Suele ocurrir que un relato se coma casi toda la producción de un autor en el momento que traspasa las fronteras para las que fue creado. Es lo que sucedió con Tennessee Williams, cuyo relato, La noche de la iguana, que da título a este libro, y que copó prácticamente toda la producción literaria del escritor, dejando en segundo plano otros relatos, aunque ya consolidado como dramaturgo.
Publicado por Alba Editorial en 1998, recopila quince relatos por orden cronológico que abarcan desde 1928 hasta 1978, cincuenta años de producción literaria, lo cual nos acerca a la evolución del escritor, tanto en temática como en su prosa, y que lo consolida como uno de los grandes escritores norteamericanos testigos de los principales acontecimientos del siglo XX.
Su prosa es tímida, es decir quiere contar sin hacer pupa al lector, o advirtiéndole de que todo en la vida no es bonito y debe estar preparado para ello. No obstante, en una primera lectura se intuye una influencia de Tolstói, que introduce al lector en una intertextualidad de forma natural y que el lector no se cuestiona lo que está leyendo, solo se deja llevar por la historia. Pero no es necesario leer mucho para intuir ciertos toques biográficos en los personajes, que a veces me parecen demasiado abiertos, cosa que achaco a su labor teatral, y él lo dejó claro en una entrevista: "Mis obras de teatro largas surgen de obras en un acto y relatos cortos anteriores", lo cual se manifiesta en la forma de usar los personajes y las escenas. Los relatos son perfectamente extrapolables al teatro.
Es una narrativa que va aparejada a su vida y a los momentos que vive el autor, reflejando mediante personajes asentados en una sociedad no exenta de contrariedades: una hermana que abandonó el hogar; las diferencias entre dos hermanos, la cópula entre una menor de edad y un casado, la aristocracia italiana siempre en el recuerdo de los mejores años vividos.
Solo había leído teatro de Tennessee Williams hasta que cayó en mis manos este libro. Es un libro de temporada invernal (ya saben, un relato al día, como máximo dos, por autor) y que, al acabar de leer el relato, me incitó a ver de nuevo la película de John Huston, de 1964, que hizo sobre esta historia, aunque ello no tiene que llevar a juicios erróneos sobre la calidad de la película o del relato. Son dos cosas distintas en dos medios distintos; cada uno tiene su peculiaridad, pero al lector, en este caso, solo le aconsejo que disfrute.
©Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
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