Salvo
cosas muy puntuales, no suelo leer ninguna novela que no tenga menos
de cinco años de antigüedad.
California, de Rubén
Abella, es una excepción, apenas lleva un mes en el mercado. Ha sido
publicada por la editorial Menoscuarto.
Conozco
a Rubén Abella como profesor de Literatura Mundial del siglo XX y no
es por este motivo por el que me he comprado su último trabajo,
sino porque su anterior
novela El libro del amor
esquivo me dejó atrapado
en una sorpresa continua donde me demostró con una habilidad
profesional –propia del mismísimo Luis García Berlanga– la
maestría que posee para manejar a los personajes a su antojo.
California
es
una recorrido por tres
generaciones de emigrantes, pero es en la última
donde se
fija para desarrollarla a través del protagonista principal, César
O´Malley, en la que nos radiografía
los últimos cuarenta años de nuestra sociedad. Una sociedad a la
que enseñaron que solo había un camino posible: el de triunfar;
donde se tenía la obligación de vivir deprisa para alcanzar el
éxito y donde todos debíamos de ser ganadores. Es una carrera para
ser aspirante a ganador perpetuo sin llegar a pensar que a la vida no
se la puede mirar de reojo o esquivar lo que tiene prefijado para ti
porque es ella
quién estable las leyes
y por más que la rehuyas habrá que acabar acatadola como le ocurre
a César M´alloy.
La
novela nos muestra la evolución de las relaciones: desde las de
amistad, –desde la infancia, que son las que más perduran en el
tiempo, a pesar de que haya tiempos muertos entre ellas, y que en un
principio parecía desembocar en un ajuste de cuentas como ocurre en
A la luz de los candelabros
de Sandor Márai (título que ha sido reeditado por Salamandra como
El último encuentro
y no me convence)–; de pareja,... Y el peligro de conocer en
persona al autor es que te identifica con el personaje y te pones a
buscarle la similitud con el protagonista. Y sin querer, me he visto
a Rubén Abella perdido en Disneylandía esperando a sus tíos, o en
la reunión de compañeros del colegio en el veinticinco aniversario,
o tarareando a Sting.
Es
una historia que deja con la intriga y con la curiosidad de saber más
de las dos generaciones anteriores: de los abuelos de César y de los
padres, incluso me gustaría tener una narración desde el punto de
vista de la mujer del protagonista, quién está siempre del lado
del ganador. Rubén Abella consigue en el último tramo narrativo que
la acción tenga un toque trepidante, propio para una película, para
que no dejes el libro hasta llegar a la última página y sin
descuidar un momento la prosa, que la considero ágil, ligera y
centrada en lo que quiere contar. Sin embargo, pienso que a la novela
le falta una vuelta más en el asador narrativo o en el cajón de
reposo, le veo demasiados incisos explicativos entre rayas que yo
creo que, con otra relectura y revisión, podrían haber encajando
perfectamente en la narración.
Pero
insisto, California es
una buena novela, con guiños a los juegos que la vida nos arroja
sobre su tablero y que nos provoca reflexiones sobre si un ganador es
realmente un ganador o si un perdedor es realmente un perdedor.
©
Miguel Urda Ruiz
Texto e Imagen