Los
folios que voy escribiendo son una primera escritura, ya llegará el
momento final de corregir la novela entera. No obstante, a veces no
consigo reprimir el impulso de leer algo escrito días antes. Resulta
difícil leer porque lo que me gusta en la primera lectura, en la
relectura no me gusta. Igual que cuando he acabado el folio tal o
cual y me parece que he hecho un trabajo aceptable, cuando lo he
dejado un tiempo en reposo y vuelvo a leerlo me entran ganas de
tirarlo a la papelera de reciclaje. Es la gran dicotomía del
escritor. ¿Cuándo dar por bueno un texto?
Es
algo sistemático, cuando cojo algo escrito por mí el rotulador rojo
de punta fina también me acompaña. Me gusta marcar lo que veo
extraño en el texto, lo que no me gusta, hacerle llaves, flechas,
subrayados, anotaciones al margen, al pie de página... Cuando he
acabado de leer un texto, queda muy poco del original. Supone un
trabajo nuevo y no me atrevo a calificar si más o menos interesante
que escribir la primera versión, pero sí que me provoca cierto
optimismo el ver cómo los trazos señalados por el rotulador rojo
significan una revolución en el texto y, por lo tanto, una mejora
explicita en él.
©
Miguel Urda. Texto
Foto.
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