2/25/2026

La insolación, Carmen Laforet: a la injusta sombra de la Nada



Cuando leí Nadadurante mucho tiempo tuve dentro de mí la opresión que existe en la novela, al igual que he sentido un derroche de luz con La insolaciónlo que a su vez me ha provocado cierto enfado, pues hay veces que una novela abarca tanta envergadura que no deja sitio para el resto de producción novelística, como es el caso de la aquí reseñada. Publicada en 1965, es la cuarta novela de Laforet, y que en un principio iba a formar parte de una trilogía llamada Tres pasos fuera del tiempo, como explicaba la autora en el prólogo, pero que nunca llegó a ver la luz al completo. No sería hasta después de su muerte que se publicó la segunda parte Una mujer en fuga en una edición revisada por Israel Rolón Barela, quedando Jaque mate, de momento, en un cajón. 

En La insolación, asistimos a toda la luz que el mar Mediterráneo puede otorgar en un tiempo de represión, donde los ecos de la Guerra Civil se dejan entrever en un pueblo ficticio, pero situado entre Murcia y Alicante. El protagonista es Martín Soto, un niño entrando en edad adolescente, que vive con sus abuelos, dado que su madre murió prematuramente. Al regresar el padre de la contienda, lo hace con una nueva mujer para volver al pueblo, donde pasará tres veranos en compañía de los hijos del señor Corsi. Anita y Carlos, así como los personajes satelitales que completan la acción. Tres adolescentes y los veranos, lo que supodría el inicio de la vida adulta. Allí vemos cómo hay risas, complicidades, baños, suspiros de amor, verbenas... Es una novela de descubrimiento y de maduración como escritora, no exenta de crítica social, aunque no es lo que caracteriza la obra. Si no todo lo contrario, narrar el momento a través de los ojos de tres personajes cuyo único deseo es vivir el verano. Incluso aporta lo exótico como es el apellido de los Corsi. Lo extranjero es lo mejor o lo que tiene poder.

La novela se finaliza con miedo, pues te das cuenta de que has disfrutado de la historia y sientes que todo lo ocurrido allí era real. Consigue trasladar al lector el universo propio que Laforet mantuvo durante toda su obra, teniendo como uno de los puntos principales el mar. Pero la duda sobre la autora planea en toda la obra, o más bien la Nada planea por toda la obra. Considero que es mejor novela que la ganadora del Premio Nadal y que la responsabilidad que le otorgó la crítica y el público fue un bastión demasiado agudo para una mujer que pretendía solo escribir y no entrar en el juego literario que exigen las editoriales, de exhibición pública y de escribir x libros en x tiempo. Laforet iba despacio, al ritmo que marcaban sus creencias y sobre todo su propio mundo.

Carmen Laforet es mucho más que un premio literario; es uno de los pilares de la narrativa femenina del siglo XX, sin entrar en categorías de generación de medio siglo, de niños de posguerra, etc. 

Carmen Laforet consigue que te empapes de la novela de principio a fin. 

Carmen Laforet es emotividad en estado puro.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía


2/19/2026

La promesa, Damon Galgut: la coherencia de una incoherencia



Lo advierte el autor, con la cita de Federico Fellini, que usa para dar paso a la novela:¿por qué en sus películas no hay una sola persona normal? Palabras que no provocan error dada la forma de ser de los personajes de La promesa.

Novela ambientada en los años ochenta en Sudáfrica (Pretoria), nos incita a mirar directamente al Premio Nobel J. M. Coetzee, y aunque la prosa de Damon Galgut es completamente diferente, sí puede decirse que bebe de la narrativa matriz surgida a raíz del apartheid. Esa época fue crucial para el país con Nelsn Mandela en prisión, la falta de un valor nacional para proclamar los derechos civiles de la población nativa, la disolución/repartición de la riqueza para el pueblo, todo ello unido a la religión, que siempre busca un resquicio para infectar con sus creencias las mentes de los más débiles o necesitados de afecto.

Dividida en cuatro capítulos, que se corresponden con personajes que saldrán de la historia al cumplir su función, quedando relegados a meras menciones. Durante el transcurso de treinta años vemos la evolución de los personajes, acompañados de los cambios políticos y sociales que vive el país, la segregación racial,que supone una pieza clave en la historia, puesto que, junto a los protagonistas "blancos" convive "Salomé", una criada negra a la que la matriarca, antes de morir, le hace una promesa.

