Lo advierte el autor, con la cita de Federico Fellini, que usa para dar paso a la novela:¿por qué en sus películas no hay una sola persona normal? Palabras que no provocan error dada la forma de ser de los personajes de La promesa.
Novela ambientada en los años ochenta en Sudáfrica (Pretoria), nos incita a mirar directamente al Premio Nobel J. M. Coetzee, y aunque la prosa de Damon Galgut es completamente diferente, sí puede decirse que bebe de la narrativa matriz surgida a raíz del apartheid. Esa época fue crucial para el país con Nelsn Mandela en prisión, la falta de un valor nacional para proclamar los derechos civiles de la población nativa, la disolución/repartición de la riqueza para el pueblo, todo ello unido a la religión, que siempre busca un resquicio para infectar con sus creencias las mentes de los más débiles o necesitados de afecto.
Dividida en cuatro capítulos, que se corresponden con personajes que saldrán de la historia al cumplir su función, quedando relegados a meras menciones. Durante el transcurso de treinta años vemos la evolución de los personajes, acompañados de los cambios políticos y sociales que vive el país, la segregación racial,que supone una pieza clave en la historia, puesto que, junto a los protagonistas "blancos" convive "Salomé", una criada negra a la que la matriarca, antes de morir, le hace una promesa.
Galgut muestra personajes que se salen de lo común, incoherentes con el sentido rutinario de la vida, pero viene a decirnos: "¿qué es la vida?", aunque siempre acuden a la llamada de la muerte en la novela, y a través de ellos nos muestra la evolución de todos ellos unidos al país. Vemos cómo en cualquier familia existen contradicciones, quejas, esperas, decepciones y todo porque la vida tiene unas reglas sociales comunes y familiares que no desentonan en ningún lado. El hijo díscolo, las esperanzas puestas en el mayor o el perdido. Cuatro décadas dan para mucho, para mostrar la verdad y la mentira de un país; como el individuo siempre busca un atajo para no dar crédito a las palabras que le obligan a comprometerse.
Al acabar la novela, vuelvo a releer la cita inicial y le doy la razón al autor: todos los personajes son incoherentes, pero buscan una coherencia que el momento que les toca vivir no les proporciona y solo les queda algo por cumplir, que lo deja en manos del lector, si son capaces de cumplir una promesa. No me siento defraudado por la historia solo profundizar más en la producción del autor.
©Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
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