Publicada en 1922, para una sociedad británica viajera, nos encontramos con un texto en donde se avisa al lector y al futuro turista para que sepa lo que se va a encontrar cuando llegue.
Alejandría de E. M. Forster destaca por ser un libro ajeno al mundo de sus novelas, pues se trata de una guía de viajes, aunque sí que se percibe su forma de narrar o de escribir que hace transitar al lector de forma amena por su cultura. El autor divide el libro en dos partes independientes, una primera donde muestra que su posición geográfica la dota de una situación estratégica única en su pasado y además menciona todos los periodos históricos que le han hecho mella. Comenzando por el periodo greco-egipcio hasta finalizar con el bombardeo que padeció en 1882 por parte del Imperio Británico, va dando unas pinceladas mínimas para orientar al espectador. Será en la segunda parte donde nos encontremos con lo que es propiamente una guía de viajes, además muy profusa en imágenes, mapas y planos dada la época de su publicación. Nos paseará por los barrios con más pedigrí histórico y los monumentos que de una forma u otra han marcado y cimentado el nombre de la ciudad. Y nos engulle en sus calles, con la mezcla de culturas y religiones (cristiana, copta, musulmana, griega, árabe, etc.), con el bullicio de sus calles, con los cafés y las tiendas de especias, de orfebrería, de curtidos, etc.
En la actualidad, Alejandría ha pasado de ser la segunda ciudad en importancia de Egipto a favor de El Cairo, pero Forster se encarga de mostrar su pedigrí histórico. Nos recuerda que la fundó Alejandro Magno, que cobijó el amor de Cleopatra y Marco Antonio, que poseía el "Faro" que dio luz durante siglos y fue considerado una de las siete maravillas del mundo; es la ciudad donde estuvo la Biblioteca que reunía todo el saber de la antigüedad; que Napoleón estuvo encaprichado de ella. Pasado y presente conviven en un mismo espacio sin pisar el lugar que ha ocupado en cada momento de la historia.
Hay que leer este libro de Forster con curiosidad, sin tener en cuenta el paso del tiempo o cuestionar si es mejor o peor que su narrativa. Este libro nos sirve para apreciar cómo eran las guías de viaje a principios del siglo XX, pero de la mano de un escritor. Todo lo demás sobra; solo hay que dejarse llevar por el embrujo de una ciudad que ha visto pasar la historia de dos continentes con el mar Mediterráneo como testigo.
A mí solo me asalta una pregunta o, mejor dicho, una duda. ¿Sería Kavafis el mismo poeta sin la ciudad que le vio nacer? La respuesta queda en manos del lector o del viajero.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
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