Han pasado diez años desde la publicación de su último libro de relatos, La habitación de Nona, lo cual induce a pensar que le gusta hacerse de rogar, pero no, no es así. Cristina Fernández Cubas sabe lo que hace, sabe lo que quiere, y sabe darle el toque narrativo apropiado, cuyo resultado es el fantástico libro Lo que no se ve.
Compuesto por seis relatos que constatan, una vez más, la buena maestría para construir relatos, Fernández Cubas construye personajes cotidianos, amistosos, bondadosos, incluso tiernos, pero que a la vez han saltado la raya de lo cotidiano para vivir en su propio mundo, lo cual configura el universo narrativo de la escritora y toma como apoyo para construir elementos que son afines a todos los individuos: el cine, las tiendas, el calor, las amistades, la familia, lo cual puede provocar una desazón en el lector, porque los personajes son lo que son, pero a la vez no lo son o son algo más. Lo común, la rutina, a veces busca una ruptura con la línea de la vida que le lleve a un mundo nuevo; incluso siendo inconsciente el propio protagonista, se deja llevar por los avatares de los acontecimientos con el fin de buscar un agarre al día a día y vivir.
La escritora catalana hace una propuesta arriesgada, –aunque la cuestión sería a la inversa: ¿es necesario arriesgar cuando estás consolidada en el mundo literario? –al continuar escribiendo una serie de relatos que exigen la atención minuciosa del lector. La sociedad va cada vez más deprisa y los lectores, intenta ir al mismo compás; se exige inmediatez, todo lo contrario a la prosa de Cubas.
SATISFECHA. Es la palabra con la que acaba el último relato, y por lo tanto el libro, y que da sentido al relato, pero a su vez te saca de él y te hace mirar la figura de la escritora. ¿Está satisfecha con su obra? ¿Será la última? ¿Está satisfecha con ser escritora? ¿Ha conseguido lo que ha querido? En cualquier caso, la respuesta es doble: la de la propia escritora, que nunca conoceremos, y la del propio lector, que será quien tenga que sacar las conclusiones de lo que quiere decir. En cualquier caso, lo único que importa es disfrutar de cada relato, porque Cristina Fernández Cubas se hace rogar y sabe aplicar muy bien, el dicho de lo bueno, si es breve...
Texto y fotografía
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