Solamente con ver y tocar el libro ya se sabe que su interior no va a defraudar. Publicado por Siruela, Los placeres de la literatura japonesa de Donald Keene recoge cinco conferencias impartidas entre 1986-87 en instituciones de Nueva York y Los Ángeles sobre la poesía, el teatro y la narrativa, destinadas a un público en general; a pesar de que trataba sobre géneros de carácter tradicional, es decir, anteriores a la Restauración Meiji, donde todavía la huella europea no había ejercido influencia. Es un libro necesario para entender el gusto japonés por lo sencillo y el arte efímero, dado que busca la emoción, algo que solo se consigue una vez, cuando se contempla.
En la actualidad, Japón está de moda y a todo lo que viene de allí se le presta una atención especial, pero es difícil entender el gusto actual nipón sin tener algunas nociones de la estética tradicional. Keene, autor reconocido en literatura japonesa, toma como valores para construir sus disertaciones la obra Ensayo de la pereza de Kenko (h. 1330), donde define los cuatro parámetros incuestionables con los que debe contar una obra, siendo estos: irregularidad, sencillez, impermanencia y sugestión. Hace un trazado por las obras más significativas de la poesía, pero deja claro que el sentido que tienen hoy en día ha cambiado del que tenían en la época feudal; los teatros de máscaras parecen obsoletos cuando se representan, quedando solo para entendidos, pero sí que toman prestados elementos para el teatro de hoy en día, o, como viene siendo habitual, el presente no sería nada sin el pasado. En la narrativa, el autor norteamericano hace un recorrido breve, pero primordial, desde las primeras obras de Ki no Tsurayuki en el año 906, pasando por la obra cúspide de la narrativa japonesa, como es La historia de Genji de Murasaki Shikibu. Es decir, Keene no se adentra en analizar las obras con una minuciosidad de detalles, sino que deja patente el porqué y la causa que motivó que floreciera cierto género en cuestión y la repercusión que ha llegado a tener hoy en día. A pesar de que ha pasado tiempo desde estas conferencias, Japón no se ha quedado rezagado en el arte de crear; sí que su forma de hacer arte (literatura incluida) sigue teniendo presente las fuentes (imaginarias o no) del pasado.
El libro aporta una profusa bibliografía de todos los géneros que aporta el autor, pero el traductor, Julio Baquero Cruz, hace una compilación para el mundo hispánico, muy a tener en cuenta. No es un libro para mayorías, pero tampoco para minorías, sino para todo aquel que sienta curiosidad por la literatura nipona y para aquellos que quieran ampliar su bagaje literario en cultura oriental. Pero permítanme una recomendación: antes de entrar en leerlo, cójanlo en sus manos, miren las páginas, la textura, las palabras; disfruten de la estética japonesa en Siruela y verán que se cumplen las palabras iniciales.
©Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía