7/13/2024

El atuendo de los libros. Jhumpha Lahiri: La vestimenta de un libro



¿Cuál es el factor principal que nos influye a la hora de comprar un libro o mejor dicho una novela? ¿su cubierta? ¿su contenido? ¿ser de un autor concreto? Estas son las premisas en las que Jhumpa Lahiri se basa para escribir el ensayo El atuendo de los libros, publicado por gris tormenta.

Jhumpa Lahiri es una autora de origen bengalí, pero nacida en Reino Unido con dos etapas bien diferenciadas en su producción literaria. Una primera con una narrativa muy consolidada y escrita en inglés; en el año 2015 se trasladó a vivir a Italia y comenzó a escribir en italiano, sin llegar a conseguir la misma línea de calidad que sus primeras narrativas, además de ir probando nuevos terrenos literarios, pero que desembocan en nada o da la sensación de ir dando tumbos. Lo cual te remite a la duda sobre la impregnación de la cultura e idioma en el seno del escritor y cómo le afecta. 

En el ensayo aquí reseñado Lahiri entra en algo tan esencial y desconocido como es el aspecto exterior, algo fundamental de un libro: las cubiertas. La cubierta de un libro suele confundirse con la portada que se encuentra entre la página tres a cinco e incluye el título, autor (traductor si lo hay) y editorial, mientras que la cubierta es, digamos, la parte bonita del libro y lo primero en lo que se fija nuestra mirada.

En sus páginas habla de lo que siente cuando el libro deja de ser suyo y pasa a manos de sus editores y personal correspondiente, para diseñarlo y ponerlo a servicio del lector. Aunque no siempre es igual y exige su participación en la vestimenta del libro, ya sea por motivos personales o porque la editorial quiere de su participación; muestra su impresión al ver la misma novela publicada en diferentes países e idiomas y con portadas diferentes, donde a pesdar de ser el mismo parece otro; sobre cómo las editoriales utilizan una cubierta diferente para la edición de bolsillo o tapa dura, por cuestiones de marketing e incluso pasa por la función de las cubiertas en el formato electrónico y si son necesarias y si producen la misma emoción que una cubierta física. 

Una cubierta emociona, es la puerta a descubrir o adentrarte en un mundo nuevo y que establece la relación entre el libro y el lector. A pesar de ser independiente del libro –tiene su propia vida–, pero forma parte del todo. Un libro sin cubierta, en la actualidad, no dice nada e incluso lanza al lector el interrogante de si el libro no tuviese ningún indicativo externo sobre su lectura, sino que fuese en blanco y lo único que tienes que hacer es adentrarte en sus páginas ¿cómo reaccionaría? 

Sin embargo, y al hablar del interior del libro me chirría la forma que tiene la editorial gris tormenta de alinear sus textos: a la izquierda, lo cual –quiero pensar que sí– que es conocedor de que para que haya una lectura eficaz, continúa y sin distracciones el texto debe estar correctamente marginado. Pero no, gris tormenta lo margina a la izquierda, con lo cual no ayuda a su lectura. Una editorial, además, con una línea de edición sobre la cultura literaria, que no nos muestra el reflejo de lo que se nutre. 

El ensayo El atuendo de los libros no deja indiferente y nos remite a la mejor prosa de Jhumpa Lahiri, además permite que conozcamos algo más del mundo del libro, del cual no es común ser partícipes o conocedores. 

© Miguel Urda Ruiz

Texto e Imagen

7/07/2024

Un invierno en los Alpes, Zofia Nałkowska: El tiempo sin instrucciones de uso



 


Mientras transcurre la lectura de Un invierno en los Alpes de Zofia Nałkowska, me vienen dos cosas a la mente, parece una novela en la que no ocurre nada, y sus personajes solo se limita a observar el paso del tiempo; y en segundo lugar nos preguntamos si realmente estamos leyendo una copia a menor escala de La montaña mágica de Thomas Mann.

Y así es, en la primera lectura de la novela, el argumento puede sintetizarse en que no ocurre nada, algo que va en contra de lo que establece o exige la narratología como base de una novela: una evolución en un personaje. Es una novela coral, lo cual establece ya un punto de partida, el de que las cosas no van a ser simples. 

