Las últimas imágenes que tenemos de Ana María Matute desprenden un halo de ternura, y que más o menos puede asociarsea esa abuela con el pelo blanco y los bolsillos llenos de chocolatinas para repartirlas entre los chiquillos, pero es una imagen que nos aleja de lo que realmente esconde su figura: una de las mejores cuentistas de la literatura española del siglo XX y, sin su narrativa, España estaría carente de un pilar fundamental del conocimiento social. En su obra, Matute extiende la sociedad española de posguerra ante el ojo del lector sin ningún titubeo. No engaña ni defrauda. Es una espectadora de la sociedad real, enfocada en las injusticias; no hay mejor juez que un escritor en defensa de los derechos de los indefensos.
El libro que aquí nos ocupa, titulado La puerta de la luna, compila una serie de textos publicados por la autora entre 1947 y 1998, en los que se ha intentado clasificar por cuentos y artículos, pero es que recoge la esencia de toda su obra. Nos adentramos en él a través de unas historias escritas en los albores de su profesión y que podrían ser microrelatos, de apenas unas líneas como es El niño que era amigo del demonio o El niño de los hornos, para finalizar en relatos con una narrativa más construida, como puede ser Toda la brutalidad del mundo, donde su narrativa adquiere una firmeza con sello propio y que la consagrara como uno de los pilares fundamentales de la literatura española.
La infancia ocupa gran parte de las narraciones y en ello puede apreciarse una advertencia hacia el futuro: no te creas que todo va a ser idílico; el ser humano no es lo que parece. Nos encontramos con que los niños tienen maldad, algunos de ellos intrínseca y otros la adquieren al ver actuar al adulto, tanto en la ciudad como en el campo; el abuso del rico sobre el pobre; el hambre, la religión, la dureza del campo, la frialdad social de la ciudad.
Matute, de una forma dulce, casi elegante, puede decirse, no duda en utilizar la crueldad en todas sus manifestaciones o formas, ya sea física o psicológica, lo cual muestra su firmeza a la hora de escribir. Sus historias abarcan todas las aristas del ser humano; no obstante, llega un momento donde sabes en qué desembocará el relato y que los hechos darán un giro, lo cual puede provocar un cansancio, pues sabes que de una forma u otra usará la crueldad con alguno de los personajes.
El volumen hay que leerlo por partes o por etapas. Dejar que las narraciones reposen en la mente y, cuando la digestión esté hecha, volver a otra serie de cuentos. Ana María Matute es un binomio social y cultural que no admite duda o error alguno. Es una apuesta segura.
Texto y fotografía