La literatura española tiene deudas con muy buenos escritores, bien por ser relegados a un segundo plano o al olvido, como ha ocurrido con la escritora valenciana Concha Alós.
Mi primer acercamiento a su obra fue con Las hogueras, premio Planeta en 1964, comprada en una tienda de segunda mano donde el lote de cinco libros costaba tres euros. Lo leí y me gustó su prosa, pero a su vez había algo que no me convenció, aunque por los avatares del momento no pude detenerme a pensar en ello; sin embargo, al entrar en esta novela volvieron todas aquellas dudas que han ido respondiéndose por sí solas.
En Los enanos asistimos a un mundo familiar para los lectores: una pensión. Hablar de una pensión en nuestra literatura es mirar a Camilo José Cela, con su Colmena, pero me atrevo a ir más allá y mirar al cómic, a la obra de Francisco Ibáñez, 13 Rue del Percebe, cuyos protagonistas son los vecinos que conocemos todos. La obra de Alós está ambientada en la Barcelona de posguerra; con un trasiego de personajes continuo, nos cuenta la vida de cada uno sin apuros o concesiones y sin dejar ningún tema al aire. Por sus páginas pasamos por el maltrato a la mujer, las cucharas en la cocina, la virginidad, el ser madre soltera, cuestiones raciales, incluso por tabúes sexuales con la proposición de un trío.
Concha Alós fue una escritora culta, ajena al mundo argumental doméstico que la narrativa de la época imponía, cosa que se percibe en sus obras, donde nos lleva de primera mano a conocer las miserias que vivía la clase trabajadora e intentó ocultar. Pero a su vez tocó temas que dejaban en ridículo a la censura, pues habla de Eichmann con total libertad, dejando entrever que no se tenía conocimiento de él ni de lo que hizo; o del cuento japonés sobre el abuso infantil, cuyo sentido tampoco tuvieron que entenderlo, pero el hecho de tratar temas directos como la prostitución, el ser madre soltera, la lucha de clases o las injusticias sociales no gustó nada al régimen y su obra fue relegada a un cajón. No fue hasta el año 2016 que la editorial Recalcitrantes rescató Las hogueras, aunque la actividad de la editorial cesó, siendo en la actualidad la editorial La Navaja Suiza la encargada de publicar su obra.
Escribo esta reseña en pleno 2026 y han pasado más de sesenta años desde su publicación , aunque es con la que ganó por primera vez el premio Planeta, cuando se otorgaba a la calidad narrativa, pero no pudo aceptarlo al tener un contrato con la editorial Plaza & Janes, quien hizo valer sus derechos. Y en este tiempo el lenguaje ha cambiado, se percibe nada más entrar en sus páginas, y no es que ahora se escriba o hable diferente, sino que repite la misma técnica expresiva en frecuentes ocasiones; el uso de adverbios no está controlado, por ejemplo, pero ello no quita que la novela sea un fiel reflejo de la época y cuente la realidad social de un país donde las secuelas de una guerra civil estaban muy presentes y el verdadero intento del individuo era "vivir".
No me ha defraudado la escritora valenciana; es más, reivindico la difusión de su obra, dado que refleja una mirada moderna, real e incisiva de unos personajes que, sin pretenderlo, fueron los pilares en los que se asentó una sociedad extinta de libertades. Sería una buena forma de redimir el injustificado olvido que padeció Concha Alós.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
No hay comentarios:
Publicar un comentario