7/13/2024

El atuendo de los libros. Jhumpha Lahiri: La vestimenta de un libro



¿Cuál es el factor principal que nos influye a la hora de comprar un libro o mejor dicho una novela? ¿su cubierta? ¿su contenido? ¿ser de un autor concreto? Estas son las premisas en las que Jhumpa Lahiri se basa para escribir el ensayo El atuendo de los libros, publicado por gris tormenta.

Jhumpa Lahiri es una autora de origen bengalí, pero nacida en Reino Unido con dos etapas bien diferenciadas en su producción literaria. Una primera con una narrativa muy consolidada y escrita en inglés; en el año 2015 se trasladó a vivir a Italia y comenzó a escribir en italiano, sin llegar a conseguir la misma línea de calidad que sus primeras narrativas, además de ir probando nuevos terrenos literarios, pero que desembocan en nada o da la sensación de ir dando tumbos. Lo cual te remite a la duda sobre la impregnación de la cultura e idioma en el seno del escritor y cómo le afecta. 

En el ensayo aquí reseñado Lahiri entra en algo tan esencial y desconocido como es el aspecto exterior, algo fundamental de un libro: las cubiertas. La cubierta de un libro suele confundirse con la portada que se encuentra entre la página tres a cinco e incluye el título, autor (traductor si lo hay) y editorial, mientras que la cubierta es, digamos, la parte bonita del libro y lo primero en lo que se fija nuestra mirada.

En sus páginas habla de lo que siente cuando el libro deja de ser suyo y pasa a manos de sus editores y personal correspondiente, para diseñarlo y ponerlo a servicio del lector. Aunque no siempre es igual y exige su participación en la vestimenta del libro, ya sea por motivos personales o porque la editorial quiere de su participación; muestra su impresión al ver la misma novela publicada en diferentes países e idiomas y con portadas diferentes, donde a pesdar de ser el mismo parece otro; sobre cómo las editoriales utilizan una cubierta diferente para la edición de bolsillo o tapa dura, por cuestiones de marketing e incluso pasa por la función de las cubiertas en el formato electrónico y si son necesarias y si producen la misma emoción que una cubierta física. 

Una cubierta emociona, es la puerta a descubrir o adentrarte en un mundo nuevo y que establece la relación entre el libro y el lector. A pesar de ser independiente del libro –tiene su propia vida–, pero forma parte del todo. Un libro sin cubierta, en la actualidad, no dice nada e incluso lanza al lector el interrogante de si el libro no tuviese ningún indicativo externo sobre su lectura, sino que fuese en blanco y lo único que tienes que hacer es adentrarte en sus páginas ¿cómo reaccionaría? 

Sin embargo, y al hablar del interior del libro me chirría la forma que tiene la editorial gris tormenta de alinear sus textos: a la izquierda, lo cual –quiero pensar que sí– que es conocedor de que para que haya una lectura eficaz, continúa y sin distracciones el texto debe estar correctamente marginado. Pero no, gris tormenta lo margina a la izquierda, con lo cual no ayuda a su lectura. Una editorial, además, con una línea de edición sobre la cultura literaria, que no nos muestra el reflejo de lo que se nutre. 

El ensayo El atuendo de los libros no deja indiferente y nos remite a la mejor prosa de Jhumpa Lahiri, además permite que conozcamos algo más del mundo del libro, del cual no es común ser partícipes o conocedores. 

© Miguel Urda Ruiz

Texto e Imagen

7/07/2024

Un invierno en los Alpes, Zofia Nałkowska: El tiempo sin instrucciones de uso



 


Mientras transcurre la lectura de Un invierno en los Alpes de Zofia Nałkowska, me vienen dos cosas a la mente, parece una novela en la que no ocurre nada, y sus personajes solo se limita a observar el paso del tiempo; y en segundo lugar nos preguntamos si realmente estamos leyendo una copia a menor escala de La montaña mágica de Thomas Mann.

Y así es, en la primera lectura de la novela, el argumento puede sintetizarse en que no ocurre nada, algo que va en contra de lo que establece o exige la narratología como base de una novela: una evolución en un personaje. Es una novela coral, lo cual establece ya un punto de partida, el de que las cosas no van a ser simples. 

Escrita en capítulos cortos, a través de un conglomerado de personajes, representados por diferentes nacionalidades y hospedados en un hotel de montaña. Zofia Nałkowska con esto hace un pormenorizado análisis de la Europa de entreguerras, tocando temas espinosos como el genocidio armenio, o el exilio. La prosa de la escritora polaca parece estar impregnada de talco. Se nota su presencia, pero no mancha. De fácil lectura, incluso hay momentos donde llega a parecer insulsa –pero no aburrida–, con un sustrato narrativo que vertebra la duda sobre leído y nos obliga a volver a ella, para encontrar que esa capa dialogística está sostenida por una ideología que aboga por un consenso de paz y convivencia común. La guerra provoca heridas y todos los personajes tienen secuelas y buscan algo por lo que luchar, aunque solo se trate de vivir el instante o momento. Nałkowska al igual Mann dejan claro que el paso del tiempo es un arma difícil de manejar y viene sin instrucciones de uso.

En la fecha de su publicación se habló sobre el posible plagio a Thomas Mann, pero, aunque ambas novelas tratan un tema bastante similar, son muy diferentes. La duda sobre por qué la autora escribió una novela cuyas miras estarían siempre puestas a la referencia de Mann, es una incógnita y además, en un tiempo próximo, pues solo hay una diferencia de diez años entre una y otra publicación. Lo primero que destaca es su extensión. Una novela de doscientas cinco páginas frente a la de mil cuarenta y ocho del escritor alemán. Lo único que tienen en común es el desarrollo de unos personajes en convivencia dentro de una heterotopía, con sus propias normas y sus propias leyes.No encontramos un capítulo que no cumpla una función y sirva de engranaje con el personaje siguiente. Paseos, comidas, bailes... todo lo que se permite dentro de una residencia en pleno invierno suizo y con la finalidad de consumir tiempo.

De la obra de Zofia Nałkowska en España solo hay tres títulos traducidos: el libro de relatos Medallones publicado enMinúscula, Frontera y Un invierno en los Alpes, ambas en Báltica Editorial. 

El tiempo es como una novela. Solo hay que consumirlo ya sea con Zofia Nałkowska o Thomas Mann. 

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía

7/01/2024

Estampas bostonianas, Rosa Montero: la convulsión del tiempo


Estampas bostonianas recoge siete reportajes que la periodista Rosa Montero escribió para el diario El País a lo largo de dos décadas. En formato libro fue publicado en el año 2002 y han pasado veinte años de su publicación y otros veinte años desde la publicación del primer reportaje, que vio la luz en 1979. Estas letras las escribí en la primavera del 2024 y lo que siento al leerlo es la viveza de esas historias, e intentar recapacitar sobre el paso del tiempo, y hacia lo que cuenta la periodista madrileña en dichas páginas.

A través de una prosa intrépida, directa y vivaz Rosa Montero hace un recorrido por puntos geográficos muy dispares entre sí: Boston, Irak, Australia, Alaska, China, Sahara y Canadá (Iqaluit, esquimales), con un punto de conexión vital: mostrar la realidad tal como la ven sus ojos en ese momento concreto en que le han encargado el reportaje. Por ejemplo, vemos el comportamiento del hombre en situaciones extremas, ya sea por el frío o calor y su adaptación a tales extremos climáticos; la forma de recibir la política en países dictatoriales; la idealización que tenemos de algunos paisajes dada su lejanía geográfica.

Que el tiempo ha transcurrido lento o deprisa, y pasado por la sociedad, que a día de hoy parece convulsa demuestra que ya lo era tiempo atrás. Solo hay que echar una lectura al reportaje sobre Irak, publicado originalmente en 1979 o sobre China que vio la luz en 1996, para cotejar los cambios existentes entre dichos momentos y la actualidad, cuando acabamos el primer cuarto del siglo XXI. Siglo que llegó rebosante de tecnología y con prisas. Cada sociedad lo asumió como pudo y a su forma, pero el ayer tiene su propia nomenclatura y no hay que eludir, sino aprender de ella y saber que el periodismo las cuenta tal y como son.

Todo sigue siendo dispar y controvertido. Encontramos un testimonio periodístico que recurre a la duda, de si aquellos tiempos eran mejores o cómo serán ahora aquellas zonas o personas que muestra la escritora. Es un libro con un valor periodístico y antropológico constatado y coloca al lector en posición para que saque sus conclusiones sobre la situación que cuenta. 

Rosa Montero es periodismo con mayúsculas, aunque hayan pasado veinte o cuarenta años.

Solo hay que inmiscuirse en sus páginas.

© Miguel Urda Ruiz

Texto e imagen