Lo primero que surge a la hora de tener El uso de la foto en las manos es: ¿de qué se trata? Y aunque puede parecer una pregunta carente de sentido, no lo es. El ser humano tiende a la clasificación y más en el mundo de la literatura. ¿Es un diario fotográfico? ¿Es una foto acompañada de una descripción? ¿Es una novela fotografiada? ¿Es un fotolibro No es nada de eso, a pesar de que Annie Ernaux sabe cómo usar la fotografía y, de hecho, es un elemento que está en la narrativa de sus novelas, donde, sin ser el eje principal, muestra la historia que está contando a un ritmo fotográfico. El libro versa sobre un pacto tácito entre dos amantes, que deciden fotografiar la intimidad de la relación, pero en un momento preciso y ambos por separado, y luego escribir sobre ello, pero sin que ninguno interfiera en el otro, y un día concreto se intercambian los textos.
Y todo puede parecer superficial, simple o fácil de escribir-fotografiar, pero es todo lo contrario; desde el primer momento surgen preguntas sobre muchos puntos de ambos personajes, porque en este caso sí puede decirse que son dos personajes; dos personajes que comparten una intimidad y la dejan al descubierto. ¿Cuánto tiempo dura la pasión amorosa? ¿Es necesario que exista un orden en el amor? ¿Da igual si primero se folla y después se preguntan qué se siente o es al contrario? ¿Hay que sentir amor para follar? Existen los datos justos para que el lector se imagine la relación y su duración, pero sí que fue recíproca y sentida por ambas partes. Ernaux está pasando por un tratamiento de cáncer de pecho con quimioterapia y teme que le afecte en su relación; él acaba de terminar un matrimonio. Hechos que forman a la persona en su momento y que puede afectar al otro; aquí no se intuye ese miedo, en todo caso respecto hacia el hecho de construir algo más, pero queda reflejado en el libro. Los instantes fotografiados son hechos únicos, sin repetición, y habrá otro momento igual, pero será diferente, porque todo lo sentido tiene otro cariz. Poner palabras a un sentimiento compartido es complicado, pero a su vez emocionante porque consiste en compartir lo mismo desde dos prismas diferentes.
Ver o mirar lo mismo, pero desde dos puntos de vista diferentes, algo que puede parecer fácil, pero solo hay que leer las primeras páginas para comprender que no es así. En la introducción del libro, la escritora nos cuenta el germen del proyecto. Primero fue la fotografía tomada en formato analógico y meses después surgió la idea de escribir un texto. Pero lo básico de las fotografías es que coge el momento como tal, sin modificación alguna de prenda, lugar o situación. Es el momento congelado en el hábitat de la pasión, el tiempo de la pasión. Pero Annie Ernaux no cuenta su vida, ya lo hace en las otras novelas; aquí es donde refleja el momento de una pasión mutua, como si de un juego se tratase (¿acaso el amor no es juego?). Nos proporciona imágenes que incitan a algo más, a saber cómo fue el momento de sexo, cómo fue el intercambio de fluidos o cómo respondían los cuerpos a ese momento. Entre sus fotografías encontramos: ropa interior de los amantes, folios, enchufes, flores, colcha... Todo tal y como quedó tras el momento de la cópula.
El uso de la foto fue publicado por la editorial francesa Gallimard en 2004 y en 2018 por Cabaret Voltaire en España, con las fotos en su versión original en blanco y negro, aunque se le añade un anexo con las instantáneas en color. Marc Marie apenas es conocido en España, y Annie Ernaux consagró su fama con la concesión del Premio Nobel en 2022.
Tras terminar el libro, queda esa incomodidad como lector y espectador sobre lo púdico e impúdico, pero que cuando está muy bien conseguido, la línea que demarca la frontera entre ambos estados no importa. Tan solo es disfrutar, que si nos ponemos filosóficos, también es una vertiente del amor.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía