8/30/2026

El primer siglo después de Béatrice, Amin Maalouf: la ruptura de la costumbre





La distopía El primer siglo después de Beatrice fue publicada en 1992, donde el mundo tenía puestas sus miras en el nuevo siglo, que parecía llegar de forma apresurada, y que intuía un cambio social con un calado universal. Y sí, la sociedad cambió, pero una de las cosas que deja patente la novela es que hay aspectos intrínsecos que permanecen igual que desde el momento en que la novela vio la luz, lo cual despeja la duda sobre el progreso de la sociedad. El primer indicio que nos muestra el libro no es baladí: es su distribución en veinticuatro capítulos, cada uno enumerado con una letra del alfabeto. Hay que ser un gran escritor para saber lo que quiere contar, cómo lo quiere contar y, además, que todo cuadre y encaje como él quiere.

La historia transcurre en dos planos temporales: los años 90 y 2030 (algo que parecía remotamente lejano), y Amin Maalouf toma como punto de partida para construir una distopía el descubrimiento de unos misteriosos polvos en Egipto que perpetúan la descendencia masculina en detrimento de la femenina, lo cual posibilita la manipulación de la población mundial a través de la concepción, y que muestra que la mujer continúa siendo la gran perjudicada con el intento del hombre por mantener su hegemonía. Bajo esa capa de un aparente humor, subyacen la denuncia de los infanticidios femeninos en zonas subdesarrolladas de África, abortos no deseados o incontrolados, el abuso a la mujer e incluso el ostracismo que padece, e incluso el cuestionamiento de qué siente el hombre cuando tiene demasiado poder o quiere revertir unos hechos ante los cuales se siente perjudicado. Sin embargo, la gesta de poder seleccionar el sexo antes de nacer te lleva a pensar en una visión pesimista de la sociedad. ¿Qué pasaría si todas las mujeres tuviesen solo hijos? ¿Llegaría el fin de la sociedad? ¿Es un problema reversible? ¿Cuáles son los valores que rigen –o deberían regir– en una sociedad?

Al poco de adentrarnos en la novela, percibimos que el autor juega a romper las reglas impuestas por la tradición social en una pareja. Una madre que quiere trabajar, que tiene una hija (Beatrice) para complacer al padre y que este sea quien la cuide. Y aquí radica la principal cuita que el autor quiere mostrar a la sociedad. ¿Por qué no aceptar lo nuevo? ¿Acaso la tradición tiene tanto peso que es imposible su ruptura? ¿Es necesario tener en cuenta a la sociedad para ser quien quiero ser? Tener un hijo es un acto individual o de pareja, pero Maalouf lo convierte en colectivo, al otorgar la supremacía al hombre, y pierde su rasgo distintivo.

El hecho de que la protagonista de la novela se llame Beatrice te hace mirar directamente a Dante y su infierno. ¿Está colocado el nombre de la protagonista con un fin concreto? ¿Acaso el hombre vive en un infierno? ¿Es un infierno la sociedad? ¿Cómo debe actuar el hombre ante la perplejidad de la manipulación genética? ¿O acaso el hombre convertirá a la sociedad en un infierno con el hecho de tener solo hijos? Preguntas que solo el lector debe responder, pero sin una obligatoriedad, pues la novela tiene una lectura fácil con ciertos toques de humor.

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía





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