periodística de Estados Unidos en el siglo XX, porque muestra de primera mano las consecuencias de un acto promovido por el poder político. El autor, John Hersey, fue considerado traidor dentro de su propio país, pues dejó al descubierto las atrocidades cometida bajo el honor de su bandera.

Estoy de acuerdo en que el libro es un fiel reflejo de lo que ocurrió, dado que no hay nada más desconcertante que saber que algo sucede y no saber por qué, es por lo que me parece un testimonio muy válido a tener en cuenta para generaciones futuras, pues muestra que el ser humano no conoce los límites de su propio ser. Sin embargo, hoy en día la información está al alcance de la mano y no me han sorprendido los hechos —no su magnitud—, pues tanta información hace desvirtuar su importancia. Considero que el documento de John Hersey es un complemento para profundizar en la bomba atómica y, sobre todo, en las secuelas que dejó y que perduran aún el siglo XXI. 

Se publicó un año después de finalizar la 2.ª Guerra Mundial cuando a la población le llegaban las noticias por la radio y la prensa escrita, mientras la televisión estaba en sus inicios. El libro hay que situarlo en su contexto histórico para darle una comprensión más acertada. Libros de víctimas, de sufrimientos, de injusticias los hay a raudales, y en todos ellos se revierte siempre lo mismo: el sufrimiento individual y colectivo, la barbarie cometida, el porqué... Insisto, la prosa de Hersey no cansa, te acerca al momento, pero hay demasiada información sobre el tema y no te va a contar algo que no te suene o no sepas.

La vida después de la tragedia continúa, eso es sabido por todos, pero es diferente el cómo lo afrontas y aquí lo vemos. Hay un capítulo final donde, cuarenta años después, el autor acude a Hiroshima para ver cómo ha sido la vida de los protagonistas y que para mí sobra; ¿para qué volver a contar algo que ya se sabe? 

©Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía