1/26/2026

Cósima, Grazia Deledda: la forma de concebir de una vida propía




A pesar de que el ejemplar que tengo en mis manos es del año 2007 y en una cuidada edición de Nórdica libros, –con un excelente prólogo y traducción de María Teresa Navarro–, es el primer libro que leo de la autora Grazia Deledda. Todo un descubrimiento y que viene avalado por el premio Nobel en 1926, –cuando los premios no estaban viciados hacia tintes políticos o justificativos con el fin de rescatar a un autor del olvido– a una escritora, el único que ha sido dado hasta el momento al género femeino en Italia.

Escritora autodidacta, cuya primera novela, de corte sentimental, En el azul, la publicó a la edad de dieciséis años. Forjó una línea narrativa a través del pueblo donde nació, Nuoro, en la isla de Cerdeña, que había permanecido aislado del mundo exterior, dando lugar un imaginario personal, pero basada en vivencias propias con un doble motivo: escribir es lo único que sabe hacer y a la vez, le sirve para sobrevivir. Dejó muy pronto su isla para irse a vivir a Roma tras contraer matrimonio, no obstante, el recuerdo de su pueblo, supuso una fuente inagotable de material para toda su obra literaria.

Cósima es la última novela escrita por Deleda y publicada de forma póstuma; con una prosa sensible, pero sin caer en ñoñería, narra en tercera persona, con el fin de marcar distancia en sus páginas de lo personal, se asiste al primer plano que ocupan las mujeres en toda la narración, mientras que los hombres solo están para enfatizar los rasgos y/o hechos de las mujeres. Aunque no la considero una novela feminista, ni siquiera la crítica la considera una escritora como tal, sino que muestra un mundo que conoce a través de su experiencia. No obstante, hay cierta contradicción en sus páginas, pues escribe con sensibilidad, pero a su vez teme el qué dirán impregnado de ansias de libertad, manifestándolo a través de una tercera persona, quedando alejada de toda responsabilidad o impregnación personal.

La protagonista vive en un pueblo pequeño y todo el mundo es conocedor de todo. La principal preocupación de las familias es casar a las hijas y a ser posible con alguien pudiente; cuando se produce un luto se cierran las ventanas a cal y canto durante cinco años (con solo un año de diferencia de la publicación de La casa de Bernarda Alba, ambas obras manifiestan una tradición cultural permeadas por la geografía mediterránea); el hecho de escribir en un pueblo, donde ser estudioso está mal visto pues sabe que pasará penurias; la vida en el campo y la preocupación por las cosechas; las ideas políticas cuentan y todo el pueblo es señado por el mismo pueblo, nadie está exento de culpa aunque lo único que quieren es vivir en paz.

Deledda nos lleva de paseo al ayer sin caer en la nostalgia, ni el aburrimiento, solo muestra lo que siente a través de su vida. Es una autora relegada para el gran público y que está pidiendo un reconocimiento como lo tiene Natalia Ginzburg o Agustina Bessa Luisa y que comparten la misma idiosincrasia narrativa sobre escribir de lo que han vivido. 

© Miguel Urda Ruiz

Texto y fotografía



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