A través de una narrativa fragmentada, el autor, ya un hombre maduro, será el encargado mostrar los cuidados a su progenitor enfermo durante sus últimos días. Aunque pueda parecer un tema simple para una novela subyace una contrariedad de emociones ante algo para lo que la sociedad no nos prepara, más bien nos hace volver la cara. Recursos que el Gospodínov utiliza de forma honesta, directa y con sentido social para transpolar al lector sus sentimientos sobre la muerte de un progenitor desde el momento inicial de la historia. No obstante, deja en el aire preguntas que forman el binomio vida-muerte al saber que el avance de la enfermedad lleva a construir de forma apresurada e imprevista una nueva rutina familiar sin ser consciente de ello. ¿Qué se siente cuando tienes que ponerle los pañales a tu padre? –incluso está la paradoja del ciclo vital: nada más llegar al mundo te colocan unos pañales y te vas con ellos al final–, ¿siente el enfermo humillación al verse atrapado por la enfermedad? ¿Qué se hace con las medicinas de papá cuando ya no está? ¿Qué se hace al final de una vida?; ¿es necesario sentirlo?
Pero no todo es enfermedad, Gueorgui Gospodínov juega con los recuerdos para construir la historia de la familia. El socialismo, el colegio, los viajes, los sueños que se tienen en la juventud, el jardín de su padre, las flores y frutas plantadas. El final, justificado o no, queriendo o no, llega y solo queda aceptarlo, y es ahí donde pone el énfasis: ¿se debe vivir del recuerdo? ¿Es bueno o es malo recordar al padre? ¿Se mitifica al fallecido? ¿Hay una intención justificativa al visitar la tumba? Y que es necesario saber soltar la mano del fallecido, dando paso al relevo generacional.
Es el autor mismo quien confiesa que no sabe qué novela ha escrito con El Jardinero y la muerte. Si de memorias o elegíaca. Lo importante es que la prosa de Gospodínov es uno de los descubrimientos más impactantes que desde hace tiempo. Es una novela que será más comprensible o cercana para quienes han pedido o han pasado por la pérdida de un ser querido en su vida. Para quienes la lean sin el requisito de esa pérdida, tal vez podría resultar incompleta.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
No hay comentarios:
Publicar un comentario