Los Papeles Olvidados es un espacio que recoge los excedentes de producción creativa de mi imaginación y que muestro como proceso final en relato, comentarios o recomendaciones. Es una forma de reflejar mi vida y mis pasiones: la literatura y la escritura, y que decido compartir con usted, contigo, con vosotros respetables y apreciables lectores. Blog abierto a la opinión, a la sugerencia, a la critica, a la creatividad.


sábado, 16 de octubre de 2010

Una mirada de ciento ochenta grados -1ª parte-


Hoy es la última vez que vengo a esperarte, Alberto. Lo he estado haciendo durante veinticinco años y creo que ha sido suficiente.

Durante todo este tiempo he estado pensando mucho en todo lo que pasó y no quise aferrarme al olvido. Fuiste cruel conmigo al acabar de una forma tan inesperada. Yo sabía que algo iba mal y tampoco iba engañada con tu amor. “No soy hombre para ti”, me dijiste. “Déjame comprobarlo”, te respondí. No me distes oportunidad para saberlo. Decidiste acabar lo nuestro un veintinueve de febrero. ¿Por qué en un día tan especial? ¿Sólo para poder rememorarlo cada cuatro años? Lloré toda esa noche y al despuntar el alba decidí esperarte, porque yo sabía que algún día volverías. Y aquí me tienes, uno de marzo en el último día de mi espera. Con esa fecha me pusiste en una encrucijada, ¿qué día esperarte? El veintiocho de febrero o el día uno de marzo. Opté por esta última, siempre los comienzos son bonitos y me gustaba la idea de comenzar un nuevo mes con la ilusión de verte llegar.

El café, desde donde tú sabes que te espero, apenas ha sufrido modificaciones. El mobiliario está más viejo y el café más malo, aunque quizás el cambio más evidente son los camareros. Han ido pasando etapas y casi todos los que estuvieron presentes en nuestro amor se han jubilado, y los nuevos son benevolentes conmigo, saben que soy inofensiva para el resto de clientes, aprenden rápido mis gustos: un café, con la leche algo templadita, un vaso de agua y un suizo o bollo que este blandito. Aunque no lo creas, Alberto, son cariñosos conmigo, yo no molesto, sólo me dedico a esperarte y ver transcurrir el tiempo, que ha pasado más deprisa de lo que a veces pensamos. No me gusta mucho mirarme al espejo, pero en mi pelo predomina el color gris, aunque sigo manteniendo el mismo peinado, esa cola de caballo que a ti tanto te gustaba despeinar. Cada vez me cuesta más andar, y me ahogo con facilidad. Ya no soy una niña, Alberto. ¿Seguirás queriéndome igual cuando me veas?
.
Continuará
© Miguel Urda

1 comentario:

L.P dijo...

Hay cosas que sólo cura el tiempo. A veces se espera lo inesperado.

Quiero seguir leyendo hasta el final ¿aparecerá Alberto?

Bss
L;)