La cuestión no es qué decir o qué hablar sobre La montaña mágica de Thomas Mann, sino qué no se ha dicho sobre la novela para poder escribir sobre ello. Y en cierta medida da igual lo que se haya escrito sobre ella porque, como buena literatura que es, tiene multitud de interpretaciones y en esta sección solo puedo dar la mía.
Si tuviese que definir el argumento de la novela, diría que es como la sociedad se enfrenta a la enfermedad del tiempo. Porque uno llega a la conclusión de que el tiempo lo es. Tanto si se tiene de sobra como si falta. El tiempo es el vil problema de la sociedad. A raíz de la estancia para unas pocas semanas de (que pasan a ser años) Hans Castorp, en el balneario se extiende sobre la historia una serie de temas que, para el momento en que se escribió, resultaron espinosos o, por lo menos, no sucintos de críticas.
La novela no engaña desde el primer momento, aunque solo sea por su grosor. Hay tochos novelescos catalogados en el bestseller que se leen sin un ápice de atención, mientras que aquí sucede todo lo contrario: la atención tiene que estar puesta desde el momento que se inicia a leer la introducción del autor. Escrita a lo largo de once años, aunque con momentos de pausa, se percibe en sus páginas cómo el autor tuvo que ir modificando ciertos pensamientos conforme los hechos históricos iban tomando forma. Por sus páginas está el amor, la enfermedad, el tiempo, la humanística, la religión, la magia, el espiritismo, el antisemitismo, la simbología, la homosexualidad, la música... pero bajo todos ellos subyace la idea de una Europa enferma cuya eclosión será la Primera Guerra Mundial. A partir de ese momento todo será diferente y las secuelas serán de enorme envergadura.
Al finalizar la novela, uno tiene la sensación de que no sabe si lo que tiene en su haber son más preguntas o respuestas. ¿Qué he leído? Y no tengo una respuesta simple, sencilla y sobre todo directa: la enfermedad del tiempo. A pesar de ello, el lector es el principal perjudicado de las tribulaciones del protagonista principal, porque no sale indemne de esta lectura. A favor o en contra, tiene una opinión sobre la historia que desarrolla Thomas Mann y que un lector tenga que posicionarse de forma obligatoria sobre una novela no se consigue de manera fácil.
A raíz de La montaña mágica surgió con más énfasis, un género novelístico llamado "novelas de sanatorios", que hoy en día tiene su vigencia, aunque de forma más comedida. Cabe destacar la novela de la escritora polaca Sofía Nalkowska, Invierno en los Alpes, que fue publicada casi a la par que la de Mann y refleja de forma más realista la fragmentación de Europa dentro de un hotel de montaña; y el autor español Camilo José Cela con su novela Pabellón de reposo, donde la crudeza de los hechos narrados es fiel reflejo de la realidad causada por la Guerra Civil española; o más reciente, la Premio Nobel, Olga Tokarczuk, con Tierra de empusas, que nos traslada a 1913 en Sajonia y que enlaza una conversación indirecta con la novela de Mann.
Leer las algo más de mil páginas de las que consta La montaña mágica no es fácil, y la narración, hay momentos donde se hace pesada. Los tiempos han cambiado y hoy en día el lector no necesita una descripción pormenorizada de cada acontecimiento o lugar. Pero ello no quita que sea una obra de obligada lectura para todo escritor, ya sea aprendiz o profesional. En sus páginas está toda la esencia de la narrativa: las descripciones, los personajes, los temas, los argumentos, el tiempo narrativo, etc. ¿Se le puede pedir más a una novela? El remedio a la enfermedad te lo da la propia novela: tiempo. ¿Qué sería de la vida sin tiempo para leer? Todo lo demás sobra.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía

