Milan Kundera no es fácil; es un autor cuya obra se debate constantemente en un debate sobre si aplica la filosofía en su narrativa o viceversa. El libro de los amores ridículos son relatos que bien podrían catalogarse con uno de los pecados capitales, pero es algo que siempre quedará condenado en el ostracismo, pues nunca se refirió, si quería hacer un juego con ello o simplemente los escribió como parte de una obra o por encargo y la editorial los agrupó bajo un mismo título, y que vio la luz por primera vez en 1968. Sin embargo, llama la atención que el libro esté dividido en siete partes y, una vez que los lees, descubres que cada una de las historias es autónoma y no existe una relación entre ellas.
A pesar de que Kundera no es uno de mis autores favoritos, sí que lo disfruto más en una novela; considero que en sus relatos tiene algo que no todo novelista sabe hacer: contar una historia con pocas palabras o páginas, sin perder un ápice su idiosincrasia. Va a lo concreto de la realidad que compone el ser humano: sus miserias, el autoengaño, la virtuosidad, una búsqueda/pérdida interior con el fin de conseguir algo, pero ese algo va dentro del juego filosófico que el autor propone. Aquí los personajes principales son hombres, pero los muestra decadentes, con una comicidad que deriva en lo burlesco, un afán de demostrar la hombría y que, a pesar de la edad, pueden jugar con el amor o las mujeres, porque para el autor checo ambos temas van unidos y todo ello conjugado en temas que forjan al ser humano: el sexo sin amor, la complicidad de unas miradas, la infidelidad, la mentira, el amor correspondido o no.
Sin embargo, he notado cómo el tiempo ha pasado por las narraciones y los cambios políticos que ha sufrido Europa del Este lo dejan patente; ya no existe ese miedo a ser delatado, a ser perseguido por la policía del régimen, a enamorarte de quien quieras y a poder consolidarte un perdedor si es necesario. No obstante, el libro muestra otro cariz que nunca pasa de moda, la forma de ver el amor, las miserias del hombre, la conciencia y las eternas preguntas que, según la intensidad de ese instante, tienen un cariz u otro.
Estos relatos reflejan el mundo de Milan Kundera sin otra perspectiva que el disfrutar de su lectura, a pesar de que subyacen preguntas que, a veces sin quererlo, se les busca una respuesta.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotografía
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