Escribir una novela de aventuras al estilo de la época del mayor esplendor del género, que fue el siglo XIX, es lo que intenta Albert Sánchez Pitol con La piel fría,revivir una aventura en los albores del siglo XX, concretamente en el 2003, fecha de publicación del libro.
Partimos de la base de una lectura amena y fácil y sin ninguna complejidad estilística. Se intuye que Pitol es aficionado del género aventurero, tal y como está escrita la novela, teniendo forma circular con su inicio y fin, así como que contiene todos los elementos necesarios en una historia para tal fin: un faro, un alienígena o ser extraño, una isla pequeña y apartada de toda ruta comercial en el Atlántico Sur, un protagonista huido o perseguido por la justicia y la permanencia obligada de un año en dicho lugar.
A una novela de aventuras no se le puede pedir otra cosa, sino que distraiga al lector, requisito que cumple La piel fría,aunque se intuye que el autor ha querido decir algo más, pero no consigue transmitirlo al lector, porque el doble sentido se pierde ante la sucesión de acontecimientos continuados. El hecho de convivir dos personas ajenas entre sí, los efectos que produce la mente del ser humano ante la incomunicación y los monstruos que le hace ver, el paso del tiempo y su medida, saber cómo actúa el ser humano ante el aislamiento, o quién es el monstruo ante la invasión de un terreno.
Los trama están plagados de reminiscencias a Verne, Crusoe, Lovecraft e incluso se atisba en el protagonista rasgos de Kurtz, persona arista de Conrad, ante la perplejidad de todo lo que está viviendo, aunque Piñol no consigue profundizar en nada. Intenta jugar con el lector, pero solo ha leído las instrucciones del juego y no sabe cómo aplicarlas. Las citas para emular a filósofos, el juego de nombres (escritos al revés), la escasez de personajes o la creación de un ambiente claustrofóbico. Presiento que Pitol intenta mostrar la complejidad humana en su vertiente de la convivencia entre dos personas (¿el hombre es un ser solitario? ¿necesita de la sociedad?) y en un mundo ajeno, pero se queda ahí, no consigue calar con ningún pensamiento en profundidad y los personajes se disuelven en su propia construcción.
Todo en la historia es demasiado evidente para dotarla de una calidad que perviva en el tiempo y más cuando el lector actual exige inmediatez y, casi que todo sea novedad. En el año 2017 el libro fue llevado al cine, pero pasó sin pena ni gloria. La piel fría se lee sin más exigencia que una novela de aventuras, para una tarde de playa (o dos) o de campo. Cuando se sabe lo que estás consumiendo, no hay que exigirle más.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía