El escritor sueco Lars Gustafsson deja patente en esta novela, Muerte de un apicultor, que morir y muerte son dos palabras con significado diferente, pero les rige el mismo denominador común: su llegada. Escrito con un estilo directo, sencillo, que no pobre, nos acerca de una forma digna a los últimos momentos de una vida que no ha sido ni fácil ni compleja, sino una vida donde la única finalidad fue vivir. Algo tan simple, pero que a veces se nos olvida.
El protagonista puede definirse como el arquetipo de personaje sueco, donde el frío instalado en su país permea al individuo y lo manifiesta en su relación con los demás. A través del recorrido de tres cuadernos de colores diversos y escritos por él, y en los que en ningún momento se dice que sea el autor, nos muestra cómo es conocedor de una enfermedad con un final cercano. Con extensión irregular y dependiendo del hecho que quiere contar: la llegada de una carta que no abre, el perro, las abejas... no son un diario, ni una cronología exacta de los hechos de su vida, sino anotaciones que va escribiendo conforme le va aconteciendo la vida. Recogen gestos cotidianos, sin pasar la línea autobiográfica; escribe porque quiere recoger ese pensamiento momentáneo, el dolor que le provoca la enfermedad o el sentimiento que le produce tener que tomar una decisión respecto al perro, por ejemplo. Y aunque al lector, al tener el libro en las manos y ojearlo, pueda darle la sensación de que sea algo deshilachado, no lo es; ya que tiene un sentido compacto y acorde con la finalidad que quiere contar.
Lars Gustafsson, además de novelista, es poeta y filósofo, cosa que queda patente en esta novela (es la única que he leído de él, por el momento), pues consigue transmitir al lector una serie de inquietudes que abren en el lector una serie de interrogantes sobre la novela y, por lo tanto, sobre la vida: ¿hay que estar preparado para la muerte? ¿Por qué llega cuando llega? ¿Por qué suele ir acompañada de una enfermedad? ¿Qué sucede con los vestigios que deja cuando parte? ¿La muerte deja atrás un cuerpo o una vida? ¿O la vida es un cuerpo? Todo ello transitado por los recuerdos de su vida. No obstante, y a pesar de que trata un tema que parece ser el anverso de la sociedad que no quiere afrontar, considero que es una novela que transmite una mirada cálida de lo que es, o ha sido su vida y del ¿inesperado? final. Este volumen corresponde a la última parte de una pentalogía, aunque con lecturas independientes y, como dice el autor en su contracubierta, "las luces se van apagando una a una".
Publicado en Nórdica Libros, en el año 2006 por primera vez, cuenta con la traducción de Jesús Pardo. Editorial que, con éxito, ha conseguido dar a conocer y acercar la literatura nórdica a nuestro país. Algo por lo que siempre habrá que estar agradecido. Así como a Lars Gustafsson por mostrar que la vida no solo tiene una cara.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía