Quien más o quien menos, alguna vez ha intentado perderse en la vida o por lo menos lo ha pensado. ¿Quién me buscaría? ¿Quién me echaría de menos? ¿A dónde iría? Estas son algunas preguntas que no están en el ensayo de Rebecca Solnit Una guía sobre el arte de perderse, porque la autora se aparta de lo convencional para profundizar en otros aspectos sobre dicho asunto y que no deja cuestión alguna en su justificación.
Lo primero es descartar la palabra "pérdida" como sufrimiento o alejarla del sentimiento de "amor" asociado a la pareja. Solnit distingue otro tipo de pérdida a través de álbumes familiares de fotografías, en momentos dolorosos vividos, en sus orígenes, de lugares, de valores, de lenguas,... porque a pesar de ello, el ser humano tiene que seguir avanzando, ya sea comenzando de nuevo o asimilando lo acontencido.
La autora cuenta su vida, pero sin tener un mapa trazado, sino momentos concretos: hombre tortuga, fallecimiento de una amiga, las secuelas del holocausto, etc., pero fijado en elementos que te llevan a elaborar tu propio mapa de recuerdos o sentimientos y lanzando la pregunta al lector de si es necesario perderse alguna vez, y que a su vez deriva en otra pregunta: ¿Hay que entender la vida? Porque durante la vida se plantean obstáculos y, en vez de luchar con ellos, hay que dejarlos reposar, darse cuenta de ellos y a partir de ahí prestarles atención. Sin embargo, al avanzar en el libro me siento confuso por momentos, pues hay capítulos con el mismo título y tengo la sensación de que me aparta de lo que yo quiero leer. Dejé el libro con mal sabor de lectura para no reseñarlo, pero la semilla de la insatisfacción estaba ya sembrada. Volví a él, esta vez a leer párrafos que tenía subrayados y ahí sí, sí que le di significado al libro.No me atrevo a catalogar o clasificar el libro en un género concreto de ensayo, pues toca, pasa por temas biográficos, filosóficos o artísticos, pero sin caer en lo básico o en algo sin justificar. Emplea el "azul" por un motivo concreto y deja claro que para cada lector la tonalidad será diferente e irá acarreada de unas vivencias propias.
Es un libro extraño y que se sale de la línea de las publicaciones comerciales, pero fácil de leer y sobre todo que abre un horizonte al mismo horizonte, a no tener miedo al camino, a lo desconocido, a abrazar lo nuevo que vendrá, pero incita a disfrutar del momento sin tener apego al ayer. La vida es un mapa personal e intransferible y somos nosotros quienes ponemos los mojones o señalizaciones en él. Quién la interprete y cómo la interprete dará para otra guía.
© Miguel Urda Ruiz
Texto y fotofrafía
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