viernes, 2 de julio de 2021

Medallones, Zofia Nalkowska: La realidad del dolor




En la literatura del Holocausto hay eje referencial que es Primo Levi y su trilogía Si es esto es un hombre, pero es precisamente una mujer Zofia Nalkowska, (1884-1954) nacida en Varsovia, quién muestra el dolor de la barbarie cuando se acopla a la rutina del día a día. Apenas hay información sobre la autora en nuestro país. Con una obra literaria considerable sólo hay dos narraciones publicadas en español: el libro de relato Medallones y la novela Invierno en los alpes, que recoge una perspectiva de la sociedad europea en 1925 mediante los huéspedes de un hotel en los Alpes suizos.

¿Qué ocurre cuando el dolor y horror social se convierte en algo cotidiano? Cuando incluso los causantes de ello se asombran, Hasta un alemán se espantó al verlo. Esta frase pertenece al libro aquí reseñado y recoge la síntesis de lo que hay dentro de él. Un dolor que viene promovido y acompañado por ideas políticas y religiosas.

Medallones fue publicado por primera vez en 1946 y traducido al español en el año 2009 por la editorial minúscula.Contiene ocho relatos cortos, de no más de cinco páginas cada uno, pero que no por ello están ausente de intensidad narrativa. La escritora participó en la comisión encargada de investigar los crímenes nazis en Polonia, lo cual sirvió como base documental para los relatos. Con un estilo, en apariencia simple, la autora va desgranando el engranaje del terror y su aplicación a los miembros de la sociedad que consideran no válidos. Por sus páginas pasamos por una fábrica de jabón, por un cementerio donde lo más atípico es que alguien muera de forma natural, por una rotura de rodilla, por las ruinas de un palacio.

Son relatos que parecen inocentes y que consiguen hacernos partícipes de ese dolor cotidiano que impregna el miedo político y todo ello sin cuestionarnos nada, porque en el momento que nos ponemos a leer, sabemos que aquello ocurrió. Que la realidad está impregnada de barbarie. Qué el hombre y su ideología es posible de eso y más y por mucho tiempo que pase quedará una huella imposible de borrar.

La guerra es un enemigo ideológico promovida por el hombre; la literatura de Zofia Nalkowska recoge la injustificación de porqué una guerra. Medallones es un libro de relatos breves, que no pueden leerse de un tirón. Hay que reposarlo, sentirlo, vivirlo y si es necesario llorar. 

El gran peligro de la literatura es que a veces nos olvidamos que es verdad.


                                                                                                       © Imagen y texto, Miguel Urda Ruiz




lunes, 22 de febrero de 2021

Miguel Torga: la construcción de un héroe

 



La literatura portuguesa es una joya sepultada o desconocida para el mundo occidental. ¿Quién conoce a Miguel Torga? ¿Es conocida para el gran público alguna obra suya? ¿Acaso nos suena su nombre?  El señor Ventura, publicada en 2008 por la editorial Punto de Lectura, es una novela que sorprende y que hace cuestionarse al lector cosas relativas al por qué son relegadas u olvidadas de la primera línea de recomendaciones del canon literario.

Bajo el seudónimo de Miguel Torga se esconde el escritor Adolfo Correia da Rocha, quien tuvo una vida que perfectamente podía ser representada por el personaje de su novela o viceversa, planteando el interrogante de si esta novela fue escrita a modo de autobiografía. En su prólogo que está  Escrita de una sentada en 1943, pero no por ello esta exenta de calidad, y en ella nos encontramos a la esencia del alma portugués: viajera, sentimental, enraizada a la tierra. Concretamente, dicha novela narra las vivencias del Sr. Ventura que ansioso por descubrir (¿la vida?) recorre el mundo con todo lo que ello conlleva, viviendo momentos de fortuna y de sin sabores amargos o dulces.

Con capítulos cortos, secuenciales y con un narrador en tercera persona hace que sea una novela de fácil lectura, y que exista una permanente ebullición de acontecimientos que no deja reposar al lector y lo adentra dentro de las aventuras del protagonista. Miguel Torga utiliza un lenguaje simple, directo y lleno de pinceladas de humor, para agilizar a la prosa. Sin ser una novela de aventuras se vive como tal. Nos encontramos viajes en barco; la curiosidad que provoca el mundo asiático; los bajos fondos; el amor correspondido y no correspondido; la infancia. El escritor portugués no va a la búsqueda de un Ulises ni a un Quijote, sino al alma portuguesa que ya de por sí es un propio héroe, al tener que subsistir para intentar sobrevivir en un mundo lleno de lagunas que abocan al olvido. Es una historia de construcción del héroe, del alma portugués, de un milagro.

El autor refleja que toda persona tiene sueños en la primera etapa de su vida pero conforme esta va transcurriendo estos se olvidan e incluso si se cumplen hay que buscar en el recuerdo que una vez se tuvo. En el fondo la novela es un viaje, un viaje de un alma portugués que no se contenta con su destino y quiere desafiar a la Diosa Fortuna. Queda en manos el lector decidir si lo ha conseguido o no, o si el regresar a casa (en todo viaje hay un regreso aunque sea imaginario) te convierte en perdedor. 

Una novela curiosa, diferente y atractiva, sorprendiendo sobre todo al lector.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y foto




martes, 2 de febrero de 2021

El amor del revés: emulando a Andersen




¿Qué se espera de una novela confesional cuyo protagonista/autor es gay? El amor al revés de Luisgé Martín nos cuenta la vida de un escritor desde su descubrimiento de su condición sexual, hasta que contrae matrimonio. Publicada en Anagrama, esta narrada en una prosa de calidad, cuidada y esmerada que facilita al lector su inmersión en el mundo interior de un chico homosexual en el Madrid de las postrimeras del siglo XX.

En la primera parte, el autor se detiene a narrar con minuciosidad sus miedos, el descubrimiento de su orientación sexual, los primeros filtreos con el sexo, el sabor de la infelicidad que le acarrea ser homosexual, su formación como persona. El sentirse como un bicho raro de la sociedad por mostrar interés por personas de su mismo género. Incluso llega a cuestionarse si la homosexualidad es una enfermedad y se formula la pregunta que aparece cuando llega algo desconocido y no sabemos cómo afrontarlo ¿Por qué a mi? ¿Por qué soy gay? Hay una lucha interna del protagonista con sus miedos, con su condición sexual, con la sociedad la cual lo califica como "el raro" al ser diferente a lo establecido por el canon o estatus social imperante.

El autor refleja el ambiente homosexual en la post movida madrileña, cuando muy pocas personas habían alzado su condición homosexual. Las figuras relevantes del momento intentaban confundir a la imagen pública con sus declaraciones o formas de actuar. Las dificultades de ser gay en una capital. Los mundos y pensamientos de un chico de 14, 16 , 20, 21 años, así como el miedo a que nadie sepa su condición. 

Pero Luisgé parece que llegado a la parte final del libro tiene prisa –¿Le apremiaban los editores? ¿Se acercaba la fecha de la feria del libro y quería terminarlo para poder estar presente en las firma?– Le llega lo que tanto ha estado deseando toda su vida y la narración en sí: la felicidad y en una capítulo de tres páginas zanja un periodo de su vida para dar por finalizada la novela. Sin embargo hay rastro de cómo conoció a su pareja, se enamoró... lo único que manifiesta que conoció a Axier, se casaron con un número concretos de invitados y fueron felices. Por momentos pensé que estaba leyendo a Andersen o los Hermanos Grimm. Un cuento con final feliz.

Bien pensado es una buena estrategia narrativa y comercial para que el amor se vuelva del derecho y nos cuente en una segunda parte todo el proceso de la felicidad. En El amor del revés, Luisgé ha intentado emular a Andersen, pero se ha quedado en el camino. 


© Miguel Urda Ruiz

Texto y foto




viernes, 1 de enero de 2021

Lluvía fina: La (im)perfección familiar del ayer





Ya lo constató Tolstói en Anna Kareninna: Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada uno a su modo. Y no es cuestión de equiparar al autor de la novela aquí reseñada, Luis Landero, con Lev N. Tolstói pero sí que lo podemos tomar como referencia o punto de partida para dejar al descubierto que por mucho que transcurra el tiempo en todas las familias hay un cuarto de atrás oscuro, un cuarto de lleno de miserias, insatisfacciones, reproches, verdades y mentiras.

Lluvia fina es una novela de carácter familiar y de recurso fácil para argumentar, pero que una vez sumergido en la lectura de la novela uno percibe que no es así. El autor utiliza como elemento narrativo a un personaje agregado a la familia: Aurora, la nuera y que recurriendo a términos comparativos es la persona que aporta o lleva luz a la familia. 

El punto de partida de la narración es la idea de Gabriel –el hijo mayor–, de celebrar el cumpleaños de mamá con una comida con todos reunidos. A partir de la idea del primogénito la vida de todos personajes quedan al descubierto. El hieratismo de la madre y su forma de actuar; como ha sido la vida de los tres hijos: Gabriel, Andrea y Sonia.

En la novela nos encontramos con personajes cotidianos, de la clase media y perfectamente identificables con un vecino, amigo o incluso con nuestra propia familia. Una madre, que enviudo al poco de casarse y tres hijos para sacar adelante, en una España que comienza a despertar del letargo del franquismo.

Mediante conversaciones telefónicas con Aurora, (la benévola Aurora) los personajes se van construyendo, mostrando la espinas o pétalos que cada familia posee y el lector pasa a conocer todas los sinsabores que perviven la familia y que afectan a los familiares que se agregan a ella. La felicidad cuesta y a veces incluso se desconoce que exista.

La celebración del cumpleaños de la matriarca suscita en el lector (más que a los propios personajes) concernientes a cuál es la verdadera intención del primogénito, pues a partir de su decisión todos los personajes se convulsionan y quieren hablar. El ayer no es tan perfecto así como tampoco lo es el presente. Todos saben, conocen, sienten, padecen su propia versión de la familia.

Luis Landero consigue que el lector se identifique con los personajes, asista a una historia tangible y le proporcione un incómodo fastidio cuando se llega a la palabra fin.


© Miguel Urda Ruiz  

Textos y fotos 


jueves, 26 de marzo de 2020

La grietas de una sociedad




El adversario
 Enmanuel Carrére

La novela El adversario, de Emmanuel Carrère, publicada por la Editorial Anagrama en el año 2011, narra algo tan simple para una sociedad como es el hecho de enjuiciar a un criminal. Justo a punto de descubrirse que ha llevado una falsa vida durante veinte años, decide matar a sus padres, mujer e hijos. Lo llamativo de la historia, en sus inicios, es la categoría del crimen, pero al finalizar la novela quedan muchas más preguntas en el aire, que la propia satisfacción de haber disfrutado de una buena historia.
Escrita con la técnica híbrida de narración periodística –acercada al gran público por Truman Capote– el escritor francés sabe conjugar y enlazar todos los elementos de que dispone la narratología para construir la historia, pero ¿qué se esconde tras la vida del asesino enjuiciado, Jean-Claude Romand? ¿qué le llevó a inventarse una vida durante veinte años? ¿es un loco? ¿un enfermo? El autor reconstruye la vida de una forma que para el lector sea fácil y atractiva, pero que a su vez deja al descubierto las grietas de la sociedad helvética, con un grado de bienestar elevado, a pesar de que los protagonistas habiten en una ciudad cercana a la frontera suiza. 
Una novela así no es una novedad y a mí enseguida me llevó a relacionarlo con el ensayo de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, donde ella cuenta los pormenores del enjuiciamiento a una persona encargada coordinar los trenes llenos de judíos con destino a las cámaras de gas. Hasta aquí todo va bien, pero me llama la atención como ambos escritores abordan el tema. Si despojamos a las dos historias de todos los ingredientes narrativos, vemos que el eje vertebral es un juicio a una persona y que solo los distingue el tipo de crimen cometido. Sin embargo, la categoría clasificatoria narrativa cambia, la escritora encuadra su obra en el ensayo y Carrère lo hace mediante la novela. Además de su teoría sobre la banalización del mal, Arendt, consiguió aproximar temas delicados y espinosos al lector sencillo con una prosa fácil y cercana, aportando los datos necesarios para justificar su pensamiento. Carrère prescinde de datos, solamente recurre, en la última parte de la novela, a cartas –no hay que olvidar que el debate eterno sobre si considerar las epístolas como literatura o no, sigue abierto– que el autor intercambia con el acusado para intentar justificar un poco su voluntad de escritor o de querer escribir sobre el tema, lo cual hace que me plantee si la clasificación que se ha hecho de esta historia es acertada o no, sin olvidar que el género narrativo no tiene como exclusividad a la novela. 
Tanto Carrére como Arendt, desmenuzan la vida de los dos acusados, desde prácticamente su nacimiento y lanzan cuestiones espinosas a la sociedad que al día de hoy, cuando llevamos consumidos casi el primer tercio del siglo XXI, tales como: ¿Qué hacemos con los monstruos que crea la sociedad? ¿es la sociedad quién los crea? ¿cómo debe de mirarse o tratarse a un monstruo social? ¿todos seríamos capaces de matar? Eichamann era un simple ciudadano sin grandes aspiraciones en la vida al que la burocracia nazi le hizo ganar puestos en su jerarquía, sin ninguna prueba de aptitud. Jean-Claude Romand comete unos crímenes porque toda su mentira está a punto de descubrirse. –¿Cuánto podía durar su mentira?– Dos personas, en mayor o menor medida, anodinas y con una línea simple de vida sin nada que destacar. 
La religión aparece también en El Adversario, y es donde se refugia el criminal, por lo que no deja de plantear interrogantes ¿La religión exculpa de las muertes con dolo? ¿Todo lo perdona la religión? ¿Todo puede quedar exento de culpabilidad al expiar los pecados? 
La palabra adversario, como la define María Moliner Otra persona que lucha contra ella. Me hace plantearme cual es el verdadero adversario de la historia ¿Jean Claude Romand? ¿Enmmanuel Carrére? que participa en la novela como un personaje más ¿Tiene la sociedad todas las respuestas para sus individuos?
Son ciento setenta y seis páginas de prosa ligera, amena, que facilitan su lectura y que bajo ese aparente enjuiciamiento criminal hará que el lector ávido o curioso encuentre cuestiones, –difíciles o no de contestar– sobre una sociedad de consumo acomodada, y supuestamenteavanzada.


© Miguel Urda Ruiz, texto
Imagen , Internet

miércoles, 22 de enero de 2020

Y el arzobispo que no quiere llegar


Una espera. Algo que no llega, en este caso un arzobispo. ¿A qué me recuerda este argumento? Un personaje que espera y nunca llega. No necesito pensar mucho y tengo dos títulos: Esperando a Godot El coronel no tiene quién le escriba,pero Ádám Bodor es un escritor completamente ajeno a la línea narrativa de Becket o García Márquez, aunque sí elabora una prosa impregnada de toque realista y mágica, pero totalmente diferente a los autores antes mencionados. 
Nacido en 1936 en la ciudad rumana de Cluj-napoca, fue encarcelado a la edad de 17 años lo cual marcó su existencia como individuo –igual que en la novela Un día en la vida de Iván Denísovich del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn– y como escritor. 
La narración comienza con la búsqueda y captura a dos solteronas escapadas de un centro de internamiento, las meten en un gallinero cuando la encuentran, lo cual pone de manifiesto la dureza de unos personajes en el inicio en una narración, pero que consigue la atención para seguir leyendo. La acción transcurre en un pueblo rodeado de basura y con una jerarquía eclesiástica que rige la vida diaria de los habitantes. 
El escritor rumano reafirma en La visita del arzobispo, que el eje de su escritura es la deshumanización del sistema totalitario, que convierte al hombre en un animal. Un animal que busca sobrevivir y se aferra a cualquier atisbo de esperanza para ello, como por ejemplo hablando sobre la profesión de traficante de personas, que realiza bajo el agua aprovechando el curso del rio, oficio del padre del protagonista o narrador. También si la circunstancia lo exige aparece un amor lesbiano, sin una justificación, solo porque el ambiente lo propicia. 
Dentro de la narración Bodor inserta elementos y lugares que ayudan a despojar al hombre de su condición: hospital, centro de reclutamiento, colonia penitencia, vertedero que a su vez es el polo opuesto del idílico paisaje (las montañas) que debería ser para el ciudadano, pero es algo hecho a propósito para mostrar o exponer –siempre de forma implícita– la dureza de los regímenes políticos.
Una prosa en cierta medida angustiosa y sin una línea narrativa continúa, sino que hace saltos al pasado para mostrar que el ayer no fue tan diferente como el momento en que viven los protagonistas. Hay momentos donde la narración queda difusa e incluso se cae en el pensamiento de estar perdido en la lectura, pero creo que el autor lo hace a propósito para que sea el lector quién establezca sus propias normas de lectura y comprensión del texto. 
Una novela que merece una segunda lectura y un autor para no olvidar y anotar sus obras en la lista de lecturas pendientes.
La visita del arzobispoesta publicada en Acantilado, traducido por Adan Kovacsics y consta de 129 páginas.

© Miguel Urda Ruiz, Texto y Foto