Pocas autoras, que yo haya leído, recogen el sentimiento de la emigración de una forma tan natural y cercana como lo hace Jhumpa Lahiri. Con una obra literaria sucinta en su haber, en el año 2000 consiguió el Premio Pulitzer por su libro de relatos El intérprete del dolor (también está publicado como Intérprete de las emociones) y siendo catalogada como una promesa en ciernes dentro del mundo de la nueva narrativa del siglo XX a la altura de Paul Auster, Zaddie Smith o Hanif Kureishi.
Jhumpa Lahiri es una escritora que hace un trabajo muy pormenorizado; en sus dos novelas se intuye un trabajo de planificación muy exhaustivo para conseguir una novela ambiciosa. Es algo que se percibe nada más entrar a leer en sus páginas. En La hondonada nos encontramos con la temática de la primera etapa como escritora: la emigración y las causas y sentimientos que produce en ambas partes, receptora y emisora. Desgajando la vida de los hermanos Subhash y Udayan, que nacidos en Calcuta, en un barrio humilde y en época del monzón, cerca de donde viven, hay un terreno seco entre dos lagunas se llena de agua y es en ese espacio donde transcurre su infancia, y que la autora toma como reflejo para mostrar sus vidas: la tradicional a través de Subhash, en la India, en su ciudad de origen, y el mundo americano, el progreso a través de Udayan. Dos mundos que van paralelos a la historia de ambos países: el nacimiento del movimiento naxalita (Partido Comunista de la India), los cambios sociopolíticos en la India y la hegemonía como potencia política en Estados Unidos. La polaridad de los dos mundos: la tradición y el progreso hacen que ambos hermanos tomen caminos muy diferentes, pero a su vez estarán unidos para siempre, pero no en la forma tradicional, sino al estilo de Lahiri, que dejó bien marcado en su novela "El buen nombre"; que sabe cómo encadenar hechos causales para que incidan de por vida en los protagonistas. Todo está muy bien hilado en la novela, y vemos la progresión de los personajes de forma natural en el desarrollo de una vida y con todo lo que ello conlleva: nacimientos, muertes, enfados, desengaños... pero siempre de la mano de la dicotomía: tradición/progreso.
La narrativa de Lahiri es ambiciosa y al entrar en su lectura, uno está cómodo porque la historia fluye por sí misma, cosa que no es fácil de conseguir, pero a su vez te hace sentir incómodo porque piensas en por qué el personaje actúa así y no de otra forma o, como a uno le hubiese gustado,dado que uno actuaría de forma diferente ante los hechos que ocurren. Y es por lo mismo, porque es una historia de dos vidas, donde se actúa conforme van sucediendo las vivencias en ese momento; al lector no le corresponde ser juez de los personajes, solo tiene que entender que la vida no permite cambiar de ruta o detenerse a pensar en lo que está ocurriendo, es cuestión de vivir. Que en cierta medida no es poco.
Desde el año 2012, Lahiri vive en Roma y su producción literaria comenzó una segunda etapa que ha ido por otros derroteros, incluso con pérdida de calidad y, de hecho, parece ir a la deriva. Quizás uno sea egoísta al pedirle a una escritora que escriba algo sobre lo que ya se sabe que no va a fallar, porque la última prosa y argumento bajo el baremo de la calidad no van siempre coordinados en todos los autores de la man y hubo momento en que Jhumpa Lahiri supo hacerlo,en La hondonada está la esencia pura de su primer estilo. Se disfruta, se vive y se emociona; es injusto pedir más a una novela.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía