Si mal no recuerdo, comencé a leer a Haruki Murakami por el año 2006 con Tokio Blues (Norwegian Wood) y desde entonces siempre me surge la misma duda. ¿Son los personajes lo que te atrapa o es la trama que los envuelve? En cualquier caso, siempre hay que leerlo y, desde que sus novelas comenzaron a tomar autonomía, sobre todo en Occidente, es catalogado como bueno, incomprensible, raro, mágico, ... y así podría seguir llenando toda la hoja de esta reseña para definir al escritor japonés, pero la cuestión es que sus historias no dejan indiferente a nadie y hoy en día sus libros son éxitos de ventas, pero acompañados de la palabra calidad narrativa.
Después del terremoto es un libro que se publicó originalmente en el año 2000 y en España trece años más tarde, y está compuesto de seis relatos que tienen como epicentro vertebral el terremoto de la ciudad japonesa de Kobe, en 1995, pero no versa sobre dicho fenómeno geológico natural. Dentro nos encontramos la idiosincrasia narrativa del universo Murakami y el lector sabe desde el primer momento que no le queda otra que aceptarla, aunque sin llegar a la complejidad que ostentan sus novelas y que no extrañará al lector que haya leído algo de él; por sus páginas pasamos entre un elenco de individuos de la sociedad nipona que convergen en la cotidianidad y que es perfectamente traspolable a Occidente. Un grupo de amigos cuya juventud no sabe que el destino es quien juega su última carta; una mirada al avance de la tecnología médica con una investigadora, un hombre que hace hogueras frente al mar, o la responsabilidad que el autor le otorga a una rana (dicho animal en Japón es representativo de la falta de inteligencia) y un gusano para salvar al mundo.
Si en las novelas es constante el guiño hacia el jazz y hacia la literatura, aquí no es menos. Por sus páginas hay guiños también a Jack London, Dostoievski; o del jazz, que quizá pueden pasar desapercibidos para el gran público: Errol Garner, Lionel Hampton... Leer a Murakami es disfrutar de un compendio de sentidos variados: conocer un poco mas al país nipón, la buena literatura y jazz, así como de la vida sin cuestionarse nada más. Después del terremoto, no deja indiferente; la mayor consecuencia es inmiscuirse en el universo de un Murakami apto para todos los públicos.
©Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía