5/26/2026

La puerta de la luna, Ana María Matute: una espectadora de la sociedad



Las últimas imágenes que tenemos de Ana María Matute desprenden un halo de ternura, y que más o menos puede asociarsea esa abuela con el pelo blanco y los bolsillos llenos de chocolatinas para repartirlas entre los chiquillos, pero es una imagen que nos aleja de lo que realmente esconde su figura: una de las mejores cuentistas de la literatura española del siglo XX y, sin su narrativa, España estaría carente de un pilar fundamental del conocimiento social. En su obra, Matute extiende la sociedad española de posguerra ante el ojo del lector sin ningún titubeo. No engaña ni defrauda. Es una espectadora de la sociedad real, enfocada en las injusticias; no hay mejor juez que un escritor en defensa de los derechos de los indefensos.

El libro que aquí nos ocupa, titulado La puerta de la luna, compila una serie de textos publicados por la autora entre 1947 y 1998, en los que se ha intentado clasificar por cuentos y artículos, pero es que recoge la esencia de toda su obra. Nos adentramos en él a través de unas historias escritas en los albores de su profesión y que podrían ser microrelatos, de apenas unas líneas como es El niño que era amigo del demonio El niño de los hornospara finalizar en relatos con una narrativa más construida, como puede ser Toda la brutalidad del mundodonde su narrativa adquiere una firmeza con sello propio y que la consagrara como uno de los pilares fundamentales de la literatura española.

La infancia ocupa gran parte de las narraciones y en ello puede apreciarse una advertencia hacia el futuro: no te creas que todo va a ser idílico; el ser humano no es lo que parece. Nos encontramos con que los niños tienen maldad, algunos de ellos intrínseca y otros la adquieren al ver actuar al adulto, tanto en la ciudad como en el campo; el abuso del rico sobre el pobre; el hambre, la religión, la dureza del campo, la frialdad social de la ciudad.

Matute, de una forma dulce, casi elegante, puede decirse, no duda en utilizar la crueldad en todas sus manifestaciones o formas, ya sea física o psicológica, lo cual muestra su firmeza a la hora de escribir. Sus historias abarcan todas las aristas del ser humano; no obstante, llega un momento donde sabes en qué desembocará el relato y que los hechos darán un giro, lo cual puede provocar un cansancio, pues sabes que de una forma u otra usará la crueldad con alguno de los personajes. 

El volumen hay que leerlo por partes o por etapas. Dejar que las narraciones reposen en la mente y, cuando la digestión esté hecha, volver a otra serie de cuentos. Ana María Matute es un binomio social y cultural que no admite duda o error alguno. Es una apuesta segura.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía











5/20/2026

El señor Fox, Joyce Carol Oates: la exigencia de una condición



Fue Hannah Arendt quien dejó claro que el concepto de condición humana puede ser maleable. Joyce Carol Oates es conocedora del ser humano y no tiene miedo ni le tiembla el pulso al teclear escenas duras, pero a su vez realistas que habitan dentro del individuo. El señor Fox es prueba de ello, donde nos encontramos una prosa blanda y blanca, aunque esto no quiere decir que esté exenta de dureza.

La escritora norteamericana recurre a un joven profesor de literatura de instituto ávido de éxito y prestigio, el señor Fox, para entrar en su cabeza y mostrar cómo actúa un pedófilo, ante sus alumnas y ante la sociedad; cómo funciona su mecanismo de manipulación, de elección de la víctima, cómo dominarla y a su vez dejando al descubierto sus vulnerabilidades; y  cómo es un depredador humano. Es tal la maestría de Joyce Oates, que a los pocos capítulos nos olvidamos de que el tema principal de la novela es el de un asesinato, porque va desmenuzando todos los segmentos posibles de una sociedad, la estadounidense, donde uno de los elementos que la constituyen es el reconocimiento de un triunfo. A través de sus personajes va desnudando las aristas de la sociedad norteamericana: una familia desestructurada, la autoestima y el universo adolescente, la doble moral en un instituto privado, la soledad de los padres divorciados ante un injusto divorcio, la forma de actuar de la policía, la cara oculta de Internet, entre otros.

Escribir una novela de setecientas páginas y mantener el ritmo narrativo no se consigue de manera fácil y gratuita para el lector y en sus páginas no hay nada gratis o que sobre. En sus últimas novelas, la escritora recurre a los párrafos cortos, que la ayudan a mantener el tono incómodo que exige lo que está contando. Todas las cartas de la historia están expuestas desde los primeros capítulos, para que el lector tenga claros todos los puntos de vista del narrador y no permanezca indiferente. Sabe lanzarle preguntas incómodas para que las revuelva desde su sillón de lectura. ¿Qué ocurre cuando existe un amor no reglado a ojos de la sociedad? ¿Quién es el malo en un caso así? Temas que no son nuevos para la literatura y los refleja en la novela, mediante las menciones del señor Fox de la novela de Kawata La casa de las bellas durmientes Lolita de Nabokov.

Esta historia podría calificarse como una novela poliédrica que comienza con un asesinato como excusa para dejar en entredicho la condición del individuo. Oates sabe manejar los hilos de la narrativa, dejando la opinión abierta, para que el sabio lector juzgue si el profesor Fox puede ser también una víctima más de la sociedad. Es una novela de fácil lectura, pero jamás serás un lector pasivo ante una novela de Carol Joyce Oates.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía 




5/14/2026

Historia del yoga, Alistair Shearer: una tradición supeditada al mercantilismo




La palabra "yoga" en Occidente, se asocia a posturas raras del cuerpo y silencio, lo cual no es cuestión de dirimir, aunque sí de profundizar en ello dado que es una disciplina arraigada en el tiempo.  En Historia del yoga. Desde la India antigua hasta el occidente moderno, nos encontramos una detallada cronología histórica, sin caer en datos engorrosos sobre el origen del ritual yóguico, hasta hoy en día, cuando se ha convertido en un fenómeno de masas.

El prólogo enfoca el contenido del libro para que el lector sepa a qué atenerse desde el principio: "Este no es un manual de instrucciones [...], sino que se plantea el porqué de las cosas". Dividido en dos partes: ayer y hoy. En la primera nos hace un recorrido por lo que se entendió por yoga desde la primera datación histórica (350 d. C.), y también el cambio de significado y sentido que tuvo a partir del siglo XV, con la colonización de la India por parte de los británicos; y en la segunda parte trata de desgranar lo que significa hoy la palabra yoga, cuando se ha convertido en algo tan manido y que se aleja de su motivación inicial. Pero hace especial hincapié en el afán de lo exótico que tuvo su auge a finales del siglo XIX, que promovió un cambio de paradigmas en la cultura tradicional, a lo que se sumó la invención de la fotografía, produciendo un contagio masivo por la curiosidad que muestran las fotografías por los yoguis en la India. Sin embargo, refleja cómo a partir de 1950 el yoga llega a Estados Unidos y pasa a controvertirse en un deporte de masas, teniendo en los años 80 a Jane Fonda como maestra de ceremonias de esta disciplina.

Es un libro que, a pesar de ser divulgativo, lo hace de forma amena, enfocado a mostrar curiosidades del arte milenario. A través de sus capítulos hace un recorrido por la relación que existe entre el yoga tradicional y el actual, la escasez de textos originarios que hablan sobre esta disciplina, cómo resultó ser algo exótico desde el descubrimiento de la fotografía y su transpolación a Occidente, en sus diversas modalidades (hot yoga, naked yoga...), y las desviaciones que existen bajo el nombre de yoga, la relación entre Freud y el yoga... es decir, un conglomerado de temas que nos proporcionan un conocimiento sobre el porqué de una tradición milenaria que tiene tanto auge en la vorágine que vive el siglo XXI.

Sin embargo, este despliegue argumentativo no responde a ninguna pregunta, ni apuesta nada, solo manifiesta al lector lo que significa la palabra yoga desde sus albores hasta el día de hoy, pero sí que puede entreverse una serie de reflexiones que no dejan indiferente al interlocutor, quien se supone debe practicar esta tradición o por lo menos tener curiosidad. ¿Es un deporte? ¿Por qué son del género femenino su mayoría de practicantes? ¿Es mental el yoga? ¿Qué quieren decir las posturas y bajo qué finalidad se constituyen? ¿Qué es el yoga en el siglo XXI?

Publicado por la editorial Trotta en la colección Pliegos de papel, con una traducción de María Dolores Ábalos, a la que acompaña un glosario y un apéndice a la edición española realizado por Javier Ruiz Calderón, quien aporta una documentada bibliografía orientada a los lectores de habla hispana con la finalidad de acercar el estudio de la disciplina aquí reseñada. Al acabar de leer el libro cuando se vea en parques, jardines o la playa a practicantes de esta tradición los vera de forma diferentes, pero sobre todo se preguntarán ¿que están haciendo?

© Miguel Urda Ruiz

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5/08/2026

El jardinero y la muerte, Gueorgui Gospodínov: un eslabón más de la vida




Está claro que el ser humano (el individuo) ante la llegada de la muerte no tiene derecho a réplica, sobre todo cuando el ciclo de vida se ha cumplido y solo queda administrar medicamentos y cuidados paliativos que alivian la llegada del momento final; Gospodínov, en El jardinero y la muertedespeja ciertas dudas sobre el momento final y deja entrever que uno, por mucho que sea consciente de ello, no está preparado para ver morir, en este caso, a su padre.

A través de una narrativa fragmentada, el autor, ya un hombre maduro, será el encargado mostrar los cuidados a su progenitor enfermo durante sus últimos días. Aunque pueda parecer un tema simple para una novela subyace una contrariedad de emociones ante algo para lo que la sociedad no nos prepara, más bien nos hace volver la cara. Recursos que el Gospodínov utiliza de forma honesta, directa y con sentido social para transpolar al lector sus sentimientos sobre la muerte de un progenitor desde el momento inicial de la historia. No obstante, deja en el aire preguntas que forman el binomio vida-muerte al saber que el avance de la enfermedad lleva a construir de forma apresurada e imprevista una nueva rutina familiar sin ser consciente de ello. ¿Qué se siente cuando tienes que ponerle los pañales a tu padre? –incluso está la paradoja del ciclo vital: nada más llegar al mundo te colocan unos pañales y te vas con ellos al final–, ¿siente el enfermo humillación al verse atrapado por la enfermedad? ¿Qué se hace con las medicinas de papá cuando ya no está? ¿Qué se hace al final de una vida?; ¿es necesario sentirlo?

Pero no todo es enfermedad, Gueorgui Gospodínov juega con los recuerdos para construir la historia de la familia. El socialismo, el colegio, los viajes, los sueños que se tienen en la juventud, el jardín de su padre, las flores y frutas plantadas. El final, justificado o no, queriendo o no, llega y solo queda aceptarlo, y es ahí donde pone el énfasis: ¿se debe vivir del recuerdo? ¿Es bueno o es malo recordar al padre? ¿Se mitifica al fallecido? ¿Hay una intención justificativa al visitar la tumba? Y que  es necesario saber soltar la mano del fallecido, dando paso al relevo generacional.

Es el autor mismo quien confiesa que no sabe qué novela ha escrito con El Jardinero y la muerte. Si de memorias o elegíaca. Lo importante es que la prosa de Gospodínov es uno de los descubrimientos más impactantes que desde hace tiempo. Es una novela que será más comprensible o cercana para quienes han pedido o han pasado por la pérdida de un ser querido en su vida. Para quienes la lean sin el requisito de esa pérdida, tal vez podría resultar incompleta.

© Miguel Urda Ruiz

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5/02/2026

Los enanos, Concha Alós: las miserias de una dictadura



La literatura española tiene deudas con muy buenos escritores, bien por ser relegados a un segundo plano o al olvido, como ha ocurrido con la escritora valenciana Concha Alós. Mi primer acercamiento a su obra fue con Las hogueraspremio Planeta en 1964, comprada en una tienda de segunda mano donde el lote de cinco libros costaba tres euros. Lo leí y me gustó su prosa, pero a su vez había algo que no me convenció, aunque por los avatares del momento no pude detenerme a pensar en ello; sin embargo, al entrar en esta novela volvieron todas aquellas dudas que han ido respondiéndose por sí solas.

En Los enanos asistimos a un mundo familiar para los lectores: una pensión. Hablar de una pensión en nuestra literatura es mirar a Camilo José Cela, con su Colmena, pero me atrevo a ir más allá y mirar al cómic, a la obra de Francisco Ibáñez, 13 Rue del Percebecuyos protagonistas son los vecinos que conocemos todos. La obra de Alós está ambientada en la Barcelona de posguerra; con un trasiego de personajes continuo, nos cuenta la vida de cada uno sin apuros o concesiones y sin dejar ningún tema al aire. Por sus páginas pasamos por el maltrato a la mujer, las cucharas en la cocina, la virginidad, el ser madre soltera, cuestiones raciales, incluso por tabúes sexuales con la proposición de un trío.

Concha Alós fue una escritora culta, ajena al mundo argumental doméstico que la narrativa de la época imponía, cosa que se percibe en sus obras, donde nos lleva de primera mano a conocer las miserias que vivía la clase trabajadora e intentó ocultar. Pero a su vez tocó temas que dejaban en ridículo a la censura, pues habla de Eichmann con total libertad, dejando entrever que no  tenían conocimiento de él ni de lo que hizo; o del cuento japonés sobre el abuso infantil, cuyo sentido tampoco tuvieron que entenderlo, pero el hecho de tratar temas directos como la prostitución, el ser madre soltera, la lucha de clases o las injusticias sociales no gustó nada al régimen y su obra fue relegada a un cajón. No fue hasta el año 2016 que la editorial Recalcitrantes rescató Las hogueras, aunque la actividad de la editorial cesó, siendo en la actualidad la editorial La Navaja Suiza la encargada de publicar su obra.

Escribo esta reseña en pleno 2026 y han pasado más de sesenta años desde la publicación de Los Enanos, y es con la que ganó por primera vez el premio Planeta, cuando se otorgaba a la calidad narrativa, pero no pudo aceptarlo al tener un contrato con la editorial Plaza & Janes, quien hizo valer sus derechos. Y en este tiempo el lenguaje ha cambiado, se percibe nada más entrar en sus páginas, y no es que ahora se escriba o hable diferente, sino que repite la misma técnica expresiva en frecuentes ocasiones; el uso de adverbios no está controlado, por ejemplo, pero ello no quita que la novela sea un fiel reflejo de la época y cuente la realidad social de un país donde las secuelas de una guerra civil estaban muy presentes y el verdadero intento del individuo era "vivir".

No me ha defraudado la escritora valenciana; es más, reivindico la difusión de su obra, dado que refleja una mirada moderna, real e incisiva de unos personajes que, sin pretenderlo, fueron los pilares en los que se asentó una sociedad extinta de libertades. Sería una buena forma de redimir el injustificado olvido que padeció Concha Alós.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía