3/27/2026

Algodoneros, James Agee: el tejido sin cicatrizar de una sociedad




Solemos olvidar que la creación de Estados Unidos como forma política es de origen reciente, unos doscientos cincuenta y años recién cumplidos, y aunque haya estados de menos antigüedad, ninguno ostenta el poder supino que ejerce sobre la economía mundial. Y cuesta entender esa magnitud sin mirar a su pasado: sobre quiénes lo forjaron, lo construyeron y quiénes lo sufrieron. Y un pilar fundamental que ayudó a consolidar su economía fue la producción de algodón en los siglos XIX y hasta bien entrado el siglo XX. Algodoneros es la cara visible de ello, al mostrar la dura forma de vivir de la población que cultivaba los campos de algodón, y que hoy en día nos puede parecer un eslabón más dentro de la pobreza que inunda el globo terráqueo, a la que nos tienen tan acostumbrados los medios de comunicación, pero que tiene un valor cultural dado que muestra las bases de una economía sin la cual el país no sería lo que es hoy.

El libro surge a raíz de un encargo de la revista Fortune en 1936, al periodista James Agee y al fotógrafo Walker Evans, sobre la población sureña. Fue publicado en 1941, y vendió seiscientos ejemplares, no volviendo a publicarse hasta 1960, cinco años después de la muerte del autor. Y aunque los tiempos han cambiado, sobre todo en el sector agrario, donde las máquinas han suplantado la mano del hombre, asistimos a una serie de datos que solo hacen asombrarnos y que llegan a frustrar al ser humano, pues sabe que lo que se cuenta es verdad y que el ser humano necesita someter a otros para sentirse o ser más poderoso.

Centrado en tres familias: los Burroughs, los Fiels y los Tingl, como representación del millón y cuarto de familias que tienen arrendadas granjas y que en su totalidad forman entre ocho y nueve millones de personas. Dividido por temas: salud, vestimenta, trabajo, terratenientes... nos deja al descubierto algo que sabemos porque tanto el cine como la literatura se han encargado de mostrar las diferencias –o injusticias– que existían sobre las personas de color, pero el libro no se detiene en ellos, sino sobre las condiciones de trabajo de los recolectores de algodón. Es todo lo contrario; los terratenientes, dueños de las plantaciones, los prefieren: "Los negros son mejores arrendatarios que los hombres blancos" Están más conformes y es raro que se independicen, además permanecen más tiempo en el mismo sitio. 

Hay una producción novelística muy abundante sobre la Norteamérica profunda y que comprende varias épocas: la Ley Seca, el periodo de entreguerras, la gran depresión, la guerra de la independencia... reflejadas en títulos como Stoner de John Williams, El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, Las uvas de la ira de John Steinbeck... (por citar algunos), pero todos ellos tienen su base narrativa en un país formado a través de la inmigración y del mundo agrario. Y es algo que se percibe en este libro, como muestra una sociedad agraria e injusta, y que a su vez permite nutrir a los novelistas para reflejar una realidad novelada.

La narrativa de James Agee tiene valor por sí misma, pero al ir acompañada de las fotos de Walker Evans, asistimos a contextualizar la sociedad. Vemos la forma de vestir, la casa, los terrenos que trabajan, la cama... Es adentrarnos en la sociedad norteamericana de principio de siglo sabiendo que fue verdad y que existió. Mirar al pasado supone ver que está compuesto por cicatrices que muchas veces olvidamos a pesar de que no están curadas en la sociedad, sobre todo en Estados Unidos. Algodoneros es una muestra de un pasado que te incita a pensar sobre la camiseta y pensar si hay mucha diferencia con el ayer.

©Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía


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