Escrita en capítulos cortos, a través de un conglomerado de personajes, representados por diferentes nacionalidades y hospedados en un hotel de montaña. Zofia Nałkowska con esto hace un pormenorizado análisis de la Europa de entreguerras, tocando temas espinosos como el genocidio armenio, o el exilio. La prosa de la escritora polaca parece estar impregnada de talco. Se nota su presencia, pero no mancha. De fácil lectura, incluso hay momentos donde llega a parecer insulsa –pero no aburrida–, con un sustrato narrativo que vertebra la duda sobre leído y nos obliga a volver a ella, para encontrar que esa capa dialogística está sostenida por una ideología que aboga por un consenso de paz y convivencia común. La guerra provoca heridas y todos los personajes tienen secuelas y buscan algo por lo que luchar, aunque solo se trate de vivir el instante o momento. Nałkowska al igual Mann dejan claro que el paso del tiempo es un arma difícil de manejar y viene sin instrucciones de uso.

En la fecha de su publicación se habló sobre el posible plagio a Thomas Mann, pero, aunque ambas novelas tratan un tema bastante similar, son muy diferentes. La duda sobre por qué la autora escribió una novela cuyas miras estarían siempre puestas a la referencia de Mann, es una incógnita y además, en un tiempo próximo, pues solo hay una diferencia de diez años entre una y otra publicación. Lo primero que destaca es su extensión. Una novela de doscientas cinco páginas frente a la de mil cuarenta y ocho del escritor alemán. Lo único que tienen en común es el desarrollo de unos personajes en convivencia dentro de una heterotopía, con sus propias normas y sus propias leyes.No encontramos un capítulo que no cumpla una función y sirva de engranaje con el personaje siguiente. Paseos, comidas, bailes... todo lo que se permite dentro de una residencia en pleno invierno suizo y con la finalidad de consumir tiempo.

De la obra de Zofia Nałkowska en España solo hay tres títulos traducidos: el libro de relatos Medallones publicado enMinúscula, Frontera y Un invierno en los Alpes, ambas en Báltica Editorial. 

El tiempo es como una novela. Solo hay que consumirlo ya sea con Zofia Nałkowska o Thomas Mann. 

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía

7/01/2024

Estampas bostonianas, Rosa Montero: la convulsión del tiempo


Estampas bostonianas recoge siete reportajes que la periodista Rosa Montero escribió para el diario El País a lo largo de dos décadas. En formato libro fue publicado en el año 2002 y han pasado veinte años de su publicación y otros veinte años desde la publicación del primer reportaje, que vio la luz en 1979. Estas letras las escribí en la primavera del 2024 y lo que siento al leerlo es la viveza de esas historias, e intentar recapacitar sobre el paso del tiempo, y hacia lo que cuenta la periodista madrileña en dichas páginas.

A través de una prosa intrépida, directa y vivaz Rosa Montero hace un recorrido por puntos geográficos muy dispares entre sí: Boston, Irak, Australia, Alaska, China, Sahara y Canadá (Iqaluit, esquimales), con un punto de conexión vital: mostrar la realidad tal como la ven sus ojos en ese momento concreto en que le han encargado el reportaje. Por ejemplo, vemos el comportamiento del hombre en situaciones extremas, ya sea por el frío o calor y su adaptación a tales extremos climáticos; la forma de recibir la política en países dictatoriales; la idealización que tenemos de algunos paisajes dada su lejanía geográfica.

Que el tiempo ha transcurrido lento o deprisa, y pasado por la sociedad, que a día de hoy parece convulsa demuestra que ya lo era tiempo atrás. Solo hay que echar una lectura al reportaje sobre Irak, publicado originalmente en 1979 o sobre China que vio la luz en 1996, para cotejar los cambios existentes entre dichos momentos y la actualidad, cuando acabamos el primer cuarto del siglo XXI. Siglo que llegó rebosante de tecnología y con prisas. Cada sociedad lo asumió como pudo y a su forma, pero el ayer tiene su propia nomenclatura y no hay que eludir, sino aprender de ella y saber que el periodismo las cuenta tal y como son.

Todo sigue siendo dispar y controvertido. Encontramos un testimonio periodístico que recurre a la duda, de si aquellos tiempos eran mejores o cómo serán ahora aquellas zonas o personas que muestra la escritora. Es un libro con un valor periodístico y antropológico constatado y coloca al lector en posición para que saque sus conclusiones sobre la situación que cuenta. 

Rosa Montero es periodismo con mayúsculas, aunque hayan pasado veinte o cuarenta años.

Solo hay que inmiscuirse en sus páginas.

© Miguel Urda Ruiz

Texto e imagen

6/25/2024

El misterio de la carretera de Sintra, Eça de Queirós: Al servicio de la eterna melancolía




El 24 de julio de 1870, en el Diario de Noticias de Lisboa aparecía insertada una noticia de un testigo de un misterioso crimen cometido en una villa en la carretera de Sintra. Durante todo ese verano y por entregas se fue publicando la historia, provocando una verdadera atención de los lectores del periódico. Sin embargo, no sería hasta 1875 cuando la novela se publicaría con el formato que se conoce hoy en día. Todos sabían del asesinato, todos querían conocer, la historia estaba en boca de todos.

Escrita a dos manos por Eça de Queirós y Ramalho Ortigaó, un abogado y un crítico literario respectivamente, como si fuese un juego –un capítulo tú, un capítulo yo– ambos autores crearon lo que se considera la primera novela regeneradora de la literatura portuguesa de las postrimerías del siglo XIX. 

Traducida al español por Carmen Martín Gaite, en el prólogo deja entrever que es una novela a tener en cuenta por todo lo que aportó al mundo de las letras portuguesas. Como punto inicial el argumento hace algo innovador, de ese primer argumento citado, hay una interrupción para contar una segunda historia que es un viaje en barco por el Mediterráneo Oriental –que escribió Eça de Queirós, que hizo un viaje por la zona que describe en la novela–que perfectamente podría desgajarse de la novela y la historia principal seguiría teniendo sentido, lo cual me hace preguntarme ¿Cuál sería la verdadera intención del autor en este capítulo? ¿Quería reflejar que había viajado? ¿Que había conocido el mundo? Me perdí varias veces en su lectura y hubo momentos en los que no sabía qué era realmente lo que estaba leyendo. Sí era una novela de misterio –donde el eje central es un asesinato– o de viajes donde nos muestran un bonito itinerario por barco, o estaba metido todo a su vez en una novela folletín. Componiendo un batiburrillo de elementos discordantes y mezclados entre sí. Y es posible que esa mezcla de géneros e historias dentro de la misma historia fuese una de las nuevas aportaciones que hicieron los autores a un público estancado en la modorra en que se sumía el país bajo los estertores del Romanticismo y la eterna melancolía del hombre luso.

El paso del tiempo por la obra es evidente. La novela de los autores portugueses ha envejecido y mal. El género narrativo de la novela ha tenido muchas innovaciones. Desde que se publicó El misterio de la carretera de Sintra hasta el día de hoy, cuando estamos casi a punto de finalizar el primer cuarto del siglo XXI, y ya no resulta tan novedoso ver dos tramas dentro de una misma historia o una novela escrita a dos manos. No obstante, hay que valorar que esa aportación narrativa revolucionaría al mundo literario portugués e incluso fuera de sus fronteras en su momento, pero hoy en día esta obra de Eça de Queirós y Ramalho Ortigao –prácticamente olvidado– tiene más valor testimonial que narrativo. En mi opinión, no es una novela atractiva para recomendar y ni pasar un buen rato. Estupenda para conocer datos concretos de una época, lo que supuso y entender un poco más la sempiterna tristeza en la que pervive la literatura portuguesa.

                                                                                                              © Miguel Urda Ruiz Texto, 

                                                                                                                   Imagen, Internet

6/19/2024

Paralelo 35, Carmen Laforet: Una escritura sin prisas



En la obra aquí reseñada, Paralelo 35,  Carmen Laforet refleja sus impresiones sobre un viaje que realizó la escritora por los Estados Unidos, durante dos meses en el año 1965, visitando prácticamente los enclaves más destacados del momento. No es una novela ni un libro de relatos sino una escritura más personal e intimista, es decir,  escrita para sí misma más que para ser publicada, pero cuando la editorial tuvo constancia de su existencia la convirtió en libro. Ella misma lo dice en las primeras páginas "este es el relato de un viaje [...] de las notas tomadas en trenes y habitaciones surgió este libro". 

Publicado por primera vez en 1967, ha sufrido diferentes cambios de títulos en las reediciones o posteriores. Mi primer viaje a USA es la última publicación en Menoscuarto ediciones. Incluso el Instituto Cervantes ha publicado una especie de epílogo o completo a este viaje con el libro Notas de viaje, el cuaderno verde en el año 2022 

La obra en sí no aportada nada nuevo a la prosa de Laforet, que en cierta medida llega a ser empalagosa causado por ese fervor religioso que profesó en su vida e impregnó a los personajes de bondad además de estar estar subyugada o lastrada bajo el peso de Nada. No obstante, me parece que el libro sí mismo muestra una realidad prístina y sin filtro que cuenta lo que ve como lo ve motivada por no ser algo destinado al público lector. A lo largo de sus páginas habla de todo lo que le llama la atención por los lugares que va visitando sin obviar ningún tema y, me atrevo a decir, que sin ser consciente de la importancia de lo que está reflejando. Enumero por ejemplo algunas de las cuestiones que describe en este libro. Sobre el racismo: No puede ser, no están adaptados para valerse por sí mismos ni lo estarán jamás. La vida feliz de la raza negra fue en los tiempos de las grandes plantaciones de algodón, con un sistema patriarcal por parte de los blancos. [...] Todo lo que absorbe a los empleados negros rinde menos. La telefónica, por ejemplo. Funciona mucho peor desde que las telefonistas en su mayoría son señoritas negras; de los españoles en Estados Unidos y la mirada de aquel momento hacia nosotros; de la visita a la Nasa y la construcción de un cohete y un satélite Desde hace años, un nuevo mundo poblado por estos seres espaciales se mece y gira sobre nuestras cabezas; de la visita a una fábrica de ordenadores (es decir, que la informática tiene un recorrido más extenso del que pensamos); de las relaciones de pareja y que ya se buscaban por ordenador La moda de introducir tarjetas con los nombres de chicos y chicas en un computador electrónico que devuelve los nombres formando parejas; el colonialismo de Los colonizadores de California fueron españoles. Fue un descubrimiento pacífico, increíble, de unión con indios...

Al finalizar la lectura se puede pensar que hoy la tecnología y la sociedad han avanzado con sus innovaciones en los últimos años, pero aquí vemos que no es así. Todo lo de hoy es una variación o un desarrollo de tiempo atrás, solo que no somos conscientes de detenernos a mirar el pasado. Han pasado cincuenta y siete años (en el momento de escribir estas líneas es 2024) y lo que queda por ver es como ha pasado el tiempo por aquellos lugares que visitó Carmen Laforet y como es la sociedad de hoy en día. 

© Miguel Urda

Texto y foto



6/13/2024

La muerte de Iván Illich, León Tolstói: Un eco clásico lejano, pero actual

 



Quizás pueda resultar añejo decir que apostar por la lectura de un clásico es un acierto seguro, pero es así. Tolstói no defrauda, ni me siento engañado a la hora de comenzar a leer una de las obras "maestras" del autor ruso: La muerte de Iván Ilich. El título deja bien claro que la novela trata sobre la muerte de un hombre. De profesión juez y miembro del Tribunal de Justicia de San Petersburgo, por lo que ya tenemos una ligera idea del grueso de la novela, para no caer en argumentos erróneos. 

El escritor ruso, parte de un hecho real para novelar esta historia. Sabe lo que quiere contar y como lo quiere contar. A la vida del juez, le acompañan personajes como su mujer, sus hijos, unos compañeros de trabajo y amigos, así como un criado, Guerásim. Personaje que aporta el contrapunto de la novela con el personaje principal y deja al descubierto la condición humana al ser protagonista de hechos que no esperaba y no poder modificarlos, ni siquiera eludirlos, en definitiva, trata de estar supeditado a los caprichos de la vida siendo Juez, es decir, alguien en el escalón medio de la pirámide social rusa de la época.

La evidencia temática puede parecer simple y destaca en un primer plano: la muerte. Pero bajo esa palabra o concepto subyacen una serie de temas que hacen que la novela tenga el peso histórico que tiene: el paso del tiempo, la muerte, el sufrimiento ante la enfermedad, una crítica al matrimonio a las diferencias sociales, los intereses ocultos.

¿Qué tienen los clásicos, en este caso un clásico ruso, que hace pensar en la novela bastante tiempo después de haberla terminado de leer? ¿Qué sentimiento se produce ante la muerte del protagonista? ¿Qué quiere decir Tolstói con esta historia? Son preguntas cuya respuesta es dada por el paso del tiempo en ella, –publicada en 1886–, es una obra de completa actualidad pues aborda temas que siguen vigentes en la sociedad –y que en el fondo pueden cuestionar si el hombre verdaderamente ha evolucionado– como es la disputa por un puesto de un funcionario, el vivir por encima de las posibilidades, la soledad o cómo afrontar una enfermedad. 

Cuando se acaba de leerla la sensación es positiva. En la actualidad todo es tan diferente al ayer, aunque el hoy parece una copia calcada de forma rápida del ayer. La novela tiene un eco lejano clásico pero que reverbera en la actualidad. 

Tolstói, ya se sabe, no defrauda.


© Miguel Urda Ruiz, texto

Fotografía, Internet


6/07/2024

Un día en la vida de un editor, Jorge Herralde: El oficio de un profesional




A veces se nos olvida que, para llegar al punto final, haya que recorrer primero un trayecto. Jorge Herralde lo sabía y nos lo cuenta de una forma simple, a través de su mundo, de su pasión y de su vida: mediante los libros o mejor dicho por medio de la literatura. Un día en la vida de un editor, (parafraseando a Solzhenitsin) recoge una serie de entrevistas que el fundador de Anagrama concedió a lo largo de su trayectoria y que vienen a sintetizar la historia de nuestro país desde el último tercio del siglo XX hasta el año 2019, fecha de publicación del libro.

Lo primero que te encuentras al leer las primeras páginas, es el amor que transmite por su oficio, lo que llevó a crear la editorial Anagrama –cimiento cultural de España de los últimos sesenta años–. Y cómo fue venciendo las trabas de la censura, los diferentes vaivenes políticos del momento, el retorno a la democracia, reflejado todo ello en la cultura, pues no hay que olvidar que esta es la radiografía que nos permite conocer la idiosincrasia de un país.

Herralde ha sabido transmitir la literatura y forjarse amigos a través de ella, pero sin caer en el favoritismo que implica la publicación de tal o cual obra. Si la ha tenido que publicar o no, ha sido bajo el un baremo de calidad, y teniendo que decir NO a escritores consagrados dentro del panorama literario español. Cuenta detalles de autores y obras, pero sin caer en ese amiguismo que puede, resultar, empalagoso y perjudica a la editorial en sí. –en el libro Por orden alfabético nos relata su relación con ellos–. Por sus páginas desfilan casi todo el abanico de escritores han pasado por su editorial y sobre todo cuenta qué le llevó a publicarlos e incluso nombra a alguno que no pudo conseguir. Cómo se fue consolidando como una editorial de referencia, las relaciones internaciones, las ferias, hasta que llegó el momento de su venta a la editorial italiana Farinellí. Sobre todo refleja que cuando hay sintonía, las cosas que pueden parecer lo más complicadas del mundo, se pueden resolver de forma simple.

Es un libro que todo escritor, ya sea consolidado y sobre todo el aprendiz, deberían leer para saber que hay algo que se llama pasión por el oficio, que a veces se nos olvida y sobre todo cuando se quiere llegar directamente a la meta sin haber recorrido el conveniente e imprescindible, camino de lector.

Para saber de literatura y de España hay que leer a Jorge Herralde.


© Miguel Urda Ruiz

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6/01/2024

El buen nombre, Jhumpa Lahiri: La emigración de los sentimientos



Hay escritores que dejan de serlo cuando cesan de escribir en la lengua que los consagró. Jhumpa Lahiri es uno de ellos. Promesa narrativa desde que publicó El intérprete del dolor en el año 2000 al que seguiría la novela que justifica estas líneas El buen nombre en 2003, a partir de que la escritora, de ascendencia bengalí aunque nacida en Inglaterra, decidió hacerlo en italiano ha perdido toda la calidad que contenía sus narraciones. 

Aquí nos encontramos el contraste entre dos culturas, teniendo como punto de desarrollo la vida de una familia de origen indio emigrados a Estados Unidos y el choque cultural que representan. A partir de un accidente en un tren y como homenaje a Gogol, uno de los grandes escritores rusos del siglo XIX, Lahiri narra desde el inicio de un matrimonio concertado las dos vidas: la del matrimonio, dos desconocidos aprendiendo a vivir juntos, y por otro lado, la convivencia que resulta de aprender a vivir en Estados Unidos, país carente de un acervo cultural, sin perder el nexo en la raíz del país de origen. 

Jhumpa Lahiri maneja con minuciosidad los sentimientos y las consecuencias que provoca la emigración y ese intento de querer mantener viva la tradición cultural en el nuevo destino. Es una historia muy equilibrada donde deja al descubierto las carencias y las virtudes de los focos culturales, India y Estados Unidos. Lo fácil que es para uno despegarse de la tradición, ya que no la ha tenido mientras que para otros es un verdadero sacrilegio. Es una historia que avanza junto a la tecnología, factor que hoy hace que la novela haya perdido un poco de vigencia, pues si hay algo que los emigrantes llevan entre sus escasas pertenencias es un teléfono inteligente o smartphone para contar cada momento de su nueva vida o situación. Sin embargo, conserva ese valor arqueológico narrativo cuando se usaba el teléfono de línea y las noticias tardaban en llegar, lo cual a su vez le confiere un poso de estabilidad narrativa para degustar la historia y detallar cada momento que va acompañado con un mosaico de sentimientos, tantos nuevos como tradicionales. 

Algo que permite la novela es disfrutar de esos momentos íntimos de una familia donde se intenta recrear los vínculos que forman su cultura. Es una familia que busca ser una familia. Vemos cómo hay una tradición para nominar al primogénito; las opíparas comidas y su importancia o significado social; el papel de cada uno de los miembros de la familia; Los Beatles; la maternidad; el trabajo entre un nativo y un emigrante; etc. 

Los protagonistas rompen una tradición sin ser consciente de ello para sobrevivir en un país que les acoge con más o menos interrogantes, pero dispuesto a darle un cobijo sin comodidades en primera instancia. La historia desnuda a la tradición ante los miedos que provoca el futuro y sobre todo a los personajes femeninos sometidos al patriarcado y cuya misión ha sido sostener el hogar. El título de la novela hace justicia al accidente ferroviario que pone en marcha la novela y muestra una amalgama de sensaciones culturales que no dejan indiferentes. 

Son cuatro títulos los que intentan consagrar a Jhumpa Lahiri como una de las grandes escritoras del siglo XXI escritos en lengua inglesa. Además de los dos citados antes están La hondonada y Tierra desacostumbrada, sin ningún desperdicio narrativo. Ojalá recapacite y vuelva a escribir en su lengua materna. Describir los sentimientos que provocan la emigración sin caer en tremendismos o banalidades no es fácil y ella sabe narrarlo de forma magistral. 

© Miguel Urda Ruiz

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5/25/2024

Yoga, de Emmanuel Carrére: una opción más de la vida




Apartemos la primera imagen o pensamiento que nos venga a la cabeza al leer la palabra Yoga como título en una novela del escritor francés, Emmanuel Carrére. No es un tratado ni una crítica sobre la práctica de dicha disciplina milenaria, es una historia que narra un momento de la vida de un escritor en la etapa considerada por la sociedad como madura, donde expone sus manías obsesiones, preocupaciones, etc. Es decir, que muestra que en el fondo –o no tanto– un escritor es como usted lector o como yo.

Dividida en tres partes, que pueden leerse de forma individual, están imbricadas entre sí para dar cohesión al momento personal que el escritor parisino quiere reflejar en sus páginas. En la primera, nos cuenta cómo es un retiro de yoga durante diez días y que debido al atentado que sufrió la revista satírica Charlie Hebdo, no pudo completar al ser querido para informar sobre lo allí acontecido. Los horarios, la comida, el alojamiento, como son los otros integrantes, los juicios que uno puede emitir sobre tu compañero de habitación, (¿cómo nos verá nuestro compañero? ¿nos verá cómo yo le veo?) Expone de forma pública lo que ocurre allí dentro, donde no hay una jerarquía de clases ni de privilegios. Eres tú, con tu esterilla, tu zafu, tu flexibilidad, con las instrucciones del monitor en voz baja para no distraer al silencio, con las preguntas sobre qué hago aquí, e incluso cuestionarse si debo de irme o no. En la segunda parte nos habla de su experiencia en un psiquiátrico dado su intento de suicido y el trastorno bipolar que padece; en la tercera la convivencia con unos niños exiliados de su patria, Afganistán, en Leros, en el archipiélago Egeo, donde muestra su vida acomodada contra los que no tienen nada, y único motivo para sobrevivir es tener un móvil de última generación para comunicarse con la matriz familiar en su país. 

Sin ser una novela al uso ni una autobiografía, el escritor francés conjuga a la perfección esa mezcla de géneros bajo la denominación de autoficción que capta al lector desde sus primeras páginas. Le permite ver su desnudez interna, cómo baja a los infiernos en un psiquiátrico y cuestiona que es tener todo cuando sobra y falta un motivo para vivir, incluso nos da una lección de cómo se hace el amor. Todos estos elementos forman parte de una narración que no defrauda y que él sabe manejar muy bien. Bajo esa denominación de realidad/ficción deja abierta las puertas a la duda de lo que sí está contando es verdad o no, pero sin apartarse de la connotación de que la vida es real, haciendo constar que hoy en día, en una sociedad copada por los avances tecnológicos, nos olvidamos de los sentimientos más básicos y que el verdadero fin del hombre es sobrevivir, sea un escritor, un lector, o un refugiado.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y foto 

5/19/2024

Los senderos del mar, María Belmonte: el despertar de la curiosidad




Suele suceder que lo más cercano a nosotros sea lo más desconocido. Esto es lo que plantea María Belmonte en Los senderos del mar realizar un viaje a pie por la zona de donde ella es originaria para conocerla con más detalle. Plasma este recorrido haciendo uso de un género literario que está muy en boga en nuestro país, aunque no es algo nuevo, el nature writing, dónde compagina el libro de viajes, la autobiografía y algo de ensayo, por lo que se puede decir que es una guía de viajes sin serlo, pero escrita por las manos de una escritora en este caso.

La autora hace un viaje, de forma intermitente, por la zona vasco-francesa, que inicia en Bayona y acaba en la playa de Zumarraga. Se acompaña de una mochila y ninguna responsabilidad que le obligue a hacer tal o cual itinerario. Nos va mostrando su recorrido estructurado en una serie de etapas programadas, de una forma somera, permitiéndo el capricho –improvisar en los viajes organizados es toda una osadía– de modificarlo o apartarse de lo planificado cuando lo requiera la ocasión.

Nos descubre lugares con una mirada a veces nostálgica, a veces curiosa y a veces intelectual. Transita por zonas que no están recogidas en las guías de viajes y que merece la pena visitar. La autora bilbaína hace referencias a la mitología, la pesca de la ballena, asentamiento de la zona como lugar de vacaciones de la burguesía, las mareas, personajes, etc. No obstante, hay momentos dónde el libro se hace demasiado geológico y a veces se excede con la minuciosidad de los datos históricos que va enumerando, que apartan la mirada del viaje inicial y con ello no quiero decir que no esté bien ampliado el conocimiento sobre el terreno, pero lo bueno ya se sabe que siempre debe ser breve.

Aunque Belmonte viaja sola, se acompañada de un equipo logístico puntual, ya sea a través de amigos, o amigos de sus amigos, que cumplen la misión informativa del momento y que le permiten visitar playas antes de que las mareas las invadan; de ver atardeceres en lugares estratégicos sin estar ocupados por turistas. Hace un repaso histórico sobre la zona que deja ver, el porqué de la importancia de la zona en el pasado y del que hoy casi que vive de espaldas a ello. Solo las personas curiosas e inquietas infieren lo mucho que el tiempo del ayer, puede repercutir en el presente. Es por ello, que todo esto, acompañado de pensamientos, reflexiones, de querer profundizar en sus raíces sin caer en la niñería que a veces trae consigo la nostalgia sirve para consolidar su pasión viajera y sobre todo el querer compartirla.

El libro publicado por la editorial Acantilado no defrauda, sino que incita a programar ese viaje para tus próximas vacaciones o para un futuro no muy lejano, ya sea recorriendo el mismo itinerario o diseccionando por zonas.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y foto