Galgut muestra personajes que se salen de lo común, incoherentes con el sentido rutinario de la vida, pero viene a decirnos: "¿qué es la vida?", aunque siempre acuden a la llamada de la muerte en la novela, y a través de ellos nos muestra la evolución de todos ellos unidos al país. Vemos cómo en cualquier familia existen contradicciones, quejas, esperas, decepciones y todo porque la vida tiene unas reglas sociales comunes y familiares que no desentonan en ningún lado. El hijo díscolo, las esperanzas puestas en el mayor o el perdido. Cuatro décadas dan para mucho, para mostrar la verdad y la mentira de un país; como el individuo siempre busca un atajo para no dar crédito a las palabras que le obligan a comprometerse.

Al acabar la novela, vuelvo a releer la cita inicial y le doy la razón al autor: todos los personajes son incoherentes, pero buscan una coherencia que el momento que les toca vivir no les proporciona y solo les queda algo por cumplir, que lo deja en manos del lector, si son capaces de cumplir una promesa. No me siento defraudado por la historia solo profundizar más en la producción del autor.

©Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía






2/13/2026

Cinco historias del mar, Josep Pla: la vida, además del mar, es un sentir



Catalogado como el mejor prosista en lengua catalana del siglo XX, al leer sus palabras, entro en una dicotomía porque estoy de acuerdo, pero a la vez estoy en contra de dicha clasificación y voy a optar por decir que es uno de los mejores prosistas que dio la última centuria en nuestra literatura. Y no es que no quiera mojarme o apostar por una lengua o por otra, sino que el hecho de registrarlo en una u otra rango hace menoscabar su producción, pues implícitamente hay una cuestión ideológica que te aleja de una de las principales características de la prosa, como es su disfrute. De hecho, es un autor desconocido para el gran público y reducido a minorías literarias o recomendado por el boca a boca determinada obra.

Cinco historias del marla escribió a la edad de setenta y cuatro años, cuando su prosa ya ostenta la maestría de la experiencia y nos traslada a una de las mejores sensaciones experimentadas a través del mar. Nos sitúa en las postrimerías de la Guerra Civil, donde todo se ha acabado, pero permanecen las represalias que no se perciben a simple vista y todo está por hacer. Y teniendo como eje principal el mar Mediterráneo, Pla nos sumerge en un triángulo de sensaciones: la Costa Brava, su gastronomía y la vida diaria. Nos sitúa en lugares donde el turismo no había llegado aún y sientes la necesidad de trasladarte a aquella época. Nadie puede salir ajeno a todo lo que está mostrando, pero al estar escrito de una forma amable, tierna e intimista ahí es donde radica su buen hacer como escritor. 

Desde la primera línea nos encontramos una prosa cargada de minuciosidad, de detalles, de sabores, de olores, y las texturas que provoca el mar. Por sus páginas destilan personajes sinceros, aunque llenos de vida, que no saben cómo enfrentarse a ella o, lo que es lo mismo, para qué pensar en mañana si hay que comer hoy; Palafugrell, lugar donde nació, y asistimos con él a una taberna, a montar en un bote, de excursión a un barco naufragado, a pescar. Y llega un momento de la lectura donde te planteas qué estás leyendo, pues sabes que eres partícipe de algo muy concreto denominado relato, pero a su vez estás en una guía de viajes, en una degustación gastronómica o secando la ropa que, por ser descuidado, te ha mojado el mar.

Josep Pla sabe narrar sin cansar al lector, pero sobre todo traslada al lector su forma de sentir la vida y el mar.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía


2/07/2026

El Emperador, Ryszard Kapuściński: Una realidad demasiado verdadera





Siempre que se hable o escriba sobre la tiranía de un dictador será insuficiente, y es lo que pretende Ryszard Kapuściński con El Emperador, mostrar la forma de gobernar de Haile Selassie durante cincuenta años en Etiopía hasta su derroque en 1974 y proclamado por él mismo Rey de Reyes.

Libro que fue publicado en Varsovia cuatro años después de la muerte del dictador y en España por Anagrama en 1989, no teniendo ninguna reedición más hasta el año 2024 en la colección Compactos. De difícil clasificación, dado que no es un ensayo, no es una crónica periodística en sí, ni una novela; Kapuściński juega con los tres géneros para dejar al descubierto todo el entramado político de Haile. A través de una serie de entrevistas a funcionarios que estaban vinculados de forma directa con el dictador y con la vida de palacio, aunque siempre bajo el anonimato por el miedo a las represalias, asistimos a una realidad que nos cuesta mucho asumir, pero que existió. Cincuenta años de poder absoluto dan para mucho, para creerse el rey de todos los reyes, el elegido, el digno señor, por ejemplo, que es como solían ser denominados por sus acólitos; pero todo imperio tiene su fin (en realidad, todo tiene un inicio y un fin, con sus momentos de esplendor y decadencia) y son pocas las personas que permanecen a su lado cuando lo capturan en su morada "infranqueable".

Kapuściński traza un perfil grotesco del mandatario etíope, bajito y vulnerable, pero siempre rodeado de consejeros y aduladores. Sin embargo, lo que más me llama la atención son los caprichos que va construyendo por divinidad propia: "El emperador de repente podía nombrar para un cargo a alguien sacado del estrato social más bajo, elegido a menudo al tuntún de entre el vulgo" o "se levantó un fabuloso palacio que fue mantenido día tras día a lo largo de una veintena de años con el servicio y la despensa a punto, y que su Incansable Majestad pasó en él un solo día". Y una corte sin séquito no sería tal. Un entrevistado nos habla de su función durante veintiséis años en Palacio: portacojines. "Nuestro señor no podía ir sin mí a ninguna parte porque su dignidad continuamente le exigía sentarse en el trono y no lo podía hacer sin su cojín". Otro caso es el abrepuertas, el encargado de despertarlo y así hasta mostrar toda la fauna sequital que hacía creerse a Haile Selassie como descendiente del rey Salomón.

La ficción se nutre de la realidad y nos sorprende cuando esta última supera la ficción, y Kapuściński maneja todas las armas narrativas en el estilo llamado "nuevo periodismo" para que el lector se sorprenda sobre los caprichos de un dictador, y aunque pueden ser estrafalarios, crueles o despiadados, todo resulta poco para desenmascarar a un tirano o a un dictador. El libro se lee de forma amena e incluso, dada la gravedad de lo que está contando, saca una sonrisa al lector, pues no hay nada más irrisorio que la verdad sin adornos.

© Miguel Urda Ruiz

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2/01/2026

El accidente, Blanca Lacasa: al ritmo que la sociedad requiere




Hay veces que no son necesarias muchas páginas para notar el desenfreno narrativo y aceptar que te lleva al vacío. Hoy en día la sociedad tiene prisa, no se sabe para qué, pero todo debe ser inminente, y la primera novela que leo de Blanca Lacasa está impregnada de todo ello: prisa, inmediatez, urgencia. 

El amor es cobarde, pero a su vez es valiente y solo hay que saber de qué lado quieres estar o están los personajes. Y eso es lo que transmite la escritora, estar en el borde de la hoja de una espada donde dos personajes que se conocen, ambos con pareja y en los que comienza un amor, de esos que traspasan fronteras y que transmiten la sensación de estar más cómodo jugando al quiero y no puedo, antes que mojarse por completo o tomar una decisión, aunque se olvidan de que el instrumento sirva para hacer pupa, con mayor o menor intensidad.

La autora escribe con frases cortas, casi telegráficas, y en tercera persona, pues no desea impregnarse en lo que está contando, al igual que la sociedad, todo ocurre ajeno a todo y muy pocas personas actúan sobre algo ajeno. Aquí es igual, llamadas, canciones, idas, venidas, fichas de una vida para encajar a la perfección, aunque no siempre se colocan o usan de la forma correcta. Sin embargo, la historia la siento cobarde, sin atreverse a datar unos nombres: él y ella, son los personajes de la novela, aunque a su vez tiene sentido, pues puede ser cualquiera que habite en Madrid (ciudad donde se supone el desarrollo de la acción), pero los héroes y los perdedores suelen tener nombre. 

La novela apenas llega a ochenta páginas y puede leerse del tirón, pero eso no significa que no esté bien escrita. Conforme vas leyendo, y puede haber algún momento en el que te pierdas, aunque tengas la sensación de que está bien narrada y que esa confusión va a la par que la realidad de la protagonista, dado que hay momentos donde no sabe dónde está o qué hacer. Hay veces que lo quiere todo y hay veces que no quiere nada. Los personajes no hacen nada del otro mundo, solo reflejan lo que sienten.

Los primeros pasos del amor, no siempre son firmes, ni estables, ni siquiera a veces hay pasos, pues el susodicho llega y no te da tiempo a asimilar lo que ocurre y te arroja en los brazos del vacío, del infinito, de otro cuerpo. Con El accidente ocurre igual, no te da tiempo a pensar cuando estás teniendo uno y al darte cuenta estás llegando al final de la novela y es necesario volver a la acción de los personajes para entrar en su juego que no es otro que la vida misma. 

Habrá que estar atento a la prosa de Blanca Lacasa y por qué no a su próxima novela.

©Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía