Escribir sobre Siri Hustvedt me produce una controversia continua y los seguidores de este blog son testigos de ello. No es una autora cuya novelística me cause gran pasión e intento darle una nueva oportunidad cuando intuyo que algo nuevo puede gustarme y así cambiar de opinión. En Historias de fantasmas, volvemos –tanto ella como yo– a más de lo mismo; vamos por caminos diferentes. El título de este libro sirve como homenaje a su marido, quien antes de fallecer le dijo que volvería en forma de fantasma a su vida.
A medio camino entre el diario y la narración, sin llegar a ser ninguno de los dos géneros, narra a base de fragmentos, como si fuesen fogonazos de ambas vidas o fichas de un puzle, momentos de los cuarenta y tres años que tuvo de matrimonio con Paul Auster, la enfermedad del marido, la soledad a la que se enfrenta una viuda, así como una serie de cartas del escritor a su nieto y que iban a formar parte de un proyecto de libro que no pudo terminar. La autora huye del sentimentalismo o la pena íntima, que es muy proclive a facilitar el llanto y la compasión para mostrarnos la realidad de una enfermedad. Nos da detalles sobre el deterioro de su marido a causa de un cáncer, las visitas a hospitales, médicos, la relación con el hijo de Paul Auster y que falleció a causa de la droga, su relación y, sobre todo, el hecho de compartir una vida con otra persona. Son páginas plagadas de recuerdos, y también con una mirada hacia el futuro, pero un futuro a nivel individual y que tiene que construir. Porque todo lo que antes se hacía entre dos ahora es tarea de uno.
Cambiar de estatus social no es fácil en la sociedad, donde hay sociedades en las que la viuda queda desechada de cualquier atisbo de vida y sobre ello hay dos libros fantásticos de Joan Didion con El año del pensamiento mágico y Joyce Carol Oates con Memorias de una viuda. Donde cuentan lo que significa cambiar de vida en un momento y lo que representa para la sociedad ser viuda. Dejando patente que después del fallecimiento del cónyuge hay que iniciar una vida, pero que va aparejado a lo anterior: facturas pendientes, gastos de la casa, hijos, trabajo...
Sin embargo, desde que leí a Siri Hustvedt por primera vez con Todo cuanto amé y alguna novela posterior, siento que en su narrativa hay un intento de justificar el ser o haber sido, la esposa de un escritor y más si se llama Paul Auster, mientras que al leer sus ensayos (Vivir, pensar, mirar en Anagrama, por ejemplo) intuyo una voz propia sin miedo al qué dirán. Sus artículos están muy bien estructurados y documentados (neuropatía, neurociencia...). Y ahí es uno de los puntos donde no encaja mi forma de entender su escritura y, en el caso aquí reseñado, me ocurre que me quedo con ganas de saber más sobre la relación de ambos, pero –vuelvo a insistir– sin entrar en sentimentalismos.
Acabo la lectura de Historias de fantasmas con la duda –eterna (¿e injusta?) duda en mi interior– sobre la calidad de la producción narrativa de Siri Hustvedt. Para curarme en salud, seguiré siendo fiel a sus ensayos.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía

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